El Ártico alberga el 30 % de las reservas de gas no descubiertas y el 13 % de las de petróleo, según la Inspección Geológica de EE.UU.
El Ártico alberga el 30 % de las reservas de gas no descubiertas y el 13 % de las de petróleo, según la Inspección Geológica de EE.UU. - ABC

Los combustibles fósiles del Ártico se quedarán bajo tierra

Extraer gas y petróleo del Polo Norte «no va ser rentable, especialmente cuando existen energías más limpias, accesibles, baratas y democráticas», explica el subdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos

Actualizado:

La mayoría de combustibles fósiles que alberga el Ártico -el 30% de las reservas de gas no descubiertas y el 13% de las de petróleo, según la Inspección Geológica de EE.UU.- «se quedarán bajo tierra», sostiene el subdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), Ignacio García Sánchez.

En una entrevista con Efe previa a su conferencia «La fiebre del Ártico. La geopolítica del Polo Norte», pronunciada esta semana en un ciclo de charlas que está dedicando a esta materia la Sociedad Geográfica Española, García Sánchez subraya que «todo apunta a que la era basada en la energía fósil va a terminar, y entraremos en una nueva dominada por las renovables».

«Igual que de la edad de piedra pasamos a la del oro dejando muchas piedras en el camino, pasaremos de la era del petróleo a la de las renovables dejando mucho crudo en el fondo de la tierra, incluyendo el que hay en el Ártico», indica el militar, quien ha ostentado importantes puestos de responsabilidad internacional en la OTAN.

A juicio del subdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE-CESEDEN), «el coste de sacar crudo y gas del Ártico sería muy grande, ya que es un lugar muy complicado, donde la extracción presenta muchas dificultades». «Hablamos de costes elevados en seguridad, para evitar un desastre medioambiental, y en aseguradoras, que exigen primas muy altas para navegar por esta zona», continúa.

Buscando la rentabilidad

Sacar gas y petróleo del Ártico «no va ser rentable, especialmente cuando se ha abierto un panorama de energías más limpias, accesibles, baratas e incluso más democráticas, como son las renovables», dice contundente García Sánchez. «De esto se han dado cuenta ya de una manera u otra todos los países, Noruega acaba de abrir una comisión de estudio sobre su modelo energético en la que da por sentado que no va a sacar todo el hidrocarburo del que dispone y que tiene que diversificar su Producto Interior Bruto generando otro tipo de riqueza», detalla.

«En el caso de China, su gran desafío es la contestación social existente a la contaminación atmosférica. La calidad del aire va a ser un elemento clave a la hora de que el gigante asiático decida dónde invertir», agrega. En este contexto, García Sánchez cree que a España «le convienen especialmente las renovables, en tanto que nunca ha sido un país poseedor de recursos fósiles, y sin embargo es rico en sol y en viento».

Las renovables son energías más limpias, accesibles, baratas y democráticas

Al tiempo que determina que «los recursos fósiles no van a ser un elemento de disputa en el Ártico», opina que sí lo pueden ser las actitudes de los líderes políticos de los países ribereños, entre los que cita explícitamente a los presidentes estadounidense y ruso, Donald Trump y Vladímir Putin, respectivamente. «Si surge algún tipo de problema en la zona, los líderes políticos pueden tomar dos decisiones, intentar arreglar la situación o usar el Ártico como un elemento que distraiga la atención para que la sociedad evite fijarse en otro tipo de cosas», afirma.

En ese sentido, el experto considera que sería fundamental «un tratado internacional de cooperación» para «evitar cualquier disputa u otro elemento volátil que se pueda ir de las manos en el Ártico y producir un conflicto en una zona tan vital y sensible».

«Estamos ante un punto del planeta donde se están produciendo alteraciones impresionantes debido al cambio climático, donde todo lo que ocurra allí será fundamental para el resto, que la situación requiere de cordura y de hacer un esfuerzo internacional por la cooperación científica», insiste.

«Analizar lo que ocurre en el Ártico para anticiparnos a posibles problemas es fundamental», concluye el militar, quien reconoce, no obstante, que los cinco países ribereños de la región -Estados Unidos, Canadá, Dinamarca, Noruega y Rusia- «no quieren porque piensan que es su territorio y son soberanos».