CAMBIO CLIMATICO

Adaptarse o morir

El fracaso en la reducción de emisiones hace que muchos expertos hablen ya cómo convivir con el cambio climático

Día 15/12/2012 - 00.39h

Cuando el huracán Sandy golpeó la costa estadounidense, millones de neoyorquinos volvieron de golpe al siglo XIX. La parte sur de Manhattan quedó a oscuras después de que el sistema eléctrico quedara inutilizado. El metro se cerró, con lo que muchos residentes se vieron obligados a atravesar la isla a pie, y el suministro de agua en algunas zonas de la ciudad se vio contaminado.

El mayor huracán del Atlántico en los registros ha servido de desgraciado recordatorio de lo mal preparados que estamos ante eventos climáticos extremos, incluso en los países más ricos. Algunos desastres climáticos recientes han sido atribuidos, al menos en parte, a la actividad humana, incluida la ola de calor que afectó a Europa en 2003 y las inundaciones del año 2000 en Inglaterra. Según el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), las tormentas, las inundaciones y las sequías golpearán con mayor frecuencia y con mayor fuerza a medida que la temperatura vaya aumentando. Entonces, si ya estamos enfrentando con dificultad estos devastadores efectos, ¿cómo nos las arreglaremos en un futuro que se presume más cálido y más duro?

Hace solo una década «adaptación» era una palabra fea, incluso innombrable, en la arena climática, pues suponía una insinuación a que los países podían seguir emitiendo como hasta el momento y lidiar con el problema más tarde. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero están aumentando a un ritmo sin precedentes y los países han fallado estrepitosamente en negociar un digno sucesor al protocolo de Kioto de lucha contra el cambio climático. La cruda realidad está forzando a los investigadores y a los políticos a explorar nuevas vías para enfrentar algunos de estos cambios inevitables.

«A medida que el progreso en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero se ha reducido en la mayoría de los países, se ha producido un giro hacia la adaptación», dice a la revista NatureJon Barnett, profesor de geografía política en la Universidad de Melbourne (Australia). Y lo cierto es que cada vez son más las voces que hablan de adaptación, dando por sentado, por tanto, que el cambio climático está detrás de estos eventos extremos que están ocurriendo.

Hace dos veranos, tras la sucesión de una serie de episodios «sin precedentes» -temperaturas de récord en Rusia, inundaciones en India, Pakistán y China, sequías severas en el África subsahariana, lluvias torrenciales en Estados Unidos, sequía en Australia, olas de frío en Argentina y Bolivia y hasta el desprendimiento en Groenlandia de un iceberg cuatro veces mayor que Manhattan-, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) reconoció por primera vez que «la secuencia de estos eventos casa con las proyecciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de eventos climáticos extremos más frecuentes e intensos debidos al cambio climático». Era la primera vez que lo reconocía de forma tan tajante, pues hasta ese momento los científicos se habían mostrado siempre reacios a relacionar de manera tan directa desastres puntuales con el calentamiento global.

«Ante nuestros ojos»

Y hace unas semanas el secretario general de la OMM, Michel Jarraud, fue muy gráfico al asegurar durante la presentación del Estado Mundial del Clima 2012 que «el cambio climático está teniendo lugar ante nuestros ojos». Prueba de ello es que, según recoge el citado informe, durante este año que está a punto de terminar los eventos climáticos extremos afectaron a muchas partes del mundo y, sobre todo, al hemisferio norte. El más llamativo de todos fue el récord a la baja que marcó la extensión del hielo marino en el Ártico a final del verano, un 18% menor que el anterior mínimo, registrado en 2007.

Pero eso fue solo la punta del iceberg, según la OMM, pues el año se caracterizó por una sucesión de episodios adversos, como olas de calor, las más importantes entre marzo y mayo en Norteamérica y Europa, mientras que Rusia sufría el segundo verano más cálido de su historia después del de 2010; la sequía que afectó a dos tercios de Estados Unidos; las inundaciones en África occidental y el Sahel a causa de un monzón más activo o las lluvias más abundantes en el sur de China en más de 30 años, o la activa temporada de huracanes en el Atlántico, siendo Sandy el más destructivo.

El calor, el enemigo silencioso

El calor es considerado en muchas ocasiones menos peligroso que las inundaciones, pero algunas de las consecuencias más serias del cambio climático van a estar relacionadas con unas temperaturas más altas. Durante la ola de calor que afectó a Europa en el verano de 2003, las temperaturas alcanzaron niveles máximos desde el año 1500, superando los 40ºC durante siete días en algunas partes de Francia. Unas 15.000 personas murieron solo en ese país. Estudios utilizando modelos para la región mediterránea concluyen que para finales de este siglo la frecuencia de olas de calor se incrementará desde una cada tres o cinco veranos a dos o tres cada verano, y durarán entre dos y cinco veces más que ahora.

Por tanto, sin dejar de lado las acciones de mitigación (reducción de emisiones) los expertos coinciden en que hay que empezar a poner el acento en las medidas de adaptación. Un concepto que ha ido cambiando con el paso del tiempo y a medida que la preocupación por la adaptación iba en aumento. Así, de medidas basadas en levantar fuertes defensas, como espigones para proteger la costa o construir presas, se ha pasado a unas más blandas y adecuadas a cada lugar. No es lo mismo la adaptación en Alaska o en Bangladesh. Así, los habitantes de Bangladesh pueden levantar sus casas sobre pilotes para sobrevivir a las inundaciones, mientras que algunos asentamientos en Alaska y las islas Maldivas deberán moverse tierra adentro o quederán engullidos por el aumento del nivel del mar.

«La adaptación significa distintas cosas para diferentes personas», explica Neil Adger, de la Universidad de Exeter, Reino Unido, por lo que habrá más posibilidades de éxito si las medidas se deciden a nivel local. «Un enfoque exclusivamente de arriba hacia abajo en cuanto a la adaptación -que se centre en una fuerte inversión en ingeniería e infraestructura- no va a funcionar, ya que es caro y poco práctico», dice Robert Lempert, que investiga la toma de decisiones en la corporación RAND, un think tank en Santa Mónica, California.

Un nuevo apartheid

Pero para adaptarse hace falta dinero. Y en los países en desarrollo es difícil separar qué esfuerzos corresponden a la adaptación al cambio climático y cuáles al desarrollo que se hubiera dado de todos modos. Una confusión que impregna los debates sobre los esfuerzos de financiación para la adaptación de los países ricos a los poabres. Así, por ejemplo, en el caso de Bangladesh no está claro qué cantidad de los 125 millones de dólares que ha recibido como fondos para el clima sea adicional a la ayuda al desarrollo.

La crisis financiera internacional no ayuda precisamente a solventar este déficit, y la situación se repite en todo el mundo. En 2011, los países en desarrollo recibieron alrededor de 960 millones de dólares para actividades de adaptación, cuando el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas estima en un informe publicado en 2007 que los países en desarrollo necesitarían 86.000 millones de dólares al año a partir de 2015 para adaptarse con éxito al cambio climático. En palabras del arzobispo surafricano Desmond Tutu, «vamos a la deriva hacia un mundo de apartheid de la adaptación». Y es que la brecha entre ricos y pobres se acrecienta, ya no solo entre países, también entre ciudadanos de una misma nación.

Europa no escapará a los efectos del cambio climático. Según el informe «Cambio climático, impactos y vulnerabilidad en Europa 2012», publicado hace unas semanas por la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), si las sociedades europeas no se adaptan, los costes ocasionados seguirán aumentando.

Estrategia europea

Algunas regiones serán menos capaces de adaptarse al cambio climático que otras, en parte debido a las disparidades económicas en Europa, sin olvidar que los propios efectos del cambio climático podrían agravar más estas desigualdades. Jacqueline Mc Glade, directora ejecutiva de la AEMA afirma: «El cambio climático es una realidad en todo el mundo, y su magnitud y velocidad son cada vez más evidentes. Esto significa que cada sector de la economía, incluidos los hogares, han de adaptarse». En la actualidad, la Comisión Europea trabaja en la Estrategia europea de adaptación, cuya publicación está prevista para marzo de 2013.

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