Recreación de cómo será la laguna, hoy tóxica y en 2020 limpia - ABC
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En marcha el plan para retirar el vertido tóxico de la «laguna negra» de Arganda

La balsa acumula 50.000 metros cúbicos de aceites, el equivalente a 20 piscinas olímpicas

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Ya se ha dado el pistoletazo de salida para recuperar la balsa artificial de residuos tóxicos situada en el término municipal de Arganda y dentro de un paraje de indiscutible valor ecológico como es el Parque Regional del Sureste. Acumula 50.000 metros cúbicos de aceites altamente contaminantes, algo así como 20 piscinas olímpicas o cinco cosos taurinos. No se puede pedir responsabilidades por delito ecológico porque ya han prescrito. La Comunidad de Madrid quiere tener la laguna limpia y dispuesta para el disfrute público en 2020.

El presidente del Gobierno regional, Ignacio González, tiene previsto visitar hoy miércoles esta zona. Ayer, su consejero de Medio Ambiente, Borja Sarasola, dió todo lujo de detalles de cómo serán los trabajos, complejos y largos, de la descontaminación de la «laguna negra» de Arganda.

Lo primero que recordó Sarasola es que «estamos ante el mayor proceso de recuperación medioambiental de un espacio natural contaminado por hidrocarburos desarrollado, hasta ahora, en España y, además, uno de los más importantes de toda la Unión Europea». Los trabajos tienen un presupuesto de 15 millones de euros. Se espera que la Unión Europea (UE), a través de su Programa Life, subvencione la mitad, lo que no se sabrá hasta noviembre de 2014.

Hoy, esta balsa cubre una superficie de 6,41 hectáreas y contiene esos 50.000 metros cúbicos de residuos procedentes del vertido —ilegal— y regeneración de aceites industriales usados muy contaminantes, así como otros 70.000 metros cúbicos también de suelo contaminado.

El objetivo del proyecto de descontaminación de la balsa tóxica y de los suelos es devolver al entorno natutal en que se encuentra una laguna de agua de uso público que se sume a las 123 que ya existen en el Parque Regional del Sureste, un enclave único por el paso de aves, por ejemplo, el halcón peregrino, el milano y el búho.

La «laguna negra» (llamada así, más que nada, por su color), está a 800 metros de varias zonas urbanas de Arganda y muy cerca de láminas de agua de interés ecológico. De hecho, se ubica en un área calificada con distintos usos posibles: agrario, forestal, recreativo, educacional, equipamientos ambienales y usos especiales.

Delito que prescribe

La catrástrofe ecológica se produjo entre los años 1989 y 1995. En estos seis años se produjo el vertido continuado, e incontrolado, de aceites usados por parte de una sociedad constituida por las empresas Ulibarri y Pigsa. Este delito ecológico ha quedado impune porque en aquellos años tal delito prescribía, como decimos, a los tres años.

Pasa el tiempo y las empresas se disuelven pero el aceite tóxico sigue con muchos obstáculos legales y administrativos para pedir daños y perjuicios. En diciembre de 2008, y ante la imposibilidad de proceder judicialmente contra los responsbles del vertido, la Comunidad de Madrid compra la parcela por 50.000 euros y se compromete a recuperarla. Este no es, por tanto, uno de esos casos donde impera el mandato de «quien contamina, paga».

Es tal el grado de acidez y corrosión de la balsa que, medio en broma medio en serio, Sarasola comentó ayer: «Creo que si metes un dedo, te quedas sin él». Por si acaso, desde 2010, la Consejería de Medio Ambiente ha instalado medidas disuasorias para evitar que las aves se posen en la balsa tóxica porque serie su muerte segura. Por lo visto, una de esa medidas tiene que ver con un sistema que cada minuto, aproximadamente, simula un disparo, lo que asusta a las aves y hace que cambien de rumbo.

Ya hay un equipo, material y humano, para acabar con la «laguna negra» en el que participan Administración, técnicos, una ONG medioambiental e investigadores. Así, la empresa Tragsa se encargará de ejecutar la obra civil; Imidra (pública), dará soporte científico y recuperación de los suelos; Seo Birdlife se ocupará de la comunicación y el uso público y, por último, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), apoyará con su soporte científico y de descontaminación.

A las cementeras

Los trabajos preparatorios, ya en ejecución, tratan de inspeccionar la parcela y de concretar el impacto ambiental. Después habrá que proceder a la retirada de los aceites tóxicos acumulados. La tarea es complicada. Los expertos han dividido la balsa en cuatro capas. Las dos primeras (A y B), se extaerán, en principio, a base de bombeo. Después, los residuos se llevarán a cementeras debidamente preparadas pero que están fuera de la región madrileña. Allí, el aceite se reciclará y, después, la cementera podrá usarlo como combustible. La capa C es la más tóxica y necesitará retroexcavadoras. En una zona de maniobras instalada junto a la balsa tóxica, se procederá a la neutralización de los ácidos para que el residuos quede limpio de ellos y pueda ser trasladado, sin peligro, a la cementera. Sobre la capa más profunda, la D, dicen los expertos que es impermeable. ¿Eso qué significa?. Pues que hasta que no se llegue a ella no se tendrá la certeza de cuál es la mejor técnica para tratarla o, si es posible, dejarla donde está.

Otras catástrofes

El Ejecutivo regional quiere iniciar las obras en el segundo semestre de 2014 y que los madrileños puedan disfrutar de una laguna limpia y llena de agua en 5 y 6 años, es decir, en 2020.

Desde la Consejería de Medio Ambiente recuerdan que la balsa tóxica de Arganda «es un caso singular» por estar en una zona aislada y dentro de un espacio Natura 2000. Antecedentes tiene algunos: la balsa de lindano en el aeropuerto de Sondica (Bilbao); los vertidos de ácidos y metales pesados de Aznarcóllar (cerca del Parque Nacional de Doñaña), y, también, el contaminación xenobiótica del embalse de Flix, en Tarragona.