Patrimonio inmaterial
Reforma de la Administración Local

Patrimonio inmaterial

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Pionera de la abstracción financiera, movimiento fundado en 2004 a través del seminal manifiesto «El dinero público no es de nadie», Carmen Calvo ha encontrado en el alcalde de Barcelona al inesperado epígono de una escuela de arte y negocios, ligada al aventurismo político de hace una década, que parece seguir teniendo parroquia, inspiración y recorrido. A Xavier Trias, que cobra en metálico y bien, le parece una «abstracción» -eso dijo ayer, con el calentón- que al Gobierno le preocupe lo que gana. Al alcalde de Barcelona, el mejor pagado de España, le asombra que los encargados de hacer números y echar cuentas, gente apagada y de flexos, se metan en algo tan elevado, arte y ensayo, ismo y vanguardia, como los presupuestos municipales, una de la más logradas y transgresoras expresiones de la creatividad del pueblo español, nacido para la ruptura y criado para gastar. ¿En negro? No, en abstracto. Xavier Trias puede estar tranquilo porque, con cuatro dietas y complementos, con la ley o con su trampa, que la hay, se lo va a seguir llevando. Calderilla. El problema lo va a tener para mantener activo el ecosistema de organismos y empresas que, con sus correspondientes directivos y asesores, no solo en Barcelona ha surgido de las mangueras municipales y de lo que el nuevo anteproyecto califica de «competencias impropias». Todo eso, adelanta Cristóbal Montoro, hay que liquidarlo. Ni siquiera el incendio del Museo del Prado, que Dios guarde muchos años, podría llevarse por delante tanta riqueza, patrimonio abstracto, o inmaterial, como dice la Unesco, de España.