BIODIVERSIDAD / UNA ASOCIACIÓN TRATA DE RECUPERARLOS

Quince «locos» de la seda en busca de los últimos gusanos españoles

Sobrevivieron a la plaga que derrumbó la industria de la seda europea a finales del XIX. Y ahora se encuentran en bancos genéticos de Corea del Sur y Japón

Día 11/02/2013 - 12.23h

Conservadas actualmente en bancos genéticos en el extranjero, las últimas razas autóctonas del gusano de seda español podrían volver pronto a España, gracias al trabajo de la Asociación Española para la Recuperación, Conservación y Estudio del Gusano de Seda Autóctono (Aercegsa), una organización sin ánimo de lucro constituida en 2011 por «quince locos de la seda», declara su presidente Javier Jurado.

Sus integrantes son profesionales que proceden de las más diversas disciplinas, como Historia, Derecho, Antropología, Bellas Artes o Psicología, que han creado una red de criadores de este insecto lepidóptero en sus propias casas.

La asociación ha logrado averiguar que varias líneas de gusanos oriundos de la península se encuentran en bancos genéticos de Corea del Sur, del que no han obtenido respuesta a sus requerimientos, y de Japón, que sí han accedido a enviar a España muestras de germoplasma (huevos) de cada una de la especies españolas.

Ahora falta cerrar todo el trámite del papeleo y de los certificados veterinarios que se exigen para que puedan pasar la aduana cuando lleguen a España.

Según Jurado, hay otro último ejemplar superviviente de gusano de seda español del siglo XVI en varias poblaciones indígenas de Sierra Madre de Oaxaca (México).

Hace un par de años lograron la primera recuperación internacional de una variedad de gusano de seda (Bombyx Mori) originario de Andalucía llamada Almería/Galera, que estaba en Italia.

Con ella, destaca Jurado, se puso la primera piedra de la reconstrucción de un acervo histórico y biológico «que hunde sus raíces en el Califato de Córdoba».

Plaga

Una plaga, la de la pebrina, arrasó en España y Europa a estos insectos de interesante metamorfosis que construyen sus capullos con un único filamento de hilo de seda de casi un kilómetro.

Con la plaga, por la que incluso se interesó el químico e investigador francés Louis Pasteur, llegó el hundimiento de la industria europea de la seda de finales del XIX y primeros del XX.

Fue entonces cuando los comerciantes miraron a Oriente y de allí se trajeron material genético para ofrecer a los productores una solución temporal. No obstante, Jurado asegura que algunas especies autóctonas españolas se libraron de la pebrina y llegaron a manos extranjeras.

Origen y usos

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