Merche Peris posa en la piscina del Consejo Superior de Deportes
Merche Peris posa en la piscina del Consejo Superior de Deportes - JOSÉ RAMÓN LADRA
DEPORTE FEMENINO

Un idilio con la natación

Merche Peris vive con pasión en esa casa que para ella es la piscina, que le hizo campeona de Europa, que le dio un bronce mundial o que le hizo soñar en Pekín

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Sencillamente se trata de un apasionado idilio con la natación y de una apología veraz del deporte. Merche Peris Minguet (Valencia, 5/1/1985) se conmueve al bucear por sus adentros para relatar una vida intensa en el alto rendimiento. Y la cuenta con una mirada brillante, con los gestos, con las manos,… mientras conversa sin perder de vista los ojos de su interlocutor para subrayar su historia, pero sin dejar de escrutar la piscina -en las instalaciones del Consejo Superior de Deportes-, que es su «casa» y un generador de experiencias desde que empezó a nadar con ocho años con Manuel Miralles, que es un fundamento en su carrera, en el colegio Salesianos San Juan Bosco. Lo suyo con el alto rendimiento llegó pronto; era una pura sangre de la natación. Con catorce años, disputó su primer Europeo absoluto en piscina corta. Doce años después, en 2012, en Debrecen, se convertía en campeona continental en 50 metros espalda. Por el camino, sendas preseas de bronce mundial y europea, logradas en 2010, un récord de España en 50 metros espalda, o una participación olímpica en Pekín 2008.

Merche acumula veinte años en la natación y siempre se ha caracterizado por su capacidad para vaciarse y esforzarse. «A mi deporte siempre le he dado el ciento por ciento de mí. Siempre he intentado dar lo mejor a la natación, a mi familia y a mi país», significa la valenciana, al tiempo que considera que lo que ha recibido de su disciplina «son valores y experiencias, que luego creo que me van a servir para el resto de mi vida: constancia, disciplina, capacidad de sufrimiento para aguantar los entrenamientos y cuando ya no puedes más, seguir adelante, o saber disfrutar de los buenos momentos».

Se mantiene con ganas y gestiona su carrera, reorientada a la velocidad con el entrenador polaco Bart Kizierowski desde que se quedó fuera de los Juegos de Londres por siete centésimas -ese año fue campeona de Europa-, desde el prisma de la experiencia y el hecho de que todavía «me ilusiona». El contacto con el agua dice que «automáticamente es concentración máxima. Llega un momento en que mejorar es cuestión de detalles que requieren concentración. Me gusta nadar, si no, no llevaría tantos años. Me siento realizada».

La nadadora ha tenido dos experiencias olímpicas. Una, en Pekín, hecha realidad. La otra, la de Londres, un sueño que se escapó por siete centésimas después de un año con muchos problemas físicos, pero que no le impidieron ser campeona de Europa. La experiencia de Pekín es mayúscula en su carrera: «Fue lo más grande que he disfrutado en la vida. El Mundial y los Europeos son impresionantes, pero los Juegos son increíbles, indescriptibles. Y luego si puedes compartirlo con la familia, ni te cuento. En mi caso, estuvieron allí».

Motivación intacta

Aquello, sobre todo, se lo dedica a sus padres. «Desde pequeña, mi padre me llevaba a las seis de la mañana a entrenar, me llevaba a las competiciones, me soportaba. El día que conseguí la mínima, estaba mi madre. Mi padre había acompañado a mi hermana pequeña a su partido de baloncesto y se repartieron, claro. Cuando acabé, miré hacia donde estaba ella y lo primero que pensé fue ‘ya está papis, lo hemos conseguido, estamos en los Juegos’», recuerda la valenciana, que se emociona al recuperar de su memoria esos momentos y reconoce que «me parezco a mi madre. Soy muy pasional. Lo que siento, lo digo. Y quiero poder transmitir las experiencias para que las personas me puedan entender y que vivan un poco lo que he vivido yo. Si tengo la oportunidad, estaré encantada de ayudar a los futuros deportistas».

¿Piensa en Río? Merche se refiere a esto desde el poso que le da la experiencia. «Me encantaría ir a Río. Pero tengo que ir con mucha cautela. No quiero agotarme pensándolo. Quieras o no, llevas casi veinte años y sabes cómo funciona y cómo son las temporadas. Me agoto de pensar que dentro de dos meses tengo un campeonato de Europa, imagina los Juegos. Si lo hago quiero estar convencida de que voy a estar al máximo y lo voy a hacer bien. Si no, no lo hago».

Vive el momento. Y su vida la sigue pensando desde la natación -también el futuro-. «La motivación y la ilusión son básicas», subraya la nadadora. ¿Y que le sigue motivando? «Mejorar un poquito más. Sé que todavía no he dado en el tope. Además, la quinta plaza del Mundial del año pasado es una espinita que me gustaría quitarme e intentar luchar por las medallas. Cuando vea que mi tope ha llegado, quizás ya no haya objetivos», asegura.

«Es mi vida»

Merche sigue el plan junto a su entrenador. Seis horas de entrenamiento diario entre el gimnasio y la piscina. Se siente privilegiada por estar en la Blume y por contar con el apoyo del CN Santa Olaya, que le acogió con los brazos abiertos. Aunque su disciplina, como muchas otras, lo cual lamenta, es de las que económicamente el deportista lo pasa mal: «Este año he tenido problemas para comprar la suplementación». No piensa en dejar todavía lo que es «mi vida» y explica que «voy año por año. Tienes que tener la misma motivación para entrenar al nivel que lo hacemos. Tengo objetivos y si me respetan las lesiones y sigo teniendo la misma motivación, seguiré».

Su idea futura es transmitir y ayudar a otros deportistas. Experiencia tiene sobradamente. Y acumula títulos y horas de entrenamiento y competiciones. Y vivencias en Valencia, en la Blume, en el CAR de Barcelona, en Tenerife, donde se preparó el año de Pekín -esa temporada sólo vio dos veces a su familia-, o el aprendizaje con Miralles, Fernando Tejero, Carlos Carnero, Jordi Murio, José Antonio del Castillo o el propio Kizierowski.