punto de fuga

Mas y la Liga Norte

«Roma ladrona», «Espanya ens roba!». Un discurso, dos mentiras

josé garcía domínguez - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Cuando el estraperlo, el pan negro y el gasógeno, esto es cuando la autarquía y el aislacionismo, por aquella España estigmatizada únicamente se dejaba caer, y muy de tarde en tarde, algún sultán mahometano de tercera regional. La tradicional amistad con el mundo árabe, ya se sabe. Lo mismo que, de un tiempo a esta parte, le viene sucediendo a nuestro Garibaldi local. Así, amén del indio del turbante y el caballo, el del bodorrio hortera en el Palau Nacional, el personaje internacional de superior relumbrón que ha concedido acercarse a la Plaza de San Jaime resulta ser el jefe de la Liga Norte, un absoluto apestado en cualquier foro respetable. He ahí no solo el único inquilino europeo de Mas, sino también el único apoyo explícito que el proyecto secesionista ha logrado cosechar en el planeta todo. Se llenan la boca hablando de Gandhi, de Mandela, de Jean Monnet, de Adenauer. Pero, al final, lo que tienen es la Liga Norte, una banda de zafios, xenófobos, ignorantes, populistas y corruptos. Razón última de la vergonzante discreción de los propios convergentes, buenos conocedores de la catadura ética y estética de sus amigos transalpinos.

A Artur Mas le gustaría verse reflejado en De Gaulle o en Adenauer ante el espejo de la Historia. Pero ahí está ese pequeño demagogo de baja estofa, el tal Roberto Maroni, un vulgar ventajista presto a hacer caja con el cuento de la Padania, para recordarle quién es su genuino “alter ego”. “Roma ladrona”, “Espanya ens roba!”. Un discurso, dos mentiras. Porque ni Cataluña ni Lombardía resultan ser cisnes negros, insólitas anomalías impositivas fruto de una hacienda estatal vampírica, sino prosaicos pollos comunes; esto es, áreas, como tantas otras de Europa, afectadas por los saldos fiscales típicos de las naciones con asimetrías espaciales de renta. Nada, salvo el mezquino particularismo, distingue sus respectivos flujos tributarios de los del resto de los países de Occidente. Dios los cría y ellos se juntan.

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