Los puestos inundan la zona vieja compostelana
Los puestos inundan la zona vieja compostelana - Muñiz

El futuro del comercio compostelano: la «turistificación» de la zona vieja

El «boom» del Camino ha variado la estampa del casco antiguo, ahora repleto de tiendas de souvenirs y recuerdos

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En la última década, los escaparates del casco antiguo compostelano han sufrido una llamativa evolución. Los productos del campo que se presentaban en sus mostradores han cedido el puesto a las tartas de Santiago, y las prendas de temporada se han convertido en camisetas y sombreros logotipados con la flecha del Camino. Todo un abanico del merchandising que la ruta jacobea ofrece a quienes completan su etapa final que, paso a paso, ha colonizado el comercio de la zona antigua. Así lo sienten, al menos, algunos de los empresarios más longevos del área, que dan por consumada la reconversión en tiendas de souvenirs de muchos de los negocios de la zona. Un fenómeno que va de la mano del auge en la llegada de peregrinos a Santiago —sobre todo internacionales— y que, como toda moneda, tiene una doble cara.

La lectura más positiva de esta «turistificación» del comercio de la zona histórica la hacen los comerciantes que aguantan el tirón de la crisis gracias al desembolso de los peregrinos. «Hay clientes que salen de aquí vestidos. Los ves con las botas rotas, pero sacan la Visa Oro sin problema», comenta Charo, propietaria de una tienda de ropa y complementos que abrió sus puertas hace unos meses en la Rúa Nova. Sin contemplaciones, esta empresaria reconoce que los turistas que la ciudad recibe en la temporada esti val ayudan a equilibrar las cuentas del año. «Un buen verano te puede solucionar el invierno», afirma convencida de que el futuro del comercio local pasa por incrementar su oferta para atraer clientela. Por eso decidió apostar por las calles de la zona vieja para asentar su negocio. Y no ha sido la única. «En el último año han abierto unas cinco o seis tiendas de ropa en las calles de por aquí. Si conseguimos convertirnos en reclamo para la gente de Santiago, el comercio de la zona vieja volverá a ser lo que era hace diez años, cuando esto estaba lleno de niños y las familias compraban en él», recuerda apoyada en su mostrador.

El mismo empeño comparten otros comerciantes de arterias emblemáticas como el Franco o la Rúa del Vilar. «El problema es que la mayoría de la gente que vive en Santiago y alrededores viene al casco antiguo a pasear y no a comprar», comenta la dueña de una tienda de lanas que se aferra a los clientes de toda la vida para soportar el paso del tiempo y los envites de las grandes cadenas, el principal enemigo del pequeño comerciante.

Cercano y de calidad

Por las calles que rodean la Catedral transitan ahora centenares de peregrinos que se mezclan con los pocos residentes que quedan en la zona antigua. Algunos de ellos son fieles a los negocios «de siempre», muchas de ellas tiendas en proceso de extinción a las que están abonados por la calidad de sus productos y el trato cercano. Hay clientes contados que se mudaron a la zona nueva hace años, pero mantienen la costumbre de comprar en el ultramarinos de la esquina «porque hay productos que no encuentro en ninguna otra parte». Uno de los locales que sobreviven a la presión de las grandes superficies es un pequeño bazar de alimentos de la plaza de Cervantes en el que no hay colas, pero sí una actividad continua. «Hay que apoyar el mercado local» , reclama su dueño mientras sirve a una clienta con la que comenta el género.

En encontrar el equilibro entre la dinamización del comercio tradicional y la proliferación de tiendas al amparo del «boom» turístico que vive la ciudad podría estar la solución al desgaste del pequeño tendero. Pero los problemas que la zona antigua acumula van más allá. Siguiendo la tendencia marcada por las tiendas de recuerdos turísticos, los locales de ocio y restauración se han multiplicado en los últimos tiempos. Tanto, que algunos de los hosteleros que más años de actividad soportan a sus espaldas exigen ahora un control sobre la apertura de nuevos locales. Piden que se limiten las licencias de apertura esgrimiendo que la ciudad está masificada.

Con un futuro incierto que pasa por hacer hueco a las necesidades de los turistas sin perder la esencia del negocio tradicional, los comerciantes de la zona vieja se aferran a la calidad de sus productos como ventaja competitiva frente al tirón de las grandes superficies. «Lo que vendemos es de calidad y esa es la diferencia que debemos explotar. Aquí se venden cosas que no encuentras en ninguna otra parte del mundo», afirma la dueña de una tienda de costura que, por lo que pueda pasar, ya ha abierto una tienda on line.