Cataluña / canto

Gruberova en el Liceu, siempre una fiesta

Día 19/11/2013 - 10.10h
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A sus 67 años, la diva oficial del Liceu fue despedida con 35 minutos de aplausos

Recibida con una ovación por sus incondicionales y despedida con 35 minutos de aplausos, lluvia de claveles rojos y octavillas (en las que se leía «Gruberova y Liceu: ¡siempre una fiesta!»), ramos de flores, pancartas y hasta una tarta que le pasó un admirador desde la platea, el recital que Edita Gruberova ofreció el domingo en el Liceu quedará en los anales del Gran Teatre como casi todas las sesiones que protagoniza esta cantante tan querida por los liceístas. En origen se trataba de una intimista sesión de «Lieder», pero los bises, generosos, exigentes y a su altura, devolvieron a la Gruberova de la pirotecnia siendo vitoreada por el entregado público.

El sello de la cantante eslovaca se puso de manifiesto en casi todo momento, incluso en esa primera parte dedicada a canciones de Schubert, lejos de su poderío «belcantista», pero fraseados desde su terreno, controlando los pianísimos en «Nacht und Träume» y aliñando todo con ese fraseo edulcorado con el que siempre seduce. La segunda parte mostró una Gruberova más reconocible, comenzando con tres hermosas y lucidas canciones de Rajmaninov servidas, sobre todo la primera de ellas, con la marca de la casa más acentuada que nunca, es decir, poquísimas notas atacadas limpiamente y sin el uso y abuso de apoyaturas. Después se concentró en Richard Strauss conquistando con joyas como «Breit’ über mein Haupt dein schwarzes Haar», «Einkehr» —que tanto recuerda a su referencial Zerbinetta— o «Waldseligkeit», todo ello contando con un Alexander Schmalcz maravilloso desde el piano, un cómplice delicioso.

A sus 67 años, la que ha venido siendo la diva oficial del Liceu en las últimas dos décadas volvió a reeditar sus éxitos locales, siendo aclamada también por una abundante representación de admiradores muy jóvenes. En la tanda de propinas se mostró igual de generosa que siempre, comenzando los regalos con «Ständchen», de Strauss, seguida de la acaramelada «Villanelle», de Dell’Acqua, una espectacular y graciosa «Ombre légère» de la ópera «Dinorah» de Meyerbeer para terminar de epatar con «O luce di quest’anima», de «Linda di Chamounix», en pleno delirio. Una noche inolvidable tanto para la cantante como para un público fiel y entregado.

Recital de Edita Gruberova

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