Tapir andino
Tapir andino - Juan Pratginestos / WWF
PERÚ

El resurgir del tapir andino, de especie olvidada a protagonista de una moneda

La población de este «fósil viviente» y «arquitecto del ecosistema» podría disminuir en más de un 50% en las próximas décadas

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Entre los 1.400 y 4.800 metros de altitud habita un peculiar mamífero. Su pelaje es grueso y de color cobrizo. Posee un extraordinario hocico, fruto de más de 55 millones de años de evolución; cuando su ancestro todavía caminaba por los pantanos y bosques húmedos del norte de América y de Europa. Pero decidió aventurarse hacia el sur hace tres millones de años, y ya se quedó para siempre en los bosques de neblina y páramos de los Andes de Colombia, Ecuador y el norte del Perú. Así describe la organización WWF la figura e historia del tapir andino.

El singular tapir andino ha suscitado misticismos y miedos infundados a los humanos, provocando que esté en peligro de extinción, asegura WWF en una nota. La Ong estima que su población, de hecho, podría disminuir en más de un 50% en las próximas décadas si no se adopten las acciones de conservación necesarias. «Hoy, este mamífero, hasta hace poco condenado al olvido, ha recobrado su protagonismo en las monedas peruanas de un sol», se congratulan desde WWF.

Si nos remontáramos 20 millones de años atrás en el tiempo, el tapir andino (Tapirus pinchaque) de entonces luciría prácticamente como el actual, corroboran desde la organización. «Este superviviente es casi un «fósil viviente», memoria de tiempos antiguos», aseguran. Su verdadero nombre deriva del latín Turpi («falta»), mientras que «pinchaque» alude a una criatura mítica que ocupaba las regiones andinas. Sin embargo, el tapir andino es tristemente conocido por algunos lugareños como «bestia negra» por su gran tamaño: su peso oscila entre los 150 y 250 kilos y mide más de un metro de altura. Pero es inofensivo y se alimenta de arbustos y pastos, subrayan desde WWF.

La caza furtiva destinada al comercio de su carne o al uso del animal en medicina tradicional, así como la destrucción de su hábitat, como consecuencia de la deforestación practicada para el desarrollo de la agricultura, ganadería o minería, han mermado las poblaciones de tapir andino, documentándose menos de 2.500 ejemplares dentro de un rango de distribución de 3.000 kilómetros cuadrados de hábitat disponible. En Perú, en concreto, se contabilizan menos de 400 individuos.

«El tapir de montaña cumple un rol importante como "arquitecto" del bosque, dispersando semillas y comiendo brotes frescos de plantas. De no existir, el ecosistema de páramo y bosque montano perdería una especie clave en su mantenimiento. Y esto, a su vez, afectaría a las poblaciones humanas que dependen de los servicios ecosistémicos que provee el bosque, como la provisión de agua», manifiesta José Luis Mena, director de Ciencias de WWF Perú.

Desde el 2014, el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado de Perú y WWF trabajan en un programa para la conservación de la especie, estudiando sus amenazas y la importancia que cumple dentro del Santuario Nacional Tabaconas Namballe. El último esfuerzo para visibilizar el peligro que corre el tapir andino ha venido de la mano de un actor «inesperado»: el Banco Central de Reserva ha acuñado la nueva moneda de un sol peruano con su imagen.