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El «Carrillac», la bestia blindada de 5 toneladas que el dictador Ceaucescu regaló a Carrillo

«Tenía tanta alzada como un autobús y llamaba la atención en la calle», recordaba el dirigente comunista en sus Memorias

Santiago Carrillo, junto a su Cadillac 75 Imperial - Archivo ABC

Si hubiera que recopilar los vehículos que marcaron la Transición española, el Cadillac 75 Imperial de Santiago Carrillo merecería ocupar un lugar destacado. Construido en 1947, fue uno de los vehículos más lujosos y amplios de su época, aunque cuando llegó a manos del secretario general del Partido Comunista español (PCE), treinta años después, era poco más que una reliquia inoperable.

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El primer propietario del vehículo fue el rey Miguel I de Rumanía, quien apenas llegaría a utilizarlo. Presionado por el Gobierno comunista de Groza, el monarca abdicó el 30 de diciembre de 1947 Tras su destronamiento, el coche fue heredado por la nueva administración marxista, que decidió dotarlo de un pesado blindaje de unas cinco toneladas, lo que mermó sensiblemente sus prestaciones y disparó el consumo hasta los 35 litros por cada 100 kilómetros. Con esos registros, no es raro que dejase paulatinamente de ser utilizado, hasta que en 1977 la cúpula del recién legalizado PCE decidiera que su líder necesitaba un transporte blindado para desplazarse.

«Ceaucescu ofreció lo único que tenían, un Cadillac con tanta alzada como un autobús, que llamaba la atención en la calle», recordaba el propio Carrillo en sus memorias. «Hubiera preferido otro vehículo, pero necesitaba un coche blindado y apareció éste», aseguraba Carrillo, quién nunca condujo personalmente.

Carrillo era amigo personal de Ceaucescu y solía pasar algunas semanas del mes de agosto en la patria del «Conducator», costumbre que mantuvo incluso después de dejar el cargo en el partido, según recuerda el responsable del archivo de ABC, Federico Ayala.

Según explica Ramón Roca Maseda en su imprescindible libro «El automóvil en la historia de España», el Cadillac, conocido popularmente como «Carrillac», fue trasladado a España desde Rumanía por carretera, y en la última etapa del viaje, que comenzó en Niza, fue el propio hijo del dirigente comunista, Jorge Carrillo, quién se sentó tras el volante.

Incendio en Pajares

El coche llegó a España a tiempo para recoger en el aeropuerto alos líderes comunistas de Francia e Italia, Georges Marcháis y Enrico Berlinguer, que participaron en esos días en la cumbre eurocomunista celebrada en Madrid. Poco después, el mastodóntico vehículo demostró por las malas que ya no estaba en condiciones de servir a nadie. «Se me incendió en el puerto de Pajares, yendo a Asturias, y ya no lo utilicé más», recordaba Carrillo.

Por lo complicado y costoso que de su reparación, el armatoste pasó al garaje de la sede del PCE. En Santísima Trinidad, 5 —«La Trini» para los comunistas españoles- el Cadillac permaneció durante diez años, hasta que los nuevos responsables del partido decidieron venderlo. Así fue como el «Carrillac» acabó, junto con el Seat 132 de la Pasionaria, en un desguace, situado irónicamente en la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama. Allí, durante la Guerra Civil, entre 5.000 y 12.000 personas fueron asesinadas por el bando republicano. Una masacre de la que algunos historiadores, como Paul Preston, responsabilizaron al dirigente comunista, a la sazón consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Sin embargo, no fue la estación termini del vehículo, ya que éste fue adquirido posteriormente por un coleccionista de vehículos antiguos, quién aún lo mantiene en su poder.

El Cadillac 75 era, en el momento de su construcción, el modelo más ambicioso de la marca, y era propulsado por un V8 de válvulas laterales que cubicaba 5640 cc y daba 150CV de potencia. Un motor «legendario», según cuenta Roca Maseda, ya que motorizó durante la Segunda Guerra Mundial al cañón antiaéreo M5 y a los carros de combate M19 y M24.

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