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Fin del veto a Fene: Adiós a 30 años «de condena»

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Hace cinco días, en la antaño Astano y hogaño Navantia Fene caía un Muro de Berlín. A diferencia del verdadero, no dividió en dos a la localidad —más unida, de hecho, ante la avalancha de adversidades—, sino que impidió al astillero desarrollar aquello para lo que, paradójicamente, estaba destinado: los barcos. El muro, levantado a base de restricciones a la construcción naval civil, se vino abajo por el tiempo, no por la fuerza. Y eso que no faltaron promesas electorales a lo largo de los años. Bruselas estableció una fecha de caducidad para el castigo heredado desde la década de los ochenta: el 31 de diciembre de 2014. Con la última campanada de Nochevieja, Fene volvió a ser un astillero libre.

Hace cinco días, toda la comarca de Ferrolterra se tragaba la última uva de una «injusticia que nunca debió producirse». Las palabras del presidente del comité de empresa de Navantia Ferrol y del comité intercentros, Ignacio Naveiras, son compartidas por los dos alcaldes de una zona separada por un puente y hermanada por una misma causa. Para el regidor de Fene, Gumersindo Galego, han sido «treinta años de condena» en los que la antigua Astano fue obligada a reinventarse en varias ocasiones. Su homólogo ferrolano, José Manuel Rey Varela, evalúa el «daño» causado analizando «las propias cifras de desempleo», superiores al 30%.

Sucesivas reconversiones

Hubo un tiempo mejor. En pie desde los años 40, la industria pronto se convirtió en la columna vertebral de la economía local, así como referente mundial en la construcción de imponentes petroleros. Los apenas 300 trabajadores de hoy en día sumaban más de 6.000. Eran los años 70, dorados para el naval ferrolano. Pero la entrada en la Comunidad Económica Europea, traumática para casi todos los sectores gallegos, supuso el primer varapalo para el astillero, el primer veto y el inicio de una saga de reconversiones. Astano se dirigió entonces hacia «un mercado muy específico y muy especializado», las plataformas offshore, recuerda el alcalde de Fene. Y cuando parecía que consolidaba su resurgimiento, apareció el «segundo veto», un «segundo descabezamiento» que apenas dejaba margen más allá del sector militar. Fue el gobierno socialista de Zapatero, poco después de que la fusión con la antigua Bazán originase la hoy conocida Navantia, quien prorrogó las limitaciones para no pagar una multa millonaria.

Unas restricciones que no sólo afectaron a Fene, sino a todo el grupo en general (tanto al norte como al sur), pues la producción de barcos civiles nunca podría superar el 20% de la facturación anual. Ahora se abre una nueva etapa para todos ellos. Los astilleros de la comarca ferrolana, que estos últimos años fueron sobreviviendo con encargos australianos antes del desembarco de Pemex, miran hacia la eólica marina. Días antes de expirar el veto, Iberdrola anunciaba el primer contrato para Fene: la construcción de 29 estructuras metálicas denominadas «jackets», bases para los molinos eólicos marinos que la empresa instalará en un parque alemán. «Aquí siempre estamos empezando», señala Galego a ABC, en referencia a las múltiples reconversiones de la planta.

Más allá del eólico marino

Este nuevo mercado «potencial» es sólo el inicio de una oportunidad mayor, pues tanto Naveiras como los dos regidores de la zona abogan por no estancarse en este ámbito. «No tenemos que renunciar a nada, debemos seguir avanzando en otros proyectos que puedan complementar las potencialidades del sector naval», recomienda Rey Varela, quien entiende la «diversificación» como clave. Así, pone como ejemplo la oferta de alquiler de Gestamp, «un proyecto compatible con otros usos del terreno», asegura a este medio.

También el regidor vecino solicita «abrir el astillero al mercado y en todos sus ámbitos», lo que para él sería una justa «indemnización» tras estas tres décadas de restricciones. Sabedor de que la eólica marina «no tiene el mismo valor añadido que un barco», se muestra esperanzado porque «este tipo de trabajo necesita buques de apoyo o la ayuda en el montaje de la industria auxiliar», también en números rojos.

El discurso de los sindicatos, a excepción de las críticas por «falta de voluntad política» en el sector, coincide con el de los anteriores. Naveiras hace hincapié en los «buques ligados a esta actividad» y amplía el horizonte. «Entre la capacidad productiva de las instalaciones, las propias plantillas y el capital humano que tenemos engordando las listas del paro, los astilleros de la ría de Ferrol pueden hacer cualquier proyecto que se les presente», señala. Hace cinco días se abrió la mayor oportunidad para el naval de la comarca en los últimos treinta años. Los barcos militares, pero también civiles, volverán a montarse al otro lado de la ría.