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Hablar de este archipiélago compuesto por cinco islas: Mallorca,
Menorca, Ibiza, Fomentera y Cabrera, es hablar de sol y playa, pero
lejos de ser estos los únicos atractivos del antiguo Mare
Nostrum sus bellísimos paisajes, una amplísima oferta
cultural o las múltiples posibilidades de ocio o relax constituyen
un imán para los viajeros de todo el planeta.
El archipiélago se ha convertido en un emporio turístico
y principal destino del Mediterráneo occidental. Su excelente
combinación de elegantes centros de veraneo, calas y playas,
y los interesantes parajes que ocultan los interiores de cada isla,
hacen difícil no quedarse para siempre.
Dejando a un lado la típica conjunción por la que
son de sobra conocidas, sus peculiares atractivos tiñen cada
uno de los islotes de una personalidad autóctona. Las Gimnesias:
Mallorca, Dama del Mediterráneo; Menorca, Isla del viento;
Cabrera, Naturaleza virgen, o las Pitiusas: Ibiza, Isla Blanca y
Fomentera, Paraíso Pitiusa, combinan todo con lo que uno
puede soñar.
Dama del Mediterráneo
Los primeros turistas empezaron a llegar a la isla a principios
de los años veinte y, hasta la guerra civil, fue creciendo
en ella un turismo selectivo, especialmente de intelectuales y artistas.
Hasta hace muy poco, decir por el mundo el nombre de Mallorca podía
generar únicamente una imagen asociada a un clima muy agradecido
y a una costa de arena blanca y finísima. La mayoría
de los visitantes se limitan a un pequeño espacio que rodea
a la playa y olvidan que, aparte de una bellísima costa,
Mallorca ofrece maravillosos paisajes y tesoros entre sus llanuras
y montañas que merece la pena conocer. Así las excursiones
por la misma muestran una riqueza de contrastes inimaginables.
Mucho antes de conocer las playas se encuentran una infinidad
de monumentos, edificios notables, museos, galerías de arte
y la literatura de Mallorca, que se unen a la Palma monumental:
Catedral, Castillo de Bellver, Palacio Real, Sa Llotja o el Gran
Hotel, y se completan con monasterios, torres de defensa, claustros
o iglesias que configuran la geografía de los cincuenta y
dos pueblos de Mallorca.
La isla más próxima es Cabrera que, junto a otros
pequeños islotes que componen este paraíso, fueron
declarados en 1991 Parque Natural Marítimo y Terrestre. Uno
de sus mayores atractivos es, sin duda, el gran valor
Fácil de recorrer durante unas vacaciones, la isla de Menorca
ofrece como alternativa, a las playas de arena blanca y fina de
su costa sur, un importante patrimonio cultural que la convierte
en el mejor museo arqueológico al aire libre, no se pueden
dejar de visitar sus majestuosas taulas, navetas y talaiots prehistóricos
que dan fe de su pasado y son hoy la mejor muestra de su identidad.
Y si se trata de equipararse con el resto de islotes que forman
las Baleares, tampoco le falta la arena de una playa.
Las Pitiusas
A su arquitectura blanca debe Ibiza el sobrenombre de isla Blanca,
un centro cosmopolita y risueño de gran atractivo turístico
fiel a la cultura hippie y las playas nudistas que le dieron fama.
Ibiza capital se presenta como un nacimiento de casas blancas apiñadas
a la falda de una montaña. En su cumbre la perdición
del viajero una cantidad extraordinaria de tiendas y puestecillos
donde se vende de todo y hasta altas horas de la noche. Si alguna
vez has visitado algún sitio donde no es necesario que te
den pistas de donde encontrar la vida nocturna, seguramente será
Ibiza. Aquí hay que tomarse la vida fácil y disfrutarla,
que es al fin y al cabo por lo que Ibiza fue famosa durante décadas.
Por último, se encuentra la isla de Formentera donde si hay
algo que sea realmente característico son sus playas. La
costa de esta isla está sembrada de algunas de las mejores
playas de Europa, como lo confirman los miles de turistas que cada
verano desfrutan de sus aguas. La evolución del turismo ha
permitido que sea posible pasar todo el día en la playa sin
tener que salir de ella: restaurantes, hamacas, sombrillas, deportes
acuáticos..., todo lo necesario y más, para disfrutar
al sol de estas playas.
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