El edificio que albergó una «casa a la malicia» en la calle de los Mancebos
El edificio que albergó una «casa a la malicia» en la calle de los Mancebos - ernesto agudo

La pícara historia de las «casas a la malicia» de Madrid

Se construían con ventanas desordenadas para disimular ante la ley el número de plantas

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En la calle del Conde, ahí por la desembocadura en la Plaza de la Cruz Verde, en el Madrid de los Austrias, puede el paseante sorprenderse con una fachada de antigüedad, donde las ventanas de fachada asoman desordenadas. Queremos decir que, aunque el paseante mucho se fije, no llega a saber con certeza de cuántas plantas consta la edificación, porque pudiera tener una, o dos, o tres acaso. Y aquí queríamos llegar.

Quizá ignora el paseante que esta finca se llama «casa a la malicia», y constituye una rareza arquitectónica y también una prueba de la picaresca del pueblo madrileño. Se trata de una rareza arquitectónica porque hay sólo tres o cuatro edificaciones de este género, en la ciudad, con el premeditado desorden de las ventanas o ventanales, ocultando así el número de plantas del sitio.

Y es una prueba de la picaresca del pueblo madrileño porque estas construcciones a la malicia fueron un modo de evitar, a mediados del siglo XVI, la regalía de aposento, una ley de aquel momento, promovida por el Rey, por la cual todo aquel que poseyera una casa con más de una planta quedaba obligado a ceder la planta superior al séquito o servicio real, muy exigido de alojamientos en una ciudad que acababa de ser escogida como capital del reino.

Se trataba de poner en marcha un usufructo real, digamos, cuando Madrid quedaba pequeño ante la superpoblación de funcionarios, empleados del Estado, embajadores extranjeros, guardias y secretarios que engrosaban la corte procedente de Toledo. El madrileño de entonces, incómodo con aquella ley, y deseoso de esquivarla, ideó este truco de sacar con caos las ventanas de fachada. También se practicó el truco de añadir buhardillas disimuladas, como puede comprobar el paseante de hoy mismo en la calle de los Mancebos, esquina Redondilla.

Esta casa, con la citada de la calle del Conde, y otra en la calle del Toro, son los tres únicos y claros ejemplos de «casas de malicia», que han ido desapareciendo con el tiempo. En su momento, llegaron a existir más de mil en toda la ciudad. Las crónicas al respecto, señalan al paseante que también en la calle del Pez existe aún otra casa de este raro género, con el tejado en trucada pendiente, y algunos incluyen una breve fachada en la calle del Rollo como vestigio del arte «a la malicia», aunque ésta es de muy discutible filiación. No hay más. Ante el gran show de rascacielos de la zona norte de la ciudad, aquí tenemos una punta de edificaciones que son imaginación arquitectónica, y picaresca premeditada. El lujo de lo tan distinto.