Águila imperial
Águila imperial - WILDMED

«El próximo siglo puede que no queden árboles en Sierra Morena»

Alerta el biólogo y documentalista Arturo Menor, que teme por el futuro del «mejor bosque mediterráneo del mundo»

Actualizado:

Si hay un paraje representativo de la dehesa de Sierra Morena, ese es el de las cascadas del Huéznar, al menos para la atenta y experimentada mirada de Arturo Menor (Talavera de la Reina, 1970). Le atrae la belleza de este bosque de ribera con grandes alisedas y agua durante todo el año, incluido el verano, gracias a que en la cabecera de este río «hay un macizo calizo, una gran cisterna natural, que acumula agua en la época de lluvia y la libera el resto del año».

Este biólogo ha querido desde siempre dedicarse a lo que hace ahora: documentales. Su infancia transcurrió en un pueblo de 250 habitantes, donde podía estar todo el día en contacto con la naturaleza, observando lagartijas y nidos. Entre sus primeros recuerdos destaca los libros de animales que le gustaba hojear ya antes de saber leer. Con la serie «El hombre y la tierra», de Félix Rodríguez de la Fuente, quedó fascinado y con quince años fundó la agrupación naturalista Esparavel, una de las principales en Castilla-La Mancha.

«Mi relación con la naturaleza es más artística que científica»Aún así necesitó un «empujón» paterno para matricularse en la Universidad y seguir su «natural» inclinación. «Estudié Biología porque es difícil convencer a tu padre, empeñado en que seas un hombre de provecho, de que quieres hacer documentales», explica. Así que en el 89 se fue a Córdoba a Estudiar Biología y Zoología, que completó con una estancia en el departamento de Biología animal, con el etólogo Luis Arias.

Después volvió a Talavera. Mientras trabajaba en una empresa familiar, iba materializando su sueño de ser documentalista. Pero, en 2001, Sierra Morena se interpuso en su camino. Le contrataron como especialista en conservación de especies amenazadas en el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, aunque no lo había solicitado: «Tengo un currículum raro. La gente suele ser experta en una especie concreta o un grupo, pero yo, por circunstancias, conocía bien varias especies amenazadas: rapaces, carnívoros, peces, murciélagos... El trabajo era muy interesante y acepté», explica.

Se trasladó a Sevilla y allí estuvo hasta 2008, alimentando una pasión creciente por Sierra Morena, cuando por efecto de la crisis su vida dio otro giro. «Para mi fue estupendo quedarme sin trabajo. Capitalicé la prestación del paro y con ese dinero, una subvención y lo que tenía ahorrado terminé de montar la empresa que había dejado a medias en 2001: compré cámaras de alta definición, trípodes...». Sus aficiones también fueron útiles a la hora de cumplir su sueño: «Siempre me ha gustado mucho la pintura y he hecho fotografía. Y ese bagaje, junto con mis conocimientos de biólogo, al mezclarlo en la “coctelera”, dieron esto».

«Esto», es una palabra muy corta para dar cuenta de su trayectoria. Vinculado profesionalmente a la empresa sevillana Acajú Comunicación Ambiental, este investigador de la Universidad de Huelva ha visto sus documentales proyectados en prestigiosos festivales de todo el mundo. Entre sus trabajos cabe mencionar «Amigas del aire», Premio de la Fundación Biodiversidad al mejor cortometraje en 2011. Ahora dirige una serie de diez capítulos sobre el lince ibérico, dentro del programa «LIFE Iberlince», de conservación de esta especie.

Buenos vecinos

«Wilmed, el último bosque mediterráneo», sobre la diversidad de Sierra Morena, es su útlima producción. «Una llamada de atención sobre los peligros que se ciernen sobre este bosque único, el mejor bosque mediterráneo del mundo. Eso es lo que quiero contar en la película», explica. Y es que esta Reserva de la Biosfera ofrece un gradiente de vegetación que va desde los acebuchales con palmitos del piedemonte, a 70 metros sobre el mar, a los robledales de su techo, situado a 1.333 metros, en La Bañuela (Ciudad Real). Y entre ambos extremos se pueden encontrar otras formaciones típicamente mediterráneas, como encinares, alcornocales o quejigares, explica Arturo.

El ser humano es parte fundamental de Sierra Morena«Sierra Morena tiene otra particularidad: los macizos calizos que hacen que ríos como el Huéznar tengan agua todo el verano. Esto permite unos bosques de ribera bien conservados y frondosos». Además, un bosque tan diverso es soporte inigualable para una fauna importante: «Es el único sitio del mundo donde conviven el lobo, el lince y el águila imperial, aparte del buitre negro y la cigüeña negra», las joyas más amenazadas de nuestra fauna ibérica. Sin embargo, advierte, «si sigue la tendencia actual, dentro de 150 años puede que no quede ningún árbol en Sierra Morena», se lamenta.

Y explica los motivos: «Se están secando los árboles». La llamada «seca de la encina» afecta a también a alcornoques y robles. «No es una enfermedad concreta, sino un proceso con varios factores actuando conjuntamente. Por un lado, la temperatura media ha subido en el último siglo. Los periodos de sequía entre las lluvias de primavera y otoño cada vez son más largos, lo que supone un estrés hídrico que debilita a los árboles». Y luego vienen los hongos, unos oportunistas que arraigan fácilmente, igual que los insectos xilófagos, comedores de madera. «Pero casi todo el mal de la seca viene del ser humano, por una gestión inadecuada».

Crowdfunding

Y es que, explica, cuando se podan los árboles no se desinfectan las herramientas, y los hongos se expanden muy deprisa a través de hachas y motosierras. «Los árboles infectados, un porcentaje ya muy alto, mueren en 20 o 30 años». Y la regeneración es difícil debido a la gran carga de ungulados (ciervos y jabalíes), «como nunca», que se comen bellotas y plantones. De ahí que este bosque pueda tener los días contados.

Para dar a conocer esta situación Arturo ha tenido que recurrir al micromecenazgo, después de dos años de trabajo, para terminar la postproducción de «Wildmed». Les faltan 6.000 euros que esperan conseguir mediante la venta anticipada del DVD y las entradas del preestreno (www.wildmed.tv). Tal vez el documental pueda servir de aldabonazo para salvar este bosque, del que el ser humano ha sido y es parte fundamental.

Para eso, defiende Arturo, hay que seguir los usos tradicionales, que ahora se han mecanizado. «Mi abuelo labraba la dehesa con mula y arado. Y si encontraba las raíces de una encina, las rodeaba. Ahora con el uso del tractor, se arrasan. Las podas con hacha eran entonces una labor dura, y por eso limitadas. Ahora la motosierra va mucho más rápido y sin esfuerzo». Apunta que para salvar este bosque tal vez bastaría con cercar algunas parcelas, para impedir el acceso a jabalíes y ciervos, que impiden que las simientes de Sierra Morena se perpetúen.