Crítica de «Hércules. El origen de la leyenda» (**): Pectorales y mucho cartón piedra

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Si recuerdan aquellos péplums de espadas, sandalias, decorados de cartón y tipos musculosos en el circo romano de turno, sabrán que solían ser actores italianos muy inflados de anabolizantes (o similares), recitando frases sin guión y con historias simples que solo intentaban ofrecer algo divertido y entretenido en un día cualquiera de lluvia. Aquello pereció ante la grandiosidad de Gladiator o la originalidad técnica y estética de 300, puestas en escena de épocas míticas y heroicas pero con una enjundia más que seria.

Bien, este Hércules. El origen de la leyenda nos retrae al pasado. Pectorales que se mueven solos y mazas para dar y tomar. Además, aquí hacen trampas: si el héroe está en un callejón sin salida, llega papá Zeus y le da rayos para dar y tomar. Así no vale. El resto ya se sabe: de usar y tirar. En breve, en junio, llegará otro Hércules, el de Dwayne The Rock Johnson, que parece que tendrá más agarraderas que este movimientos de masas musculares. Si al menos no se lo hubiesen tomado en serio nosotros tampoco. Pero que va, Harlin ha querido ir de trascendente, así que nosotros también. Harlin: vete al cine, pero a otro.

Calificación: **