La verdad que esconde el tranvía de Parla

Tomás Gómez ocultó el sobrecoste de su proyecto estrella, con el que soñó dejar la alcaldía hacia Sol, pasando por Callao

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Hace diez años, Parla era Tomás Gómez y Tomás Gómez era Parla. El alcalde más votado de España. El hombre que mandaba en un municipio como un auténtico señor feudal. Tanto poder, unido a la ambición personal y la alta estima en que se tiene el personaje, pronto provocaron que su ayuntamiento se le quedara pequeño y empezara a pensar en miras más altas. La oportunidad para ir preparando el salto a la política regional ya era obvia desde que el PSM sufriera la traición del «tamayazo» en 2003. Entonces el joven alcalde comenzó a tejer su estrategia.

Su objetivo era 2007. Año en el que, tal y como estaba previsto, Simancas volvería a perder las elecciones ante Esperanza Aguirre y dejaría un vacío de poder en el PSM que Gómez no iba a desaprovechar. Pero para convertirse en el nuevo líder regional del partido necesitaba un gran proyecto en su ciudad que le diera proyección regional, o incluso nacional.

Un viaje de trabajo a Barcelona con su equipo le sirve de inspiración. Al pasar por la Diagonal, un tranvía (el «trambaix») pasa por delante de ellos. Uno de sus colaboradores le sirve en bandeja la tentación. «Hacemos uno como éste en Parla y te llevamos directo a la Puerta del Sol». Y a Tomás Gómez se le enciende la bombilla. Además, tenía la coartada perfecta para justificarlo políticamente, ya que Parla se había quedado fuera del Metrosur precisamente por un pacto del propio alcalde con el entonces presidente regional, Alberto Ruiz Gallardón.

Aviso de la Comunidad

La Comunidad de Madrid le advierte en un primer momento de que el tranvía puede resultar muy caro y le plantea la posibilidad de que opte por algo igual de eficaz pero más barato, como una plataforma reservada de autobuses. Pero Gómez insiste en su proyecto, confiado también por los ingresos millonarios que entraban en el Ayuntamiento gracias al desarrollo urbanístico de Parla Este, que prevé la construcción de 13.000 viviendas.

Así, en marzo de 2005, hace ahora justo una década, se adjudican las obras del tranvía. Como el Ayuntamiento de Parla no tiene experiencia en una adjudicación de estas características, Gómez encomienda los trámites a un órgano con más capacidad como el Consorcio Regional de Transportes (CRTM). Antes, sin embargo, se encarga de dejar muy claro que el tranvía es solo del Ayuntamiento y que el coste de las obras compete única y exclusivamente al municipio, por lo que el CRTM solo tiene que adjudicar el contrato y pagar la mitad de la subvención al billete. Y para que nadie le quitara la paternidad del proyecto, lo deja claro y por escrito antes incluso de adjudicarse las obras en una carta firmada de su puño y letra en enero de 2005 que ABC ya avanzó en exclusiva en su día.

Así las cosas, dos meses después el CRTM adjudica las obras por 93,5 millones de euros (más IVA) a un entramado de sociedades formadas por Acciona, FCC, Detren y Caja Castilla-La Mancha, que bajo el nombre de Globalvía lo empieza a construir para después explotarlo con la marca comercial Tranvía de Parla SA.

Pero, aunque las obras se adjudican por 93,5 millones a través del CRTM, presidido por una María Dolores de Cospedal que acababa de asumir la Consejería de Transportes tres meses antes, muy pronto Tomás Gómez aprovecha para ir añadiendo sobre la marcha otras obras adicionales. Y lo hace ocultando dichas obras al CRTM y sin cumplir las leyes de contratación que le obligaban a modificar el contrato inicial y a convocar los correspondientes concursos públicos para esas nuevas obras, algunas de las cuales además nada tenían qué ver con el proyecto original, como un ascensor panorámico para la estación de Cercanías valorado en 60.000 euros y del que nunca se supo.

Entre tanto, Cospedal deja la Consejería y el Consorcio de Transportes en junio de 2006, medio año antes de que, ya con las obras prácticamente terminadas, el 22 de diciembre Tomás Gómez convoque a su junta de gobierno para aprobar oficialmente esas obras extra por otros 36 millones de euros, lo que supone un sobrecoste de casi el 40% sobre el proyecto inicial.

A esa reunión, curiosamente, en la que el Gobierno local aprueba semejante sobrecoste en el proyecto más importante en la historia de la ciudad acuden todos los concejales del PSOE… menos el propio Gómez.

Esta maniobra ya le ha servido para que el Tribunal Supremo renunciara a investigarle cuando todavía era aforado como senador. Incluso puede provocar que terminen imputados por prevaricación y malversación, como ya ha solicitado la Fiscalía ante el Juzgado de Instrucción número 5 de Parla, todos los demás concejales que sí participaron en aquella junta de gobierno y en otra posterior de 2009 en la que se completó ese sobrecoste.

A finales de 2006 y principios de 2007, a pocos meses de la inauguración y ya con las obras terminadas, Gómez informa por fin al Consorcio de Transportes de ese incremento del 40%. El CRTM responde entonces con una carta contundente en la que le advierte de que el Ayuntamiento ha incumplido su obligación de informar previamente sobre esas obras adicionales, que en todo caso debería haber adjudicado el propio CRTM. Y también que esas obras se hicieron antes de modificar el contrato original y sin cumplir los procedimientos previstos en la ley.

Inauguración estelar

Pero eso no pareció importarle a Tomás Gómez, que justo antes de las elecciones municipales y autonómicas de 2007 inauguró su anhelado tranvía. Al acto acudió el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ese día tuvo tiempo de jactarse ante Aguirre de lo buen gestor que era: «Mira, Esperanza, así hago yo las cosas», le dijo al oído a la presidenta madrileña.

Es más, aquel día Tomás Gómez presumía de que prácticamente ya tenía pagado el tranvía, pues a través de los beneficios de Parla Este acababa de adelantar 42 millones y preveía pagar otros 51 de los ingresos que recibiría el Ayuntamiento con la aprobación del nuevo plan urbanístico, que aún hoy, ocho años después, sigue pendiente.

Pero todo lo que sigue es la historia de una desastrosa gestión que, como han señalado distintos organismos, ha convertido al tranvía en el principal causante de que Parla sea uno de las tres ayuntamientos más arruinados de España. Según Hacienda, tiene la deuda municipal per capita más alta: 2.941 euros por vecino.

El «agujero» que dejó el tranvía no se empezó a conocer hasta mucho tiempo después de que renunciara a la alcaldía para dedicarse en exclusiva al PSM. Tuvieron que pasar cinco años de su marcha para que su sucesor, José María Fraile, reconociera que el coste de las obras sería finalmente de 256 millones a pagar en 30 años. Y sin contar los 42 millones que se adelantaron al principio ni la parte de subvención al billete que le corresponde pagar a las arcas municipales, todo lo cual eleva el coste del proyecto a los 300 millones solo por las obras.

Al final, todo se resume en la apuesta irresponsable y temeraria de un Tomás Gómez que hace 10 años soñó con un tranvía para alcanzar la Puerta del Sol, haciendo transbordo en Callao, que ha acabado por dejarle fuera del liderazgo del PSM a cien días de las elecciones autonómicas.