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Turismo Blanco
Viaje al país de las nieves
El deporte rey del invierno consigue adeptos año tras año en las estaciones españolas, que rebasan las seis millones de visitas durante la temporada y se superan a sí mismas con servicios renovados y excelentes condiciones. La nieve, para muchos, acaba siendo lo de menos en unos emplazamientos donde otra vida comienza cuando acaba el descenso. El «apresquí» ha terminado por seducir a familias y grupos que se ponen en forma y disfrutan a la par a tres mil metros de altura

Unos seis millones de personas sienten en España la llamada, nada más arrancar el mes de noviembre y caer las primeras nieves, del esquí. Y no es que tengamos cumbres borrascosas, precisamente, o que seamos entusiastas del descenso rápido y los remontes. No. Hay mucho más.

El turismo blanco mueve del sillón a los ávidos de aventura e interminables sesiones deportivas, pero también a los sabedores de que, al colgar los esquís, se despierta un nuevo mundo: el «apresquí», como ya se le ha bautizado, que en la versionada adopción del francés quiere decir «después de esquiar». La montaña aparece entonces revestida de pistas de patinaje artístico, excelente gastronomía, rutas senderistas y turismo cultural y de ocio. Y, por supuesto, cierta dosis de ambiente nocturno. Vamos, que se olvidan en un periquete los cardenales de los trastazos miles que uno se da durante el día.

La noche es joven, también allá arriba en las cumbres.
Las cifras indican que cada vez son más los entusiastas del deporte rey del invierno residentes o no en España, predominando los visitantes al Pirineo (en sus porciones catalana y aragonesa) y Sierra Nevada, que concentran cada una un 25 por ciento del mercado nacional, o sea, más de un millón y medio de hábiles esquiadores durante la última temporada. El cuarto de la tarta que resta se lo reparten la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y el Sistema Central, en torno a Madrid.

En total, 29 estaciones de esquí, que suman 837 kilómetros de pistas balizadas para todos los niveles, 43 rutas con 81 kilómetros de recorridos, 9 «half-pipe» y «snowpark» para la práctica avezada del snowboard, 152 kilómetros de pistas para el esquí de fondo y más de 120.000 plazas hoteleras para acoger a los abrigados deportistas.

Comunicadas y serviciales

Las características que han disparado el éxito de las estaciones españolas dentro y fuera de nuestras fronteras son, sobre todo, las excelentes comunicaciones, infraestructuras y servicios, ya que todas las instalaciones se hallan próximas a capitales importantes o a vías que permiten desplazarse casi desde cualquier lugar. No en vano, durante el último año se invirtieron del orden de 35 millones de euros para implementar nuevas construcciones y satisfacer, por ende, los siempre exigentes requerimientos de los esquiadores para ellos, sus familias y acompañantes. Antes, durante y después de los descensos.

Y atendiendo a los diferentes niveles del aficionado, a sus preferencias y a la peligrosidad de las pistas, en general se diseminan por toda la geografía española estaciones para debutantes, ociosos, expertos y auténticos corredores de fondo. Se pueden englobar, en este sentido, la estación de Baqueira-Beret, en el Pirineo catalán, y Sierra Nevada, en Andalucía, como las de mayor dominio esquiable. A continuación y de nivel medio, se concentran en el Pirineo aragonés las estaciones de Astún-Candanchú, Formigal, Cerler y Panticosa.


Por último y menos visitadas, las restantes estaciones españolas resultan una combinación perfecta para los amantes de la oferta complementaria: quizás la nieve de las estaciones ubicadas en las estribaciones cantábricas no sea la de mayor calidad, pero es seguro que los incomparables parajes de esta plena España verde no dejarán indiferente a nadie. Bien valen las vistas un viajecito hasta la Cordillera.


Nueva modalidad, el esquí social

Desglosando por zonas, La Pinilla, Navacerrada y La Covatilla componen la oferta turística de nieve en torno a la capital española. Cuando se habla de esquí en Madrid, de inmediato se asocia a las dos primeras, y a jornadas de no más de 24 horas. Es lo que podríamos llamar el esquí social, de amigos y familia para pasar un día de asueto a sólo 70 y 112 kilometros de la capital. Por eso, ambas son muy frecuentadas por personas para quienes calzarse los esquís casi es lo de menos.

La tercera de las estaciones, en cambio, es mucho menos conocida, mas extraordinaria para los auténticos amantes de la naturaleza. A 73 kilómetros de Salamanca, se perfila alrededor de La Covatilla la sierra del Béjar, con su inexpugnable variedad y atractivo paisajístico.

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