Árbol de Navidad
Árbol de Navidad - ABC

El origen histórico de cuatro tradiciones tan festivas como la Lotería de Navidad

Desde el arbolito cargado de regalos, hasta el famoso caganer. Cada uno de estos símbolos es hoy protagonista de las fiestas gracias a siglos y siglos arraigándose en nuestra sociedad

MadridActualizado:

Hace más de dos siglos, allá por 1812, se creó en España la Lotería de Navidad con el objetivo de recaudar dinero para una maltrecha España todavía en guerra contra la Francia de Napoleón Bonaparte. Desde entonces ni las contiendas, ni los vaivenes políticos, han acabado con la curiosa tradición de que los bombos repartan suerte entre los habitantes de este país cada diciembre.

Sin embargo, la Lotería de Navidad no es la única tradición que se mantiene viva en estas preciosas fechas, sino que acompaña a otras que todos replicamos desconociendo, en muchos casos, su origen histórico.

Árbol de Navidad

La historia del árbol más famoso de estas fechas la ofrece Estrella Rodríguez Gallar en su dossier «La Navidad a través del tiempo». En palabras de esta experta, para conocer su origen es necesario retrotraernos en el calendario hasta la época en que Tácito escribió su «Germania». Aproximadamente en el año 98.

Y es que, el autor señalaba ya en las páginas de su obra que los pueblos germanos veneraban a sus dioses en santuarios levantados en mitad de los bosques. «Y no sólo entre los indoeuropeos, diversos pueblos alrededor del mundo han creído en mayor o menor grado en la santidad o en la divinidad de los árboles», explica la autora.

Más allá del pueblo concreto que vio nacer el culto a los árboles, una de las leyendas más extendidas es que fue San Bonifacio (quien vivió entre los siglos VII y VIII) el que generalizó este símbolo navideño entre la cristiandad.

Según explica Rodríguez en su obra, San Bonifacio se topó con el culto a los árboles mientras evangelizaba Europa como misionero. Al considerar estas tradiciones paganas, decidió erradicarlas y sustituirlas por una mucho más cristiana. «Entre sus cometidos se encontraba el de eliminar los símbolos paganos, y uno de ellos decidió que debía ser el árbol venerado», explica.

Se cuenta que, para ello, el religioso cogió un hacha y, ante la mirada de multitud de germanos, cortó uno de sus troncos sagrados. A continuación, plantó en su lugar un abeto (otras fuentes afirman un pino), símbolo del amor de Dios. Finalmente, adornó su obra con manzanas y velas. «Las manzanas simbolizaban las tentaciones y las velas representaban la luz de Cristo», añade la experta.

Pero... ¿Por qué debajo dejamos regalos debajo de él? La respuesta desde el punto de vista espiritual la ofreció Benedicto XVI en 2015 usando las palabras de Juan Pablo II: «Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad».

A nivel histórico, fueron los babilonios los que iniciaron esta tradición. «Para honrar o adorar a Nimrod (o falsos dioses babilonios) los babilonios cortaban un árbol y dejaban regalos debajo de él», explica Mack C. Moore en su obra «Duras lecciones de la Biblia».

Aguinaldo

El aguinaldo es esa «propinilla» que, todas las navidades, reciben los niños que pasan la tarde cantando villancicos de casa en casa. La historia de este regalo la explica ampliamente el doctor en historia Rafael Sánchez Domingo en su dossier «Origen histórico-jurídico del aguinaldo: del strenna romano al salario en especie».

En palabras de este autor, el origen más remoto del aguinaldo comienza en el pueblo celta. Una sociedad donde se conocían con el nombre de «eguinad» aquellos regalos que se daban y recibían en pleno año nuevo. «Los celtas intercambiaban dátiles y frutos secos, como muestra para empezar confortablemente el año», añade el experto. A su vez, Sánchez es partidario de que, ya en esa época, el presente se llevaba a cabo con el objetivo de desear buena suerte y «demostrar satisfacción».

A pesar de que fueron los celtas los que crearon el aguinaldo, los romanos fueron realmente quienes lo generalizaron. Lo hicieron mediante el «strenna» o «strena»: un presente con el que «expresaban los buenos deseos» («congratulationes») a otra persona al comienzo del año, o durante «las fiestas natalicias».

«El origen del aguinaldo se remonta a la iniciativa de Rómulo, uno de los dos fundadores de la ciudad, con motivo de las “congratulationes”, es decir, las felicitaciones para desear buenos augurios o presagios. Las “strenas” o regalos podían ser muy variados, incluso de naturaleza tributaria, según lo hicieran los nobles o los siervos», completa el historiador. Desde entonces, esta «propinilla» se ha transformado poco a poco hasta llegar a la actualidad.

Caganer

Oficialmente es conocido como el caganer debido a su origen catalán. La figura en sí no puede ser más escatológica, pues muestra a un pastor aliviándose en plena noche y (habitualmente) cerca del pesebre en el que ha nacido Jesucristo. La imagen está a día de hoy tan extendida en los belenes de toda España que se han llegado a fabricar todo tipo de personajes famosos haciendo de vientre. Algunos como Carles Puigdemont o Mariano Rajoy. Sin embargo... ¿De dónde proviene exactamente esta curiosa tradición?

Lo cierto es que los historiadores no se ponen de acuerdo en lo que respecta a su origen. Una de las teorías más extendidas es la que recoge Joan Amades en su obra «Montserrat, tradiciones y leyendas» (la cual se ha popularizado gracias al espacio «Ya está el listo que todo lo sabe»).

En este texto se afirma que el origen del caganaer se halla en un relieve de mármol del siglo XVII llamado «La Virgen y la montaña de Montserrat». Una obra en la que se puede ver a la Madre de Dios sujetando a su pequeño en primer plano y, de fondo, varios personajes entre los que se encuentra escondido un caganer. Al parecer, este habría sido el germen primigenio (y religioso) de la peculiar figura.

Sin embargo, otros autores son partidarios de que el origen del caganer bien podría hallarse al final del siglo XVII y XVIII, época que se caracterizó por el gran costumbrismo de los artistas. «El costumbrismo español tiende a representar la tradición y a tratar la realidad con objetividad», explican los autores de «Diccionario Akal de Términos Literarios».

Esta tendencia derivó en la representación cruda del pueblo con el objetivo de dignificar la vida cotidiana y evitar que fuera menospreciada, como hasta entonces había sucedido. ¿Y qué hay más cotidiano que aliviarse?

Más allá de su controvertido origen, existe otra pregunta determinante: ¿Por qué se introdujo en el pesebre? Las teorías de los expertos son varias y han sido recogidas en «Amicsdelcaganer». El propio Joan Amades señala que, durante los ochenta, «la gente decía que con su deposición [el caganer] abonaba la tierra del belén, que se transformaba en fecunda» y que «colocar esta figurilla en el belén traía suerte y alegría y no hacerlo comportaba desventura».

Nada que ver con la teoría del historiador Isidre Vallès: «La figura del caganer está relacionada con las grandes fiestas y comidas paganas con las que se celebraba el solsticio de invierno, y es la personificación de los excesos cometidos»

Villancicos

Hoy en día parece imposible separar los villancicos de la navidad. Para la mayoría de la sociedad, sus letras se corresponden con un período festivo y suelen narrar desde el nacimiento de Jesucristo, hasta la felicidad que llena al mundo por la llegada del salvador. Sin embargo, históricamente su origen es bien diferente. O al menos, así lo afirma José Néstor Valencia Zuluaga en su obra «Panorámica del villancico»: «La palabra villancico es estrictamente castellana, y significa canto villano o canto del pueblo pastoril en la Edad Media», explica.

De la misma opinión es el estudioso del léxico Sebastián de Covarrubias (siglo XVI): «Son las canciones que suelen cantar los villanos cuando están en el solaz […] Pero los cortesanos, remendándolos, han compuesto a este modo y mensura cantarcillos alegres. Ese mesmo origen tienen los villancicos tan celebrados en las fiestas de Navidad y Corpus Christi».

Con todo, la fecha exacta de su origen es incierta. Así lo afirma el filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal, quien sitúa su nacimiento aproximadamente durante siglo XII en las «canciones populares profanas».

El también historiador Francisco José Gómez Fernández es de la misma opinión. Al menos, según lo explica en «Breve historia de la Navidad». Con todo, también señala que su origen es algo turbio: «Algunos historiadores dan crédito a una leyenda que cuenta cómo, en Andalucía, fue un poeta ciego árabe el que dio forma a estos cantos, intercalando una estrofa en árabe con un estribillo en romance».

Más allá de las leyendas, estas canciones profanas se acabaron extendiendo por Castilla y León, Galicia, Portugal Italia y Provenza. «En un primer momento tales composiciones no eran navideñas, sino amorosas y se cantaban en ámbitos nobiliarios, donde los poetas fijaron su forma a finales del siglo XV, pues eran en definitiva poemas musicalizados», completa el experto.

Por entonces la cancioncilla se iniciaba con un estribillo popular seguido de una historia. «Si estas obras se sujetaban a una métrica rigurosa y un lenguaje refinado, el villancico recibía el sobrenombre de «cortés», finaliza Gómez.

Más pronto que tarde los religiosos se percatarion de que este tipo de cancioncillas tan pegadizas eran idóneas para proclamar el mensaje de Jesús. Así pues, fueron modificadas, se les añadió un mensaje evangelizador, y se usaron para difundir el cristianismo. En palabras de Gómez, fue Fray Hernando de Talavera, arzobispo de Granada desde finales del siglo XV, quien creó el primer villancico litúrgico allá por 1492. Canción que sustituyó a sus predecesoras no religiosas.