Jetta, una alternativa aceptable al Passat

A diferencia de mercados como el americano, este sedán no ha triunfado en España, aunque atesora motivos para hacerlo. Lo probamos en su tope de gama diésel: un 2 litros de 150 CV con cambio automático DSG que cuesta 29.000 euros

MadridActualizado:

Volkswagen ofrece una interesante propuesta en el segmento de berlinas medias con el Jetta. Una sedán de 3 volúmenes (maletero separado, por cierto, soberbio con 510 litros) y 4,66 metros de largo, en su actual generación derivado del anterior Golf VI (el que ahora se vende es la evolución del Golf VII), bien actualizado en casi todo.

Desde siempre ha gozado de gran aceptación en mercados como el estadounidense y el canadiense, donde tiene una imagen y una tradición de prestigio, casi al nivel de un BMW pequeño. También encaja en los gustos del público mejicano acomodado. No obstante, la marca lo fabrica en la factoría de Puebla que tiene en aquel país.

No pasa lo mismo en España, en gran medida por su proximidad en tamaño y hasta en precio a su «hermano» mayor Passat (5.000 euros más caro de promedio), más moderno y «más coche» a ojos de muchos. También por la fuerte irrupción de todocaminos como el Volkswagen Tiguan, que han dado al traste con las expectativas de automóviles de tamaño similar en los segmentos monovolumen, familiar y, sobre todo, sedán, como éste.

Y eso que la del Jetta, un modelo de lo más cumplidor, aplomado por comportamiento y fácil de llevar (dirección y frenos cumplen sin tacha), es una apuesta sólida.

De excelente factura en cuanto a calidad (materiales, precisión en los ensamblajes...), es razonablemente amplio por dentro (algo menos que el Passat, sobre todo en el siempre crítico hueco para las piernas), pongamos que para que 4 adultos de talla media viajen en condiciones.

No es tan versátil como un vehículo compacto con portón trasero, de acuerdo,pero sus respaldos traseros son abatibles en secciones asimétricas; algo es algo.

De paso, es cómodo y, como en la unidad probada Sport, capaz de equiparse con tecnologías y complementos a la última, muchos, ojo, opcionales: alerta de obstáculos en los flancos, cámara de retroceso (215 euros), faros bixenón con alumbrado LED diurno (desde 1.235 euros), acceso y arranque por botón Keyless-Access (355 euros), techo solar corredizo (940 euros), llantas de 17 pulgadas (a partir de 545 euros, pues las de serie, de 16 pulgadas, se "ven" algo pequeñas) o tapizado de piel (2.435 euros con asientos delanteros de corte deportivo).

En algunos aspectos (diseño de la consola…) se aprecia un tanto veterano y su chasis no es tan sofisticado como el del Passat. Pero en términos generales ofrece una prestancia y unas maneras no lejanas. Y con el motor probado, el tope de gama turbodiésel de 150 CV, buenas prestaciones aún sin desplegar un empuje exultante.

Por ejemplo, alcanza una velocidad máxima de 218 km/h, con un más holgado paso de 0 a 100 km/h de 8,9 segundos. Es decir, consiente un andar solvente y buen reprís para adelantar o superar largos repechos de ruta sin esfuerzo, incluso si vamos moderadamente cargados.

De paso, exige un fino consumo real que oscila en medias de 5 a 7 l/100 km, según la conducción y el estado del tráfico. Por cierto, el cambio automático DSG, con 6 relaciones y doble embrague, es todo eficacia y le sienta como anillo al dedo (supone un apoyo incuestionable en conducción urbana). Pero también hay que valorar que regruesa 2.000 euros la de por sí elevada factura final del coche.