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Volcanes, viñedos y laurisilva son algunos de esos encantos
del Archipiélago canario que lo hacen diferente del resto
de destinos turísticos del mundo. Las Islas están
llenas de rincones paradisíacos en los que apenas se nota
la mano del hombre y donde la naturaleza se convierte en la única
protagonista junto a un cálido silencio.
Un ejemplo podría ser el valle del Golfo, en la isla de
El Hierro, la más pequeña de las siete islas, con
apenas 278 kilómetros cuadrados de superficie. Allí,
el silencio deja que el paisaje tome las riendas y sea el auténtico
protagonista. Pero en la más occidental del Archipiélago
y por donde cruzaba el meridiano cero y viven los lagartos gigantes
de Salmor, también se puede disfrutar de un fondo marino
de gran riqueza.
En el Mar de Las Calmas, donde el Atlántico permanece en
inmóvil la mayor parte del año, de ahí su nombre,
y que fue declarado Reserva Marina, se puede disfrutar de gran cantidad
de cuevas, arcos y tubos volcánicos con abundante cobertura
vegetal, por lo que bucear entre sus recovecos es un placer sin
igual.
En la superficie
En Canarias no sólo hay volcanes en el fondo del mar, también
sobre él. Así, en Lanzarote, sus trescientos volcanes,
ya extinguidos, han transformado el paisaje y le han dado a la isla
un toque lunar, salpicado de camellos y viñedos. En la más
oriental de las islas, el hombre ha sabido dominar la naturaleza
y retener la humedad de la noche a través de originales sistemas
de cultivo. En La Geria se puede, por ello, apreciar un tradicional
paisaje agrario, donde los agricultores han vencido la dureza y
aridez del terreno para obtener exclusivos caldos.
El hombre también ha sabido crear obras de arte. En Santa
Cruz de La Palma, en la isla de La Palma, las fachadas se dibujan
con típicos balcones dobles que miran hacia el océano,
cuyas olas rompen sin cesar a lo largo de la avenida marítima.
Las casas aquí tienen esquema portugués, es decir
son estrechas y altas y están coloreadas con tonos tradicionales.
De igual forma, San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife,
es el primer ejemplo de urbe no fortificada, concebida y construida
en el siglo XVI. Además, es precedente de las nuevas ciudades
del continente americano y su centro histórico ha permanecido
intacto desde su creación. Así, casi seiscientos edificios
de arquitectura mudéjar visten de magia la ciudad.
Lo mágico también está presente en los bosques
de laurisilva en La Gomera. La niebla envuelve los frondosos laureles
y cobija un gran número de especies animales y vegetales
endémicas. Este tipo de bosques huyeron del frío europeo
hace millones de años, por lo que su valor es incalculable.
Lejos del rigor invernal del Viejo Continente se encuentra Tejeda,
en el interior de Gran Canaria, colocado al borde de la ladera de
un cráter que posee innumerables restos arqueológicos
como tumbas, pinturas y grabados en piedra; y es una muestra más
de la paz idílica que se vive en Canarias, donde no todo
es sol y playa.
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