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La ciudad que gobiernan los niños

En 1970 el arquitecto «Tío Alberto» tuvo un sueño: construir la Ciudadescuela Muchachos, un lugar donde los niños en desventaja social pudieran tener una vida normal

Día 27/11/2012 - 01.44h

A quince kilómetros del centro de Madrid, desde un edificio donde está incrustada una señal que reza «Aduana», Montse Herrera custodia una frontera que separa dos mundos. Al cruzarla, el ruido del denso tráfico de la Avenida Doctor Fleming, una de las arterias más concurridas de Leganés, deja paso a un silencio plácido, apenas interrumpido por los gritos y las risas de los niños que juegan un poco más allá; casas bajas y pequeñas calles. Se trata de la Ciudadescuela Muchachos (CEMU), un gigantesco albergue para niños en desventaja social, donde estos tienen un papel clave a la hora de tomar las decisiones de gobierno.

La ciudad que gobiernan los niños
Billete de la CEMU

Aunque se trata de un mundo de niños, ella bordea los cuarenta. Sin embargo, aún mantiene la vitalidad de una jovencita, que se aprecia en el entusiasmo con el que recibe a las visitas. «Aquí somos como un pueblo», explica. «Tenemos nuestro propio Ayuntamiento, nuestro banco, una emisora de radio, una peluquería, un taller de bicis…». Es una microciudad dentro de una ciudad.

En las cuatro hectáreas de extensión de la CEMU, donde viven más de cincuenta niños, también hay una sala de juegos —el Casino—, ahora reconvertida en albergue, piscina, zonas ajardinadas y una zona deportiva. Fundada en 1970 por el arquitecto leonés Alberto Muñiz, a quién todos aquí llaman «Tío Alberto», pretende ser un lugar donde rehabilitar y ayudar a niños desamparados, procedentes de familias desestructuradas o que hayan cometido algún delito. «El Tío Alberto se inspiró en el Circo de los Muchachos, Benposta, fundado en 1956 en Galicia», explica Maia Ordóñez Gallego, la directora pedagógica del centro. «Él asesoró al padre Silva, su creador, y quiso hacer lo mismo cuando se trasladó a Madrid para ayudar a los niños».

Cuna de «El Pera»

Muchos de los alumnos que llegan a la CEMU tienen expedientes extremos, pero los chicos suelen acabar rehabilitados. «De aquí han salido médicos, e incluso un economista que trabaja en Nueva York», explica Montse. Pero quizás el más famoso de ellos es Juan Carlos Delgado, el Pera. A finales de los setenta, cuando tenía entre siete y once años, se dedicó a atracar bancos, de los que huía a toda velocidad conduciendo coches robados. Después de pasar por decenas de reformatorios, acabó en la CEMU. Hoy es probador de coches y hasta ha llegado a dar clases de conducción para el Ministerio del Interior. En 2006 incluso se hizo una película sobre su vida, «Volando voy», dirigida por Miguel Albaladejo.

También fue el caso de la propia Montse. «Yo llegué a los trece años. Mandaron mi expediente desde Canarias. Nadie lo quería. Me echaron de Canarias, después de tenerme cuatro meses en un cuarto. Cuando llegué aquí me dijo: “¡Anda! Si no eres verde… Y pensar que me habían hablado tanto de ti”. Luego me preguntó: “¿Qué sabes hacer?” Le respondí que nada. “Eso es imposible”. Entonces dije: “Bueno, sé escribir a máquina”. Y me subió con él».

Una «Constitución» propia

Ahora Montse está orgullosa de haber estudiado en la CEMU y de formar parte del proyecto del Tío Alberto. «Creemos en la educación en libertad», afirma. «Para nosotros el menor tiene derecho a voz y voto». Los propios niños son quienes gobiernan la ciudad, supervisados por la Asociación de los Muchachos. «El gobierno de la CEMU es una de nuestras particularidades», afirma Maia. «Ponemos en práctica lo que llamamos Juego ciudadano, que se basa en la participación activa de los niños. Cada dos años se convocan elecciones, donde se elige al alcalde, al teniente de alcalde, al secretario, al promotor de Orden, al promotor de Ciudadanía y al delegado de Hacienda».

El actual alcalde es Hansa, que tiene diecisiete años. «Fue el segundo más votado —recuerda Montse—, pero la anterior alcaldesa se fue al cumplir los dieciocho y el chico ocupó su lugar». En las elecciones de la CEMU, el que pierde las elecciones también pasa a formar parte de la Corporación municipal, en lugar de dedicarse a lo que Montse califica como «una oposición absurda».

La convivencia está regulada por normas que deciden los propios chavales, que se reúnen todos los jueves. «También tenemos nuestra propia Constitución», explica Montse. «El prólogo lo redactó Gloria Fuertes, que fue muy amiga del Tío Alberto».

Lee el reportaje íntegro en Madrilanea

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