Los grandes herbívoros protegen la biodiversidad en las praderas sobrefertilizadas
Reses, ñus, impalas, caballos, antílopes... permiten que las flores silvestres puedan reproducirse - ABC

Los grandes herbívoros protegen la biodiversidad en las praderas sobrefertilizadas

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Un estudio comparativo de los pastizales en seis continentes sugiere que puede haber una manera de contrarrestar la sobredosis de fertilizantes provocada por el hombre, y que amenaza con alterar de manera permanente la biodiversidad de las praderas del mundo. La solución, ideada por la propia naturaleza, consiste en permitir a los animales herbívoros alimentarse del exceso de crecimiento de los pastos, que dejan fuera de competencia a algunas plantas nativas.

Los herbívoros o animales de pastoreo se alimentan de los altos pastos que impiden que la luz solar llegue al suelo, mermando la disponibilidad de ésta para otras plantas, según concluye el trabajo, realizado durante cinco años en 40 lugares diferentes del planeta, publicado ayer en la edición digital de la revista Nature.

Grandes animales

En cada lugar se cercó una parcela para mantener alejados a los animales de pastoreo; otra se trató con una dosis establecida de fertilizantes (para imitar el efecto del exceso de nutrientes procedentes de fuentes humanas), pero no se cercó para que los animales pudieran pastar; la tercera se valló y se abonó con fertilizantes y la última se dejó tal cual.

«Cuando vemos un cambio en la luz, vemos un cambio en la diversidad»Los investigadores no trataron de alterar las poblaciones de animales de los sitios de prueba, de forma que en algunos de ellos los animales nativos eran abundantes; en otros, fueron reemplazados en su mayoría por animales domésticos, como vacas, cabras y ovejas. Y otros eran antiguos pastos donde el ganado se había alimentado en el pasado, pero donde ya no estaba presente.

En general, cuando se añadió el fertilizante y se mantuvo el pastoreo de animales se redujo la variedad de las plantas en las parcelas experimentales. Pero cuando se permitió a los animales pastar en las parcelas fertilizadas, la diversidad de plantas, en general, aumentó. El análisis de los datos llevó a la conclusión de que los herbívoros mejoraron la biodiversidad al posibilitar un aumento de la cantidad de luz que llega al nivel del suelo.

El efecto fue mayor en las parcelas de prueba en las que los animales robustos, salvajes y domesticados pastaban: reses, antílopes americanos y alces en las Grandes Planicies de América del Norte; ñus e impalas en el Serengeti de África y caballos, ovejas y cabras montesas en la India rural. En los espacios donde los únicos herbívoros eran animales pequeños como conejos, topillos y topos, el efecto de los herbívoros fue débil y variable.

Pérdida de diversidad

Las plantas de pastizales han desarrollado una variedad de estrategias para aprovechar un entorno donde los nutrientes son escasos e inconsistentemente disponibles, por lo que pueden adaptarse al terreno, ser efímeros o dispararse cuando captan un chorro de nutrientes, explica Daniel S. Gruner, profesor asociado de Entomología en la Universidad de Maryland, en Estados Unidos.

En el mundo alterado por los humanos, donde los nutrientes son siempre abundantes, las plantas de cultivo que se esfuerzan por crecer muy alto para capturar la luz solar tienen ventaja al impedir que la luz solar llegue a la mayoría de las otras especies de plantas, que no pueden entonces crecer o reproducirse.

Pero los animales de pastoreo cortan las plantas que bloquean la luz y dan a las demás la oportunidad de florecer. «Cuando vemos un cambio en la luz, vemos un cambio en la diversidad», dice la autora principal del trabajo, Elizabeth Borer, de la Universidad de Minnesota, en Estado Unidos. «Nuestro trabajo sugiere que hay dos factores que los seres humanos han cambiado a nivel mundial, el pastoreo y la fertilización, que pueden controlar la luz a nivel del suelo. La luz parece ser muy importante en el mantenimiento o la pérdida de biodiversidad en los pastizales», añade.

Flores silvestres

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que los pastizales cubren entre una quinta y dos quintas partes de la superficie terrestre del planeta y suponen el hogar de más de una décima parte de la humanidad.

La quema de combustibles fósiles, las dosis de cultivos con fertilizantes químicos y la eliminación del estiércol del ganado introducen nitrógeno adicional y otros nutrientes en el suelo, el aire y el agua. Su exceso es un problema especial para las praderas, donde muchas plantas, como las flores silvestres, se han adaptado a bajos niveles de nutrientes, por lo que, a menudo, tienen dificultades para competir con los pastos, que utilizan nutrientes adicionales para crecer más rápido y más alto.