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Galicia

Cuatro ricas telas de la Catedral fueron de Margarita de Austria

La basílica de Santiago restaurará las valiosas colgaduras del XVII descatalogadas en sus fondos y cuyo origen acaba de ser descifrado

abraham Coco - abcengalicia - Santiago - Actualizado: Guardado en: Galicia

De repente, un fogonazo cuando casi no había esperanzas permite obtener un hallazgo histórico. Julio Vázquez, historiador de la Universidad de Santiago, estaba estudiando un diario de peregrinación inédito —del que hace algunas semanas informamos en ABC— cuando acudió a la Catedral compostelana. Diego de Guzmán, que visitó la tumba del Apóstol en 1610 en nombre de los reyes para cumplir un voto, aludía en su escrito a unas ricas colgaduras que la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, habría donado a la basílica gallega. Hacía tiempo que se les había perdido la pista y en el Museo de la Catedral no permanecían expuestas. Cuando estaba a punto de marcharse de vacío, Ramón Yzquierdo, director del centro, lo recordó:había unas viejas telas cuyo origen no habían sido capaces de desentrañar. Y tras verlas, la ecuación encajaba. Cuatro piezas se ajustaban a la descripción.

Puede parecer un hallazgo repentino, pero es de esos que surgen en un estudio minucioso y sosegado. El descubrimiento servirá para ampliar el inmenso patrimonio textil de la Catedral jacobea, mucho del cual no se encuentra expuesto. La falta de espacio o la ausencia de referencias como ocurría en este caso suelen estar detrás de esta situación. Consultados al respecto, desde el templo avanzan a este periódico que la intención ahora es restaurar las colgaduras de Margarita de Austria para que pasen a engrosar el amplio patrimonio de sus salas museísticas.

Su inclusión se enmarcará dentro de una reforma más amplia de la planta —la última— en la que se encuentra toda la colección de tapices, doce de ellos de Goya, tejidos medievales vinculados al relicario de Santa Susana, colgaduras de Felipe IV o el Gallardete de la Nao Capitana de la Santa Liga en la Batalla de Lepanto de 17 metros y que hasta septiembre puede verse completamente extendido en la muestra temporal del Camino de la Ciudad de la Cultura.

De Italia a Compostela

Las colgaduras fueron llevadas por Diego de Guzmán en su peregrinación desde Valladolid —con un séquito de unas veinticinco personas— poco antes de que la reina muriera. Fueron transportadas por mulas de carga con destino a la capilla mayor de la Catedral. Un maestro de la Corte participó en la expedición —con la que se agradecía al Apóstol su intercesión en la expulsión de los moriscos de España— para encargarse de tomar medidas y cortarlas a su llegada a Santiago. Se trataba, según documentó Diego de Guzmán, de «seis paños de a çinco baras de cayda, con que se cuelga toda la capilla mayor, un dosel, un frontal para el altar del glorioso apostol y un paño para detrás del santo». Su riqueza encandiló tanto a canónigos del cabildo como a peregrinos.

Vázquez, cuyo estudio ha sido publicado por Alvarellos Editora, aclara el origen gracias a Diego de Guzmán:fueron un regalo de Fernando I de Médici, Gran Duque de Toscana. Su valor se estimaba en 10.000 ducados. Hasta ahora, «su mal estado de conservación y el hecho de carecer de datos históricos sobre su procedencia las hacen pasar desapercibidas y por ello estar casi descatalogadas», escribe el profesor de la USC. De hecho, la fotografía que acompaña a esta información sólo había sido publicada antes en su reciente libro.

Las telas sufrieron diversos avatares. Bordadas en hilo de plata, este le fue extraído para otros usos después de que hacia 1759-1760 la colgadura se retirara. Los inventarios dejaron de anotarlas. El dosel, por ejemplo, se quemó en un incendio en la sala capitular. No obstante, Vázquez advierte que futuros estudios podrían identificar alguna otra pieza.

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