José María Carrascal

Se acabó lo que se daba

Si invocar al artículo 155 no ha sido fácil, llevarlo a la práctica va a ser un campo de minas

José María Carrascal
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Se acabaron los timos, los trucos, la tolerancia con los tramposos. Se decía que a Rajoy le faltaba valor para declarar el artículo 155. Que, de hacerlo, iba a ser en su mínima expresión: interviniendo sólo a los Mossos y a la Hacienda catalana. ¡Menudo olfato! Rajoy pide el cese de Puigdemont y de su entero gobierno. Deja al Parlament en elemento decorativo al negarle potestad para nombrar president y para convocar elecciones, que él anuncia para cuando «la situación se normalice en Cataluña». Todo lo que se ha tragado durante años, lo ha largado junto. ¿Se atreverán a seguir pintándole en una hamaca fumando un puro mientras el país se hunde? Pues sí. ¡Leña al mono!

Rajoy se ha pasado años aguantando el cachondeo de los analistas y los desplantes de los secesionistas. No sé si por tener mayor capacidad de aguante que la inmensa mayoría de los españoles o porque quiso cargarse de razones. Lo que sé es que, de haber tomado esas medidas cuando los independentistas empezaban a mostrar sus intenciones, la oposición le hubiera arrollado y Sánchez estaría en La Moncloa. Hoy, sólo tiene enfrente a los secesionistas y a la extrema izquierda, o sea, los que buscan acabar con España y su sistema. Mientras él ha logrado reunir el mayor bloque constitucional desde la Transición. Eso solo vale ya todas las angustias que hemos pasado.

Y las que vamos a pasar. Porque si invocar el artículo 155 no ha sido fácil, llevarlo a la práctica va a ser un campo de minas. Empezando por ¿quién echa del palacio de la Generalitat a Puigdemont? Que puede aprovechar los trámites del 155 en el Senado para declarar la independencia invocando la soberanía que ellos mismos se han otorgado saltándose todas las normas y el «referéndum» del «vota como donde te dé la gana». Aunque ahí les espera la querella de la Fiscalía General del Estado ante el Tribunal Superior de Cataluña por un delito de rebelión, que conlleva hasta 30 años de pena.

Los que acusaban a Rajoy de no hacer nada le acusan ahora de pasarse. Cuando los únicos que se han pasado son unos nacionalistas devenidos en secesionistas que, con toda la cara, se han tomado a cachondeo el Estado de derecho en España y humillado al resto de los españoles no una vez sino ciento, quemando su bandera, ofendiendo a sus autoridades y tomándonos por unos tontos a quienes puede engañarse de la forma más burda. Va a resultar que quienes han sido engañados son ellos por sus dirigentes que, como el carterista del chiste, se pone al frente de la manifestación gritando «¡Al ladrón! ¡Al ladrón!». En una Cataluña que se desertiza de empresas, más lejos de Europa que nunca, del brazo de los antisistema ansiosos de comérselos con patatas en cuanto se queden solos, sólo les queda incendiar la calle. Y a la calle se irán.

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