Un coche automático se conduce de este modo

Aunque todavía los hay que recelan de este ingenio, se trata de uno de los grandes y más efectivos avances técnicos en el campo de la automoción. Una genialidad se mire por donde se mire

MadridActualizado:

Un coche automático elimina de la conducción las tareas de manipulación del cambio manual, lo que directamente implica mayor agrado, confort y seguridad a los mandos.

Sobre todo en ciudad, y más aún cuando el tráfico se complica, este tipo de coches, eso sí más caros que los manuales en todos los casos (de media, no menos de 1.500 a 2.000 euros igualando motor, equipamiento y tipo de carrocería), suponen una ventaja clara, tal y como recuerdan desde el blog de Mapfre.

Y es que prescindir del pedal de embrague (no llevan) y de la palanca de cambios convierten la circulación en algo parecido a un plácido paseo. Con el coche automático, simplemente frenamos y aceleramos con toda simplicidad. Por cierto, los automóviles así no se «calan».

En tres pasos

Eso sí, si venimos de un turismo manual, requiere un pequeño periodo de adaptación. De entrada, con el coche detenido y el freno de mano o estacionamiento puesto (sobre éste, cada vez son más habituales los botones que toman el lugar de las antiguas palancas y del pedal a la izquierda en algunos casos), lo desctivamos pisando el pedal de freno, accionamos el contacto (esto último se puede hacer antes de todo lo anterior) y seleccionamos la posición D (de Drive, o conducir). Entonces retiraremos con cuidado y suavidad el pie del freno para que el coche empiece a moverse, circulando a partir de entonces con toda normalidad.

Hay pequeños matices en función del tipo de cambio automático (los hay mediante convertidor de par, por variador continuo, robotizados...), pero todos cuentan con posiciones P, R, N y D.

P, de Parking, es la posición para bloquear la transmisión al dejar el coche estacionado con seguridad. Por su parte, R es la de Reverse, o marcha atrás; N de Neutral, el punto muerto imprescindible, por ejemplo, para mantener el motor arrancado con todo lo que impica (climatización y dirección asistida activadas...), sin ir más lejos en un túnel de lavado en el que el coche deba avanzar; y D, como decíamos, es Drive, la posición para conducir, para moverse (ojo, con ella puesta el coche siempre avanza según liberemos el freno, porque a fin de cuentas siempre lleva una marcha puesta)

Pulsador de desbloqueo

La palanca de un automático dispone de un botón que la desbloquea para seleccionar el modo de marcha. Hay que tener claro que, aún con el motor en marcha, no podemos pasar directamente de P a R «a las bravas» si el coche no está primero detenido, y además por completo.

Algunos modelos cuentan además con tiradores o levas en el volante para practicar cambios secuenciales. Permiten escoger relaciones más cortas o largas (hay cajas así hasta con 9 velocidades), sin ir más lejos para hacer freno motor en descensos acusados. También transmiten una sensación de control superior del vehículo (digamos que cambias «cuando quieres»).

Pero no te engañes: es muy difícil o tienes que ser muy bueno conduciendo para mejorar la operación del cambio automático recurriendo a estas levas. Y es que la electrónica de la transmisión automática siempre será más rápida que tú y engranará la marcha más adecuada sin fallar en cada instante, hasta en modelos súper deportivos tipo Porsche 911 PDK. Por otra parte, si intentas engranar una velocidad con las levas incompatible con el régimen al que gira el motor en ese instante, el mecanismo no te dejará. Y lo mismo si yendo en «manual» olvidas reducir: el coche lo hará por ti.

El pie izquierdo «atado»

Cuando has aprendido a conducir en un coche manual, es casi inevtiable que, al pasar a uno automático, al principio tiendas a usar el pie izquierdo en un intento por apretar un pedal de embrague que, como te contamos, no existe. Y es que en un vehículo automático solo usas el pie derecho, el que acelera y frena, nada más.

Lo malo es que se, mientras el pie «busca» ese pedal, acaba pisando el de freno, que por cierto es más ancho en este modelos. Y lo hará con la fuerza a la que está acostumbrado cuando presiona el embrague de un caja manual, lo que sin duda «clavará» el coche ante nuestro susto y sorpresa.

De ahí que resulte fundamental ser siempre conscientes, sobre todo durante los primeros días de conducción de un automático: el pie izquierdo quietecito sobre su reposapiés.

Un último apunte: en algunos cambios automáticos hay una posición S en la guía de la palanca. Sirve para apurar más las marchas (S de Sport, o deportivo) ante una conducción más dinámica. Otros cuentan con un botón W indicado para circular sobre firmes de baja adherencia, como nieve, hielo o suelo muy mojado. Y es que arranca el coche con una velocidad más larga (normalmente, segunda) para evitar que pierda tracción y patine en primera, la que mayor par o fuerza mecánica transmite siempre a las ruedas.