Comparativa

Neumáticos de invierno frente a cadenas: por qué merece la pena cambiar de ruedas con el frío

Por debajo de siete grados sobre cero de temperatura garantizan más agarre y seguridad incluso en terreno seco, gracias a su dibujo y a los compuestos de su goma

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Los neumáticos de invierno son unos grandes desconocidos en nuestro país, donde apenas suponen el 5% de las ventas. Las últimas nevadas, sin embargo, y en especial, el caos circulatorio en la AP-61 durante las pasadas Navidades, han despertado el interés por conocer si son una buena alternativa a las cadenas. Algo que hemos podido comprobar dentro de la pista de nieve Snow Zone de Madrid Xanadú, donde las cubiertas de invierno han demostrado ser más eficaces, versátiles y confortables que las cadenas, y mucho más seguras que las gomas de verano en condiciones de frío y baja adherencia.

A una velocidad de 50 kilómetros por hora en una calzada con nieve, la distancia de frenado es 31 metros menor con ruedas de invierno. En mojado, y a 80 por hora, la distancia es 6 metros inferior que con neumáticos convencionales, según datos de la Comisión de Fabricantes de Neumáticos, organizadora de la prueba. Incluso en un firme seco, cuando la temperatura es inferior a siete grados sobre cero, el comportamiento de estos neumáticos es muy superior.

«El caucho de los neumáticos es sensible a la temperatura. Cuando hace frío, las cubiertas de verano se endurecen y pierden adherencia», explica José Luis Rodríguez, director del Consorcio del Caucho, una institución dependiente de la Comisión de Fabricantes de Neumáticos, que agrupa a fabricantes como Bridgestone, Continental, Michelin y Pirelli. Para distinguirlos, los neumáticos de invierno incorporan el marcaje «M+S» y un pictograma que representa una montaña de tres picos con las siglas 3PMSF. Aunque algunos muestran solo el primero de ellos, o solo las siglas MS o M&S, solamente los neumáticos con ambos logotipos han sido homologados como tales.

Este tipo de neumático, cuyo precio parte de los 60 euros y ronda los 100 para las medidas más utilizadas, está mucho mejor preparado para las bajas temperaturas gracias a la diferente composición de su goma, más blanda y flexible, y cargada en sílice. Además, su banda de rodadura tiene un dibujo más profundo, y tienen una cantidad mucho mayor de laminillas -entre seis y ocho veces más- en los tacos para asegurar el agarre. Unas características que, no obstante, penalizan su uso con temperaturas altas, ya que consumen ligeramente más y son más sonoros.

La diferencia fundamental, sin embargo, queda clara cuando neumáticos de invierno y cadenas se enfrentan en igualdad de condiciones. En un terreno extremo, como la pista de Snow Zone -cubierta con 60 centímetros de nieve en polvo, cuando lo habitual es que el firme esté, como mucho, a diez centímetros-, los neumáticos de invierno mostraron un agarre excepcional, tanto con tracción delantera como total (aunque mucho mejor con esta última, cuando permiten un manejo del coche realmente muy similar a una conducción normal). Frente a ellos, un mismo vehículo (Nissan X-Trail) equipado con cadenas se comportó de manera más ruidosa e inestable, y tuvo que ser manejado a una velocidad mucho menor -ya que el límite con este equipamiento incorporado es de 50 kilómetros por hora.

«Lo agradeces en seguridad cuando tienes un problema, y poner las cadenas es un infierno cuando hace frío, está helando y hay nieve en el paso de rueda», explica el instructor Alberto Casabella. Las cadenas son una solución de emergencia, con el inconveniente de que el conductor debe ajustarlas -manualmente en las ruedas motrices antes de afrontar un terreno helado o nevado. También debe retirarlas inmediatamente después para no dañar el vehículo, el neumático y la propia carretera. «Hace falta un cambio de cultura, acostumbrarnos a cambiar de neumáticos con el cambio de estación», certifica Casabella.

Podéis comprobar al detalle el comportamiento de los neumáticos de invierno con este vídeo elaborado por nuestros compañeros de Autocasión.