¿Cómo se consigue pescado en una zona árida?

Unos pequeños peces que viven en libertad, de crecimiento rápido, podrían convertirse en aliados cruciales en la carrera para acabar con el hambre en algunas de las regiones con mayor pobreza y subalimentación crónica del mundo

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«Los peces son increíblemente productivos cuando las condiciones son adecuadas», afirma Jeppe Kolding, profesor de biología en la Universidad de Bergen (Noruega) y autor principal del estudio de la FAO: «Pesca en las zonas áridas de África subsahariana». Su capacidad para poner huevos, dice «les hace parecerse más a los insectos que a otros vertebrados».

La mitad de África subsahariana se compone de zonas áridas

La producción de la pesca en zonas áridas fluctúa debido a las pautas del clima -principalmente la escasez y el carácter errático de las lluvias-. Pero su potencial productivo es muy elevado en las masas de agua de menor tamaño, que en ocasiones aparecen sólo una vez cada década, aunque pueden llegar a producir hasta 150 kilogramos de pescado por hectárea al año. En su conjunto, estos pequeños cuerpos de agua cubren un área mucho más grande que los lagos y embalses de la región subsahariana. Si se gestionan de forma adecuada, solamente en el África austral, estos espacios podrían producir 1,25 millones de toneladas de pescado: la mitad del rendimiento total registrado en la pesca continental de todo el continente, señala el documento.

Los peces vienen con las lluvias

La mitad de África subsahariana se compone de zonas áridas, donde el agua superficial fluctúa enormemente y los ecosistemas se adaptan a lluvias impredecibles.

De hecho, el lago Ngami en Botswana y el lago Liambezi en Namibia estuvieron secos durante más de dos décadas y hoy se caracterizan por un elevado rendimiento de pescado. La pesca en zonas áridas -por definición muy variable- puede producir hasta cuatro veces la cantidad de pescado que un gran lago o embalse tropical, según el informe.

No llega a entenderse del todo cómo sobreviven los peces a estos drásticos cambios en el hábitat: el embalse de Khasm el-Girba, en Sudán, se seca cada año, pero los peces siempre aparecen de nuevo. El bagre africano (Clarias gariepinus) puede sobrevivir enterrándose en el lodo, mientras que otras especies encuentran refugio en pequeños arroyos cercanos. Se trata en ambos casos de estrategias que, gracias a los altibajos demográficos que conlleva la fecundidad del pescado, se ajustan al dicho común local de que «los peces vienen con las lluvias».

«Aunque el sector de la pesca en pequeña escala es, a menudo, desatendido por los responsables de las políticas e incluso despreciado por su incapacidad para generar riqueza», opina Kolding, «puede ser muy eficaz como un recurso amortiguador en caso de necesidad». Cuando se combina con actividades agrícolas y ganaderas permite contar con medios de subsistencia resilientes y diversificados en un entorno impredecible, aseguran los autores.