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Instagram reabre el (eterno) debate de la privacidad en las redes sociales

Día 20/12/2012 - 10.47h
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La red de retoque digital se defiende asegurando que no venderá las fotografías de sus usuarios

«Cuando un servicio es gratis es probable que el servicio seas tú». La frase fue pronunciada por Bruce Schneier, uno de los mayores gurús de internet, en una conferencia en Madrid hace un año en relación a las razones por las que el uso de Facebook es gratuito. «Los usuarios no somos sus clientes; somos su producto, que vende a sus clientes».

Lo sucedido con Instagram ha reabierto el eterno debate sobre la propiedad de los contenidos alojados en las redes sociales, que como empresas buscan monetizar el tráfico generado por los usuarios. «Buena parte de las redes sociales son gratis, si por 'gratis' entendemos que no suponen un coste económico directo para el usuario. Pero todas ellas te están 'cobrando' a través de tres conceptos básicamente que son con los que se financian», señala a este diario Sergio M. Mahugo, profesor de la Universidad Miguel Hernández.

La adquisición de la red social de fotografías por 1.000 millones de dólares le ha permitido a Facebook efectuar cambios en sus cláusulas de privacidad con el objeto de monetizar Instagram. Como legítima propietaria espera obtener un rédito económico porque si no su desembolso será en balde. «Lo que hagan o no con esos datos y esos contenidos viene recogido en las cláusulas que firmas cuando te registras y por las que aceptas entrar en su juego. Y a la hora de redactar las cláusulas es fundamental la ética del que las redacta para evitar ambigüedades que puedan usarse en un momento dado en beneficio de la red social o empresa», agrega.

Pero, ¿acaso los usuarios se leen los términos de uso de las plataformas sociales? Para este experto en nuevas tecnologías la respuesta es tajante: No. «Es evidente que casi nadie se las lee», explica. «Están escritas en letra pequeña y en un lenguaje farragoso y poco inteligible. Están escritas para abogados y no para personas, pero tampoco es nada nuevo ni deberíamos rasgarnos ahora las vestiduras por eso: seguramente nos sorprenderíamos de la cantidad de gente que no se lee ni siquiera las cláusulas de una hipoteca que firma con el banco».

«La privacidad no puede ser considerada como una opción que se pone a disposición de los usuarios por si quieren hacer uso de ella, como un extra, sino que es un derecho inalienable y debe estar incorporado por defecto en la tecnología y en el diseño de cualquier herramienta social», manifiesta Sebastián Muriel, vicepresidente de Tuenti, que a diferencia de otras redes sociales, parte la premisa de que «la información es propiedad del usuario» y por tanto, es el usuario el único con derecho a controlar la recogida, uso y revelación de cualquier información sobre sí mismo.

Críticas y quejas

Instagram se ha convertido en el centro de todas las miradas desde hace varias semanas. Tras su ruptura con la red de «microblog» Twitter, la mejora de su cámara o la incorporación de un nuevo filtro para sus imágenes, generó un malestar en los usuarios por el cambio en su política de privacidad, muchos de ellos incluso aseguraban en diferentes redes sociales -también Facebook- que dejarían de utilizar la aplicación de retoque fotográfico. Instagram tuvo que apresurarse a restar importancia y aclarar que se había producido un «error en la interpretación» asegurando que los usuarios seguirán siendo «propietarios» de sus contenidos como lo eran hasta ahora y que la empresa «no exigirá ningún derecho de propiedad» sobre las fotografías.

En medio de este revuelo, el grupo editorial National Geographic se ha mostrado «en contra» de las nuevas normas de privacidad que le permiten a Facebook comercializar los contenidos que los usuarios publican en su plataforma, siendo este la primera gran empresa que ha salido al paso de la polémica, algo «exagerada» para Phil González, creador de la comunidad Instagramers, quien ha explicado a ABC que los cambios y la fusión de las normas legales entre Facebook e Instagram «eran obligatorias» para poder protegerse ante la dura ley americana de cualquier tipo de denuncia de usuarios.

«Hay sido todo fruto de un malentendido y una redacción de forma muy jurídica y una comunicación en prensa un poco alarmista», ha manifestado González, quien ha asegurado que Instagran «no se va a convertir en un banco de fotos». A su juicio, ha producido «una histeria general para darse de baja en otros servicios» de forma masiva, aunque cree que la los internautas buscan irse a otros servicios buscando alternativas «sin leer las condiciones».

La Comisión Federal de Comercio de EE.UU exigió a Facebook el pasado año la obligación de obtener el consentimiento del usuario antes de que la información personal fuese compartida, algo que la compañía ha cumplido a rajatabla. Bajo los nuevos términos, los usuarios de la red de fotografía tienen una opción clara: abandonar el servicio. «Instagram da una difícil opción: o lo tomas o lo dejas, y si lo dejas tienes que dejar el servicio», aseguraba a la agencia Reuters Kurt Opsahl, abogado de Electronic Frontier Foundation, organización que defiende los derechos del internauta.

Precisamente, el director ejecutivo de Electronic Privacy Information Center, Marc Rotenberg, declaró que Facebook «está utilizando Instagram para ver hasta dónde puede presionar en este modelo publicitario. Si pueden mantener a una gran cantidad a de sus usuarios quiere decir que aceptan que sus imágenes se conviertan en publicidad». El caso es que hay algo fundamental en contra del usuario. Este no tiene capacidad de réplica o de imponer cláusulas adicionales. «Simplemente las puedes aceptar, y empiezas a jugar. O no las aceptas y no entras en ese club social», agrega Mahugo.

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