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¿Por qué la escultura de Dalí, en la plaza de Felipe II, es única en el mundo?

El monumento se inauguró en julio de 1986 tras una charla entre el artista y Tierno Galván que sellaron «con dos besos en la frente»

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Mide 13 metros y 13 centímetros exactamente. Las medidas eran una exigencia del propio artista. Fue el 17 de julio de 1986 (a las 13 horas y 13 minutos) cuando el Ayuntamiento de Madrid inauguró en la plaza de Felipe II el que todo el mundo conoce como el Dolmen de Dalí.

Las conversaciones con el pintor comenzaron después de un gran gesto que Tierno Galván tuvo con él. Resulta que el alcalde de la capital decidió colgar en plena Puerta del Sol el primer cartel de la exposición «¡Viva la Gala!» en memoria de la difunta mujer y musa de Dalí. El gesto emocionó al artista, que le regaló un bastón que había pertenecido a Víctor Hugo. Entonces, Tierno Galván decidió dedicarle una plaza en Madrid.

Las conversaciones no se hicieron esperar. Técnicos del Ayuntamiento llegaron a viajar hasta en diez ocasiones a la casa del pintor, en Port Lligat, para rematar los detalles del espacio que iba a llevar una escultura suya. Gracias a esas reuniones y a ese gesto, Madrid puede presumir de ser el único lugar del mundo que tiene un monumento urbano concebido directamente por el pintor.

Tierno y Dalí sellaron el acuerdo en Torre Galatea y lo remataron «con dos besos en la frente», como recuerdan las crónicas de entonces. El diseño daliniano de la obra gira sobre Isaac Newton, al que se representa por medio de una estatua de casi tres metros y medio de altura, que descansa sobre un cubo de granito negro. En las cuatro caras del pedestal aparecen grabadas las letras que forman el nombre de Gala.

Homenaje a un científico

Se trata de una réplica de una obra existente en el Museo de Figueras, que, a su vez, está sacada del cuadro Fosfeno de Laporte, que Salvador Dalí hizo en el año 1932 como homenaje a otro científico, Gianbattista della Porta.

La escultura está hecha en bronce y representa a un hombre que sostiene un péndulo esférico, en clara alusión a la Ley de la Gravedad descubierta por Newton. A sus espaldas, se eleva el dolmen, que Dalí ideó en forma de trípode, con los soportes convergiendo hacia la parte superior, simbolizando los primeros intentos de la humanidad para desafiar la gravedad. También dio instrucciones a los técnicos municipales de que la figura tenía que tener forma fálica. La figura alcanza todo su expresión, sobre todo, cuando su sombra se proyecta en el suelo.