madrid La fuente de las abluciones judías que forjó el mito del origen hebreo de Lavapiés

En la cuna de los castizos manolos y manolas se entremezclan los comercios tradicionales con los establecimientos de colores y olores exóticos y multiétnicos

«La fuente de Lavapiés» (hacia 1870) y la actual boca de metro de la plaza - abc
vídeo: alfonso f. moreno / texto: m. r. domingo - @ABC_Madrid - Madrid - Actualizado: Guardado en: Madrid

Un mito sostiene desde hace siglos que Lavapiés fue el antiguo barrio judío de Madrid. Se dice que el nombre de la plaza más castiza de la capital podría proceder de una fuente donde los hebreos hacían abluciones de los pies antes de entrar a una sinagoga cercana. Esta leyenda es errónea, ya que los judíos no tienen que lavarse expresamente para entrar en el templo, si no los musulmanes. Lo único constatable, según diversos documentos que dan noticia de ello, es que sí existió un pilón que estuvo en servicio hasta la década de 1870, y que en su última época estuvo alimentada por el viaje de agua del bajo Abroñigal.

El escritor Ramón Mesonero Romanos, en su obra «Escenas matritenses», adjudicaba el nacimiento de esta leyenda al escritor Ramón de la Cruz y su obra teatral «Los bandos de Lavapiés». Las mencionadas fuentes bibliográficas perpetúan la leyenda del origen judío, e incluso indican la existencia de una hipotética sinagoga en la calle San Lorenzo, un cementerio judío en la calle Salitre. Sin embargo, no existe ninguna prueba arqueológica de estas posibles historias de origen popular.

La teoría del origen hebreo de Lavapiés fue apoyada por autores de los siglos XVIII y XIX como Amador de los Ríos, Antonio de Capmany o Fidel Fita. Una tesis que investigadores posteriores, como Manuel Montero Vallejo o Gonzalo Viñuales Ferreiro, descartan alegando la escasa población de la zona, eminentemente rural, durante la Edad Media.

Los testimonios más antiguos sobre la existencia de habitantes en lo que hoy es el barrio, basados en los documentos del archivo del Ayuntamiento de Madrid, dicen que el origen del barrio de Lavapiés estaría en los asentamientos comerciales extramuros de finales del siglo XV relacionados con el camino real de Toledo y el camino de Atocha. También tiene que ver con la existencia del antiguo matadero en lo que hoy es El Rastro que aprovecha el gran desnivel hacia el valle del río Manzanares para evacuar, precisamente, los rastros de la sangre y demás desechos de los animales sacrificados.

Barrio multiétnico

«Vinieron con semblantes pudibundos

las que habitaban el Austro, donde lavan

los pies el agua de árboles profundos».

Nicolás Fernández de Moratín escribía estos versos para referirse a la plazuela que venía «emblematizando a la población indígena matritense en el último término de la escala social». Otras versiones, como la recogida en la poesía de Moratín hablan de una alameda y viveros regados por canalillos labrados a sus pies. Por escrito, aparece mencionada así en un documento del siglo XVI. Todo ello a propósito de una transacción de terrenos para levantar una fuente.

Durante el reinado del Rey Felón fue famosa la real fábrica de coches que hacía esquina a la castiza calle del Tribulete. Del siglo XVIII y atribuida a Ramón de la Cruz es la ya mencionada variante «Avapiés» para denominar plaza, calle y barriada, aunque Mesonero remonta su antigüedad al siglo XVI. Así aparece en en el título y el libreto del drama lírico de Tomás Borrás «El Avapiés», estrenado en 1922, y más tarde (1933) en los versos de «La Barbiana», escritos por Rafael Fernández Shaw:

«Una mujer madrileña

nacida en el Avapiés,

lleva la flamenquería

de la cabeza a los pies».

Ya en el siglo XX, la demolición de la fábrica de cerveza de Lavapiés, la primera de Madrid, anterior a la de Santa Bárbara, abrió el espacio de la plaza a la calle de Argumosa, la más ancha del entorno. En 1936 se inauguró la Estación de Lavapiés en el espacio que antes había ocupado la fuente.

Degradación y olvido

Lavapiés es el corazón del barrio de Embajadores. En la plaza confluyen las calles Argumosa, Ave María, de la Fe, Lavapiés, Olivar, Sombrerete, Tribulete y Valencia. Ha sido fuente de inspiración de zarzuelas y sainetes, cuna de manolas y manolos y escenario central de la película de los años cincuenta titulada «Surcos». En sus calles se entremezclan comercios tradicionales con establecimientos de colores y olores exóticos. No obstante, no desde finales del siglo XX, el barrio de Lavapiés, entre la degradación y el olvido, se fue convirtiendo en un espacio cosmopolita y multi-racial en convivencia con nuevas generaciones y propuestas culturales.

Dando un primer paso hacia la estética del Lavapiés del siglo XXI, entre 2002 y 2005 se construyó el Teatro Valle-Inclán, que pasaría a funcionar como sede complementaria del Centro Dramático Nacional. El nuevo edificio se inauguró en 2006 ocupando el espacio de la antigua Sala Olimpia, obra de Secundino Zuazo, nacida como local de cinematógrafo en 1926.

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