Los alumnos del curso de yoga adaptado en plena sesión
Los alumnos del curso de yoga adaptado en plena sesión - rober solsona
sociedad

Yoga en la silla de ruedas

El festival en el campus deportivo de la UV permite practicar todas las modalidades de esta disciplina de origen hindú

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Jesús García es tetrapléjico y, para sorpresa de muchos, es un adicto al yoga. Él es una de las primeras personas con diversidad funcional que aceptaron hace ocho meses el reto de introducirse en esta disciplina física y mental de origen hindú, que hasta ahora parecía vedada a los colectivos con problemas de movilidad. Sus monitoras, Laura Piquer y Cristina Miranda, se propusieron demostrar que todo el mundo puede aprovechar los beneficios del yoga: equilibrio y quietud mental, flexibilidad y tonificación muscular, entre otros muchos. Juntas fundaron hace un año y medio la asociación Arunai, que ofrece servicios adaptados a todo tipo de necesidades especiales, desde invidentes y sordos hasta autistas y personas con problemas neurológicos como parálisis cerebral.

El festival Spring Yoga, cuya primera edición se desarrolla este fin de semana en el campus deportivo de la Universitat de València (Avenida Menéndez Pelayo), ha incluido entre sus actividades esta nueva modalidad, que aporta una nueva dimensión al ámbitode los deportes adaptados. ABC asiste a una de estas clases grupales, que también sirven como cursos de formación para otros instructores. «Comenzamos con este proyecto porque nos dimos cuenta de que la mayoría de servicios que se ofrecen a estos colectivos son de carácter asistencial y solo cubren necesidades básicas, olvidando a menudo las relacionadas con el desarrollo emocional», explica Cristina, psicopedagoga y maestra de educación especial.

«En el yoga adaptado partimos de recursos comunes como la respiración, el canto de mantras (que genera una vibración muy relajante en el cuerpo) y la reeducación postural. Las posturas (también llamadas asanas) que implican movimiento se adecúan a las posibilidades de cada alumno», comenta Laura, especialista en kundalini yoga y kinesióloga. Por ejemplo, en el caso de una persona con tetraplejia, el movimiento de caderas se puede realizar con ayuda de una pelota de pilates, y la postura de la pinza (estiramiento de piernas con flexión tronco hacia delante) puede conseguirse elevando las piernas con una silla y ayudando a completar el movimiento de forma asistida, presionando suavemente por detrás.

Otras herramientas, como cinturones y gomas elásticas, van conformando la lista de recursosincluidos en el manual que está preparando la asociación Arunai para suplir la escasez de literatura existente en el campo del yoga adaptado. Paralelamente, la UV acogerá próximamente un curso en el que participarán instructores de yoga, fisioterapeutas y profesores de educación física, en busca de sinergias que ayuden a ampliar este nuevo campo de investigación, del que podrían beneficiarse más de 3,8 millones de personas en España.

«Al principio algunas personas son reacias a bajar de la silla o realizar movimientos que llevan años sin intentar, lo que es comprensible porque realmente suelen tener los miembros contraídos y con muy poca flexibilidad. Nosotras tratamos de "cambiarles el chip"», apunta Laura, que insiste en que ésta es una práctica «muy sensitiva, que debe hacerse con mucho cariño». Desde su experiencia, el yoga se ha demostrado especialmente efectivo para ayudar a estos colectivos a tomar conciencia de su situación, aceptarla y relacionarse con ella del mejor modo posible. «Es un gran avance, tanto para la discapacidad como para el yoga general».

«La gente que me conoce me nota»

«Yo era el secretario de la asociación que creó en Valencia el primer gimnasio adaptado a personas con discapacidad en España. Un día se presentaron allí Laura y Cristina ofreciendo clases de yoga. Yo les dije que era imposible, pero me convencieron, y hoy en día los resultados son visibles para mí y para la gente de mi alrededor», explica Jesús, de quien nadie diría que está a punto de cumplir cincuenta años.

«Gracias al yoga he empezando a tener una conciencia de mi cuerpo que antes no tenía. Se supone que no tengo sensibilidad, pero hay determinados ejercicios que me han hecho descubrir que sí la tengo internamente. Además, he ganado mucha elasticidad, y todo el mundo que me conoce me lo ha notado. Realmente estoy encantado y me he convertido en un incondicional».