San Pancracio
San Pancracio

Qué dice el libro de San Pancracio y otras dudas sobre el santo de la Lotería

¿Por qué se le pone perejil a la estatuilla? ¿Qué otras costumbres forman parte de su fórmula «mágica»?

MADRIDActualizado:

«Ha sido San Pancracio», no dejaban de repetir las dos empleadas de la administración de Lotería de la calle de San Sebastián de Madrid que en 1982 repartieron la única serie del 21515, el «Gordo» de Navidad. Pilar Sacristán y Laura Martínez confesaron a todos los medios de comunicación que habían pedido al santo la suerte de vender el primer premio de la Lotería de Navidad. Un San Pancracio presidía su local, con el correspondiente ramillete de perejil. Desde entonces, la popularidad de este santo ha crecido como la espuma entre quienes juegan a la Lotería de Navidad y otros muchos han atribuido su suerte a San Pancracio, aunque muchos desconocen el origen de algunas de las costumbres que le rodean.

ABC, en 1982
ABC, en 1982 - ABC

¿Por qué la estatuilla debe ser regalada?

Se desconoce de dónde nace esta creencia que forma parte de la fórmula «mágica» para que funcione, a decir de «expertos» en supersticiones. La imagen, indican, debe ser robada o regalada. Debe colocarse con el dedo elevado mirando hacia el interior del comercio o de la casa y con una moneda encajada, de aquellas de 25 céntimos si aún le queda alguna olvidada en algún monedero. Si no, lo habitual es colocarle dinero debajo o cerca y acompañar a la figura con un ramo de perejil, según explica Javier Peso en «La religiosidad popular: Antropología e historia I, volumen 1».

¿Por qué se le pone perejil?

La costumbre de acompañar a las imágenes de San Pancracio con un vaso con perejil nació en el convento sevillano de las monjas clarisas de Santa María de Jesús, en la calle Águilas, donde tienen una talla del santo muy popular. «Hace unos años, había una gitana que pedía limosna y ofrecía perejil en las puertas del convento, como ahora hacen otras con romero en los alrededores de la catedral. La gente entraba con el perejil y se lo ofrecía a San Pancracio. De esa ocurrencia de la gitana viene la costumbre», según Carlos Ros Carballar, sacerdote y autor de la obra «San Pancracio, salud y trabajo».

A este San Pancracio le atribuyeron el reparto del tercer premio
A este San Pancracio le atribuyeron el reparto del tercer premio-ABC

¿Qué dice el libro que lleva en la mano San Pancracio?

«VENITE AD ME ET EGO DABO VOBIS OMNIA BONA», que significa: «Venid a mí y os daré todos los bienes». Es una invitación del Evangelio, a seguir y confiar en Cristo, aunque hay quien interpreta el mensaje con un sentido meramente material.

¿Quién fue San Pancracio?

Apenas se saben cuatro datos históricos sobre la vida de San Pancracio, en cuyas hagiografías resulta difícil de deslindar lo histórico y lo legendario. Se cree que este popular santo murió mártir en Roma en tiempos de Diocleciano siendo aún un niño, decapitado con apenas 14 años por no renunciar a su fe cristiana. Cuentan que había nacido en la ciudad de Frigia, la provincia romana de Asia Menor y que su padre era Cleonio, un noble y acaudalado señor, que murió cuando el santo solo tenía 7 años. Fue educado por su tío Dionisio que se aseguró de que su sobrino recibiera la mejor de las educaciones y se trasladó con él a Roma, donde ambos se convirtieron al cristianismo. Pancracio no tardó mucho en ser denunciado al emperador, que había sido amigo de su padre en tiempos remotos. Diocleciano lo interrogó y furioso por la negativa del joven a renunciar a su fe, ordenó decapitarlo. Un cementerio y una basílica con su nombre testimonian en la Vía Aurelia Antica de Roma el lugar de su martirio y el origen de su culto.

¿Se conservan sus restos?

En la basílica de San Pancracio, levantada en el sitio de la tumba del santo por orden del Papa Símaco en el siglo VI, se conservan sus reliquias bajo el altar mayor. Ros Carballar cree que «probablemente serán estos los auténticos restos del santo, porque las reliquias de san Pancracio tuvieron durante la Edad Media una fama inusitada». San Pancracio pasó a formar parte de los llamados «santos sanadores» medievales, un puñado de santos (San Roque, San Sebastián...) cuya devoción ha ido pasando de generación en generación. En San Pancracio, la gente puso su confianza aclamándole como abogado del trabajo y la salud. En el sepulcro del santo, la lápida reza: «En este lugar se devuelve la salud a cuantos a él llegan con enfermedades, y muchos beneficios de curaciones se otorgan a cuantos con fe sincera a él acuden y se acercan».