Historia de la Lotería del Niño: 200 años entre guerras y crisis

Manuel P. Villatoro
El cruel destino de la Duquesa de Santoña

En 1879, María del Carmen Hernández y Espinosa de los Monteros estableció una rifa cuya recaudación sería destinada a levantar el Hospital Niño Jesús. Años después acabó totalmente arruinada.

La Lotería del Niño supone un consuelo agridulce para los españoles. Dulce, por la ilusión que supone tener la posibilidad de irse a casa con los bolsillos llenos de billetes. Agrio, porque aquellos que participan en este sorteo lo hacen (habitualmente) después de no haber ganado ni un euro en la Lotería de Navidad. Sin embargo, y a pesar de que hoy en día todos los que compran un billete lo hacen pensando en su propio beneficio, cuando este juego se creó en el siglo XIX tenía un objetivo bien diferente: subvencionar un hospital para niños en Madrid.

Eso es, al menos, lo que mantiene el investigador español Gabriel Medina Vílchez desde hace tres años. Una teoría que, cuando fue desvelada en 2013, dio respuesta a uno de los misterios más curiosos de nuestro país: el momento exacto en el que nació la Lotería del Niño. Y es que, como explican a ABC fuentes de Loterías y Apuestas del Estado, se desconoce cuál fue su origen. De hecho, lo único que se sabe a ciencia cierta es que se institucionalizó en 1941 por orden del general F. Roldán (Director de Timbre y Monopolios).

La buena Duquesa

Según Vílchez, el honor de haber creado este sorteo le corresponde a María del Carmen Josefa Victoriana Hernández y Espinosa de los Monteros (más conocida como la Duquesa de Santoña). Una mujer que había nacido en Motril (Granada) y que el investigador Rafael Portell Pasamonte define como una señora de «escasa hermosura, más bien entrada en carnes, y de rostro algo adusto». Si coinciden en algo las fuentes es que esta mujer derrochaba bondad y, desde su más tierna infancia, su mayor obsesión era ayudar a los niños desamparados.

«El bienestar económico permitiría al matrimonio llevar una vida de lujo y derroche, siendo célebres las veladas y fiestas organizadas en sus palacios, no obstante, también fueron reconocidos socialmente por emplear parte de su cuantiosa fortuna en obras benéficas, en especial asilos y hospitales infantiles, donde los niños sin recursos pudieran recibir asistencia gratuita. La propia Duquesa de Santoña presidió la “Asociación Nacional para el cuidado y sostenimiento de niños”», explica la investigadora Ana María Estaban en su dossier «La modernidad importada. Madrid 1949-1968».

Esta afirmación quedó clara cuando ella y su marido propusieron a la Asociación de Escritores y Artistas hacerse cargo de la educación de una niña huérfana de siete años. En los años 70 de ese mismo siglo la Duquesa volvió a demostrar su bondad al donar un total de 26.000 pesetas (una suma muy alta para la época) a aquellos pequeños que habían perdido a sus padres durante la guerra. Un ejemplo de lo que implicaba ceder ese dinero se encuentra en que, en 1894, se tasó una de las viviendas de esta noble en 4.827 pesetas.

La rifa

Con este pasado no es extraño que, según Vílchez, la Duquesa se propusiera en 1879 crear un hospital especializado en el cuidado de los más pequeños (el «Asilo y Hospital Niño Jesús»). El proyecto, sin embargo, suponía demasiado dinero para esta mujer y para su esposo. Por ello, ambos idearon una solución alternativa. «El sorteo pudo surgir para buscar algún tipo de financiación adicional con la que hacer frente a todos los gastos que el hospital ocasionaba: los médicos, las enfermeras, los cocineros etc», determina en su investigación este español. El seis de noviembre se puso la primera piedra del edificio.

La Duquesa decidió, además, que el sorteo fuese llamado «Rifa Nacional del Niño» en conmemoración de los más pequeños (aquellos para los que había sido ideado) y que se continuase llevando a cabo año tras año. Posteriormente, y según un decreto establecido por el monarca español Alfonso XII el 24 de julio de 1877, la Duquesa se vio exenta de abonar al estado el habitual 4% del total recaudado: «A todos los que las presentes vieron y entendieron sabed que las cortes han decretado y sancionado lo siguiente: Artículo único. Se exceptúa del impuesto del 4 por 100 con que deben contribuir al Tesoro público todas las rifas el Hospital de niños pobres titulado Niño Jesús». Una medida con la que el rey le quiso dar las gracias.

Un triste final

En 1881, a su vez, la Duquesa se vio recompensado con 96.330 pesetas por la Reina María Cristina en concepto de «reparaciones varias» y «mantenimiento del hospital» cuando el Estado anuló todas las rifas existentes en el territorio. Sin embargo, la española no quiso cobrar jamás ese dinero. La razón la desvela la doctora Clara Jiménez en su tesis «La oftalmología en el hospital Niño Jesús (1893-1940): «Seguramente, la señora Duquesa no quiso cobrarla para no perder el carácter de beneficiencia particular que tenía el hospital».

Nueve años después, nuestra protagonista volvió a hacer referencia al centro en sus memorias cuando valoró económicamente sus bienes. Estos quedaron tasados en 60 millones de pesetas e incluían el «Hospital Niño Jesús y alimentos adelantados al Hospital». Para su desgracia, tres años después confirmó estar totalmente arruinada. De hecho, y tal y como afirma Jiménez en su obra, la Duquesa dijo no tener más que la cama del hotel en la que vivía. Un final triste para una gran benefactora.

Más allá de su suerte, esta rifa fue recuperada en España en 1941 por el general F. Roldán. Aquel año se imprimieron 4 series de 42.000 billetes cada una (a 15 pesetas el décimo), pero no se logró vender el total, sino 166.668 boletos.