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Nuevos tiempos para el socialismo

Día 09/09/2013 - 10.31h
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Todo debe cambiar, pero esta vez, más allá de lo que el Príncipe de Salino quiso en verdad. Un nuevo socialismo en un nuevo tiempo político. De lo contrario, la travesía en el desierto y la desafección y sangría de votos irá in crescendo. Gómez Besteiro ha ganado abrumadoramente las primarias del socialismo gallego. Las bases han participado. Han elegido. Pero no han sido todas, apenas se ha rebasado la mitad. La fractura aún sigue abierta, la fractura de la desilusión. El desenganche. Hace falta discurso, programa y línea clara de acción. Más allá de principios, más allá de falsas demagogias y discursos vacuos para la galería. Recuperar espacios, recuperar un centro izquierda del que nunca ha debido irse el socialismo para ser rehén en el campo y caldo de discurso de otras opciones con patentes de originalidad.

Besteiro ha hecho durante estos meses una campaña discreta pero intensa. Ha sido suficiente. No ha ilusionado, pero sí convencido con un discurso tranquilo. Fuera de la liza los Caamaño, Vázquez, Blanco y la opción del sur, Caballero y familia, el panorama era muy esclarecedor. Ahora tiene dos retos difíciles y complejos que se agudizan por momentos en la familia socialista gallega, el liderazgo y un programa. Más importante éste que aquél pues de liderazgos es bastante huérfano el socialismo pero también la política en casi todo el panorama nacional. También internacional. Sin liderazgo se puede ganar también, y hasta hace bien poco, también sin programa. Gómez Besteiro, tiene todo por hacer. Recuperar a un partido noqueado, fracturado y dividido por localismos y poco cohesionado en un proyecto de y por Galicia. Escribir y reescribir un programa serio, creíble, solvente y dentro de lo mejor que ha tenido y aún tiene la socialdemocracia.

Horas bajas en el socialismo gallego. Horas muy bajas. Donde reubicarse también desgasta, el desgaste de no encontrar un discurso propio, convincente. Ese es el reto, el que parte también de saber muy bien qué espacio se quiere ocupar. Y ello empieza por el debate, por la cohesión, por unir y no dividir o condenar al ostracismo socialista a quién discrepa internamente o se opuso. Una ejecutiva ha de ser el espacio natural de toda sensibilidad política dentro de un partido y no una apisonadora no discrepante y falsamente armónica. Y esto debería ser así, en toda formación política. Lo malo es la miopía, el egoísmo o creerse herederos y poseedores de toda verdad. La única. Y, ésta, tanto en política como en todo lo demás, simplemente no es ni existe.

Más allá de conciliar y armonizar una voz única y no dual que se repetirá al menos por el momento al no ser parlamentario el nuevo secretario general que en unos días conformará su ejecutiva, la altura de miras y la cintura política harían bien, y serían una buena carta de presentación, lanzar propuestas y pautas de acuerdo en los verdaderos problemas de este país, al presidente Feijóo. Más allá de la trinchera política y el partido, está Galicia. Sería una buena forma, y necesaria, de empezar.

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