El próspero futuro de las águilas de Bonelli en España gracias a sus «ángeles de la guarda»
El próspero futuro de las águilas de Bonelli en España gracias a sus «ángeles de la guarda» - GREFA
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El próspero futuro de las águilas de Bonelli en España gracias a sus «ángeles de la guarda»

Un equipo vigila las 24 horas a esta especie amenazada para que repueble la península Ibérica a través del proyecto europeo AQUILA a-Life. Durante los meses de mayo-junio una treintena de estas aves serán liberadas

MADRIDActualizado:

Las águilas de Bonelli (Aquila fasciata), también conocidas como águilas perdiceras, regresan a la península Ibérica. Gracias al proyecto AQUILA a-Life, que coordina el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (Grefa) con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, una de las especies más amenazadas del planeta volverá a sobrevolar el cielo como hacía antaño, antes de que la caza y los tendidos eléctricos se convirtieran en su peor enemigo. Una treintena de ejemplares serán reintroducidos esta primavera en varias zonas de España e Italia que, desgraciadamente, tienen poblaciones muy reducidas de esta especie o incluso ya extintas.

La esperanza de la efectividad de este trabajo se traduce en dos nombres: Haza y Bélmez, la primera pareja reproductora desde los años 90 en la Sierra Oeste de Madrid, momento en el que desapareció prácticamente esta especie de la zona. Los ejemplares nacieron en Jaén y fueron trasladados con muy corta edad a la capital para aplicar el método de crianza con el que se consigue que al desarrollarse allí se crean que nacieron en este territorio. Por eso, buscando un lugar seguro para la puesta, acudieron al supuesto emplazamiento que los vio dar sus primeros vuelos: la Sierra Oeste.

«Es un paso muy grande», sostiene el responsable de la liberación en la zona oeste, Juanjo Iglesias. Lo cierto es que él tiene una cierta predilección por esta pareja porque es uno de los «protectores» que vigilan a Haza y Bélmez las 24 horas del día para asegurarse de que están a salvo. «Cuando estaban incubando esta primavera y ha estado lloviendo, nevando… no paré de despertarme por la noche en cada tormenta preguntándome: ¿Estarán incubando bien?», recuerda Iglesias. Desafortunadamente estos huevos no nacieron y se les introdujo un polluelo criado en cautividad en las instalaciones de Grefa. No obstante, una noche, cuando el pollo cumplió 40 días, un búho real lo cazó. «Fue muy duro para todos nosotros, pero es un hecho natural», lamenta Iglesias. Aunque, esta puesta significa un punto de inflexión para el proyecto porque seguramente el año próximo esta pareja vuelva a reproducirse.

Todo este proceso es el que se espera que se repita con el resto de águilas de Bonelli liberadas: seis este año en Madrid y más de 100 en el total de territorios, como Baleares, Navarra y Álava desde 2017, año en el que comenzó AQUILA a-Life, explica Iglesias. «El mes que viene se liberarán también en Cerdeña», puntualiza. Un área en el que la especie está totalmente extinta. «Las islas son escenarios muy gratos para trabajar con reproducciones, todos los animales que se liberen se van a quedar allí; no se van a dispersar como en la península», afirma el responsable.

Andalucía, un lugar de referencia

La mitad de los ejemplares que serán reintroducidos esta temporada, entre los meses de mayo y junio, proceden de dos centro de cría en cautividad de la especie; uno de ellos lo gestiona Grefa en Majadahonda (Madrid) y el otro lo dirige el especialista Christian Pacteau, de la entidad UPCS-LPO, en Vendée (Francia). En cuanto al resto, la mayoría viene de Andalucía, donde reside una de las poblaciones mejor conservadas de Europa y una pequeña parte corresponde a diversos centros de recuperación de fauna salvaje, donde han sido rehabilitadas tras ingresar por problemas que le impedían su vida en libertad.

Las aves que son reintroducidas en el nuevo proyecto europeo, que estará vigente hasta 2020, por lo general son pollos de entre 45 y 60 días de edad. Y al igual que Haza y Bélmez, no son liberados previamente sino que son emplazados a una instalación de aclimatación que simula a un nido. «Tenemos un vínculo emocional muy fuerte con todas las aves, porque son nuestro tesoro, dependen de nosotros y nosotros emocionalmente dependemos de ellas», explica Iglesias. A pesar de tener los ojos puestos sobre ellas, las águilas nunca los ven, el contacto es indirecto. A través de unos tubos les llega el alimento y así es el modo en el que van creciendo, desarrollando sus plumas, aprendiendo a volar, a cazar...

Águilas de Bonelli liberadas junto a jaulón de aclimatación
Águilas de Bonelli liberadas junto a jaulón de aclimatación - GREFA

Una vez que ya surcan el cielo y para continuar su seguimiento, gracias a la asistencia técnica del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, los ejemplares viajan con emisores GPS que mandan información «cada 5 minutos» para saber si están en peligro e ir a ayudarlos inmediatamente si es necesario. Así que siempre contarán con sus «ángeles de la guarda», que les protegerán desde la distancia aunque estén lejos de las instalaciones. Horas y horas de trabajo para conseguir que lo que destruyó el ser humano en la naturaleza vuelva. «Nuestro deber ético es conservar todo lo que ha llegado hasta nuestros días e incluso mejorarlo», indica Iglesias. Eso sí, siempre que no sea demasiado tarde.