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El 2006 no es un año cualquiera para Cantabria. Este es
el Año de Cantabria. Es el Año Jubilar Lebaniego,
un evento con el que la región quiere abrir sus puertas al
mundo y dar a conocer, no sólo la trascendencia de celebrar
en su territorio un Año Santo, sino todo el abanico de posibilidades
culturales, turísticas y religiosas que encierra esta tierra
de impresionantes paisajes y contrastes naturales.
«Cantabria 2006. Liébana Tierra de Júbilo»
es el mensaje elegido por el Gobierno regional para que, de una
vez por todas, el Año Santo Lebaniego adquiera la misma proyección
internacional que el Xacobeo gallego o las peregrinaciones a Roma
y Jerusalén. No en vano, el Monasterio de Santo Toribio de
Liébana comparte con estos tres lugares el privilegio de
ser destino de peregrinación. Tan sólo estos cuatro
lugares en el mundo ostentan el honor de otorgar el jubileo a los
peregrinos que recorren el camino.
En el caso de Santo Toribio, el honor le viene dado por ser el
lugar donde se alberga el Lignum Crucis, el trozo más grande
que se conserva de la cruz donde murió Jesucristo. Una reliquia
venerada desde que llegara al Monasterio, en el siglo VIII para
ser preservada de las invasiones musulmanas.
Arropado por los Picos de Europa, en el corazón de Liébana,
en el municipio de Camaleño, el monasterio ha sido, además,
testigo de hitos históricos y centro intelectual y de ebullición
cultural del medievo, siendo su habitante más ilustre Beato
de Liébana, autor de uno de los libros más universales
de la historia «Comentario al Apocalipsis» (obra tan
universal y admirada que fue copiada durante muchos siglos en los
principales monasterios de Italia, Francia y España, dando
lugar a los códices llamados «beatos», treinta
de los cuales han llegado hasta nuestros días).
Llegar, pues hasta la Puerta del Perdón, que se abrirá
el próximo 16 de abril, festividad de Santo Toribio, cumpliendo
la tradición de hacerlo sólo en los años en
los que la fiesta del santo cae en domingo, supone no sólo
la posibilidad de obtener el jubileo, sino también la de
adentrarse en un lugar cargado de leyendas, historia y cultura.
Pero, antes de traspasar la puerta, en su viaje hasta el corazón
de Liébana, una de las comarcas más bellas y sorprendentes
de Cantabria, los centenares de miles de «crucenos»
—así son llamados los peregrinos a Santo Toribio—
tendrán la oportunidad de descubrir un camino cargado de
sensaciones, emociones, paisajes, todo un mundo de experiencias
que enlaza una comarca histórica con sendas espirituales
y culturales que se ramifican por toda Cantabria.
«Al margen de su significación religiosa, este acontecimiento
supone un revulsivo para Cantabria y su proyección mundial».
Vamos a hacer del Año Jubilar Lebaniego 2006, una celebración
única, donde convivan tradición y modernidad. Religión
y cultura. Encuentro de gentes y fiesta. Un acontecimiento con tintes
sociales, culturales, humanos y turísticos. «Vamos
a hacer del Año Jubilar Lebaniego, el Año de Cantabria»,
comenta el consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Francisco Javier
López Marcano.
Para ello, el departamento de López Marcano ha elaborado
un amplio programa de actividades que darán contenido y color
al Año Santo, convirtiendo toda la Comunidad en un reclamo
turístico y cultural. Más de un centenar de actividades
entre conferencias, exposiciones, encuentros científicos,
conciertos y representaciones escénicas se sucederán
a lo largo de 2006 en torno a esta celebración.
Más de 300 pueblos con encanto
El Monasterio de Santo Toribio de Liébana está ubicado
en la comarca de Liébana, a 3 kilómetros de su capital
Potes, en un valle rodeado por varios macizos montañosos
con picos de más de 2.600 metros de altitud, un espacio natural
protegido, integrado en la Reserva Nacional de Caza de Saja y el
Parque Nacional de Picos de Europa.
Se trata de un valle singular delimitado por la Cordillera Cantábrica,
que en esa zona alcanza sus mayores alturas excediendo los 2.500
metros, y los Picos de Europa, un extenso bloque de caliza único
en España, y que en sus cotas más altas supera los
2.600 metros.
Para acceder a Liébana desde la meseta, hay que rodear las
montañas, a través de los puertos de San Glorio y
Piedras Luengas; el acceso desde el mar se hace a través
de la profunda garganta del río Deva, el impresionante Desfiladero
de la Hermida, un sinuoso camino entre paredes casi verticales de
más de veinte kilómetros.
La comarca es un ejemplo de desarrollo del turismo rural interior
que ha sabido conservar sus núcleos de población con
un estilo arquitectónico popular muy definido, marcado por
el importante papel estructural y ornamental de la madera de roble
y la piedra caliza.
Liébana está dividida en cuatro valles, La Vega, Camaleño,
Pesaguero y Cillorigo en los que se diseminan 365 pueblos y aldeas.
El valle más poblado es el de Camaleño, en cuyo extremo
superior se encuentra Fuente Dé, donde un teleférico
salva casi mil metros de desnivel hasta el mirador del Cable, visita
obligada para cualquiera que quiera sentir de cerca la grandiosidad
de los Picos de Europa.
El patrimonio histórico-artístico de Liébana
cuenta con elementos de gran interés, como la iglesia mozárabe
de Lebeña, del siglo X, y el monasterio románico de
Piasca, del siglo XI, además del Monasterio de Santo Toribio.
A todo ello hay que unir una rica muestra gastronómica que
adquiere su máxima expresión en el cocido lebaniego
(hecho con garbanzos) y el famoso orujo.
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