Madrid

El Museo del Traje de Madrid cumple su décimo aniversario

Este espacio, que alberga una de las mayores colecciones de prendas y complementos del mundo, ha cumplido su décimo aniversario

ADRIÁN DELGADO - Actualizado: Guardado en: Madrid

El «fondo de armario» tiene su templo en Madrid y está de aniversario. Chupas, pirros o manteletas… tejidos de toda condición se miman y exhiben desde hace una década en el Museo del Traje. Un punto de referencia para los amantes de la moda cuyos fondos albergan cientos de miles de piezas relacionadas con la vestimenta y nuestra Historia. Sus vitrinas lucen, en perfecto estado de conservación, auténticas joyas, la mayoría de ellas donadas por particulares.

El museo, situado en Ciudad Universitaria, fue inaugurado en 2004 aunque sus orígenes se remontan al siglo pasado. Todo empezó en 1925, año en el que tuvo lugar la «Exposición del Traje Histórico» tras la que se creó una Junta de Patronato, que se hizo cargo de estos fondos para formar el nuevo Museo del Traje Regional e Histórico. Más tarde, en 1934, se convirtió en el Museo del Pueblo Español con el fin de albergar también las tradiciones perdidas.

Casi 60 años después, en 1993, el Museo del Pueblo Español y el Museo Nacional de Etnología se unieron en una sola institución: el Museo Nacional de Antropología. Los trajes regionales, vestidos, complementos y tejidos que albergaban sus fondos sirvieron para dedicarles, en exclusiva, su propio espacio museístico.

Ante el volumen de prendas antiguas, el museo se ha dedicado durante estos diez años, y de forma casi exclusiva, a adquirir nuevas prendas de modistos y diseñadores españoles e internacionales de los siglos XIX y XX. Su planteamiento, una historia cronológica de la indumentaria, arranca con los tiempos lejanos. Tiempos en los que destacan piezas como el bonete datado en 1500 —de terciopelo de seda liso y con el escudo de Carlos V— que es la pieza más antigua de la muestra permanente.

Junto a él destacan prendas del siglo XVI en adelante como jubones, casacas, chupas, petos, batas, polonesas, pirros o manteletas. Piezas únicas en muy buen estado de conservación que dan continuidad a un recorrido espectacular por la moda de cada época. Cada una de ellas tiene su joya particular. Por ejemplo, en la sala dedicada al siglo XVIII, un manto de la Real Orden de Carlos III da la bienvenida a los visitantes. Es el periodo del que el museo posee más fondos. Paso a paso, los trajes se transforman desde la Ilustración al Romanticismo, con sus miriñaques —armazones metálicos— ahuecando las faldas o los polisones y el corsé.

Del mandil a Balenciaga

De ahí al traje popular, en el que hay representaciones de indumentarias tradicionales, de oficios, de danzantes... Piezas salvadas del olvido que trasladan el espacio al siglo XX, a las salas permanentes dedicadas a Fortuny y a Cristóbal Balenciaga. Entre medias, los años veinte reviven en ambientes como la Chocolatería del Indio de Madrid hasta llegar al «New LooK» de Christian Dior. La alta costura española con nombres como Antonio Castillo, Pedro Rodríguez, Elio Berhanyer o Pertegaz, entre otros muchos, se alterna con modistas internacionales como Rabanne, Givenchy, John Galliano, Chanel, Carolina Herrera, Balmain o Jeanne Lanvin. Muestras renovadas año a año y salpicadas de varias exposiciones temporales relacionadas siempre con los complementos y el mundo que gira alrededor de la moda y la alta costura. Está abierto de martes a domingo, con entradas a 3 y 1,5 euros —gratis los sábados desde las 14.30 horas y los domingos—.

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