Edurne Uriarte

El 37 por cien

¿Auge de líderes populistas? Inevitable cuando tantos y tantos dedican su tiempo a difundir las nefastas ideas anteriores

Edurne Uriarte
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Ese 37 por cien es un porcentaje que me alegró hace seis meses, al comienzo del presente curso en la Universidad Rey Juan Carlos, porque corresponde a los alumnos de primer curso que levantaron la mano cuando pregunté quiénes deseaban dedicarse algún día a la política. Pocas semanas después, ellos mismos me dijeron que deseaban visitar el Congreso de los Diputados, deseo que realizamos la semana pasada gracias a la organización y recepción de Rafael Simancas, diputado socialista y también profesor colaborador de la Rey Juan Carlos. Habían aprobado ya con excelentes notas mi curso de Introducción a la Ciencia Política, pero allí estaban todos, apasionados por la visita.

Pensé nuevamente que ellos, como todos mis alumnos de Políticas, representan una esperanza para la política porque creen en ella, en sus virtudes, en su importancia, en su necesidad. Y me ratifiqué en mi propósito de introducir en mis clases las enseñanzas sobre esas virtudes de la política y de quienes la practican además de la necesidad de los conocimientos especializados para dedicarse a ella. Algo cada vez más importante en esta época de desprecio y ataques hacia la actividad política y que tanto está contribuyendo al crecimiento del populismo.

Más o menos el día en que mis entusiastas y comprometidos alumnos visitaban el Congreso, leía las declaraciones de un afamado filósofo en las que acusaba a Pablo Iglesias y otros dirigentes de Podemos de "no haber dado un palo al agua" antes de llegar al Congreso. Mi gran discrepancia de las ideas de Iglesias no me impidió sentir un profundo asombro por tal comentario, y no sólo porque al parecer de este filósofo ser profesor es "no dar un palo al agua", sino por ese populista desconocimiento de la actividad política. Que incluye, entre otras cosas, la simpleza de que la política no puede convertirse en una actividad profesional, la barbaridad de que no requiere conocimientos especializados ni experiencia y la maldad de que es practicada por personas sin escrúpulos ni compromiso con ideas y valores.

¿Auge de líderes populistas? Inevitable cuando tantos y tantos dedican su tiempo a difundir las nefastas ideas anteriores. También la irritante descalificación de la política profesional, ese empeño irresponsable en que cualquiera puede aterrizar en una institución política sin tener la más mínima idea sobre política o que cualquiera puede aprender lo necesario en dos o tres tardes. Y no a lo largo de años de lecturas, estudio, activismo, participación en organizaciones y actividades sociales, universidad y pasión por la política, como saben mis alumnos. Como saben igualmente que la actividad política exige sacrificios y elecciones vitales, los que te llevan a dejar una trayectoria o una profesión durante cuatro, ocho o diez años sin saber si podrás volver o cómo te reciclarás, incluso para esos que podrán regresar a la universidad, a ese lugar donde, según el filósofo, "no daban un palo al agua".

Sobre el compromiso y los valores, no hay más que escuchar a mis alumnos año tras año. Desde todas las ideologías, hay algo indudable en casi todos ellos, la pasión por las ideas y la transformación social y la vocación por la política. Algunos se dedicarán a la Administración Pública, a la enseñanza, al periodismo o a la diplomacia, pero si ese 37 por cien entra en una institución política, lo hará por esa pasión y esa vocación. Es lo que les diferencia de la gran mayoría de ciudadanos que no desean ocuparse de la política, esas virtudes especiales y necesarias para la política.

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