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Carta de un amigo de Lalo García

«Nos lo pasamos bien. Crecimos juntos. Nos reímos. Ganamos a veces... a veces perdimos. Fue genial haber compartido aquello contigo. Donde hayas ido Lalo óyenos»

Fotografía cedida por Juan Antonio Espeso
Fotografía cedida por Juan Antonio Espeso - ABC
JUAN ANTONIO ESPESO - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Para todos era «Lalo García», la superestrella del Fórum Filatélico. Para mí era «Lalo», ni más ni menos.

Ahí está, justo a mis pies, abajo a la izquierda. En la foto que nos hicieron con nueve años cuando aprendíamos a botar y meter la pelota en aquellas canastas enormes en el patio del Colegio La Salle. En la época en la que soñábamos ser algún día los Epis, los Corbalanes, los Magic Johnson que admirábamos en los partidos que bajábamos a ver a la cafetería «Basket».

Recuerdo el 23 de febrero del 81 cuando estábamos entrenando en aquellas canchas y alguien interrumpió el juego porque decía que pasaba algo raro en el Congreso de los diputados. Nos apelotonamos alrededor del R-5 de Michel a la puerta del colegio para oír allí las noticias que confusamente iba dando la radio hasta que el hermano Saturnino nos manó a cada uno a su casa.

Fueron cientos y cientos de horas juntos. Hasta que la noche caía y cansados volvíamos a nuestras casas. Cuántas finales. Cuántos partidos. Miles de tiros, de entradas, de pasos defensivos, de partidos, de tiempos muertos, de pases, de asistencias, de rebotes.. Miles de unos contra unos, miles de flexiones, miles de gritos.. !Botó, botó!, ¡Press!,¡Defensa! ,¡Puño!, ¡La dos!. ..

Fueron miles de risas.

Él cumplió nuestro sueño. Jugó con los grandes. Estuvo en la misma cancha que Sabonis, Schmidt Becerra, Antonio Martín, Drazen Pétrovic .. Triunfó donde los demás solo veíamos anhelos imposibles. Él los vivió por todos nosotros. Todos seguimos su carrera con envidia deportiva de amigos y compañeros. De algún modo nos sentíamos viviendo el sueño a través suyo. Lalo jugó en el Fórum y en la selección... y fue el alma del equipo. Del profesional y antes también de aquellos alevines que no levantábamos un palmo del suelo. Era el cachondo del vestuario. El gamberro que despuntaba con su tiro. El alero divertido. El que imitaba a nuestro entrenador en el vestuario haciéndonos estallar a carcajadas. El que nos animaba a todos en los descansos con aquel gesto tan suyo de tocarnos el culo con gracia. El que nos motivaba a todos. Estoy desolado. Su vida me hace pensar. ¿Si el único de aquella foto que tuvo el éxito que todos deseábamos fue desgraciado qué nos queda a los demás?

Rikki-Rakka-Zumba-Rakka...

Era nuestro grito. Juntábamos las manos en el centro del círculo y gritábamos para insuflarmos coraje ante enemigos que nos sacaban dos cabezas. Luego la vida siguió para todos. Nos hicimos mayores. Lalo y yo fuimos vecinos un tiempo incluso ya de adultos… Y a los problemas cotidianos ya no les valía con un simple grito de guerra de críos.

Nos lo pasamos bien. Crecimos juntos. Nos reímos. Ganamos a veces... a veces perdimos. Fue genial haber compartido aquello contigo. Donde hayas ido Lalo óyenos. A Miki, a Gil, a Javi, A Quique, a Randy, a Quico, a Antonio, a Javi Sanz, a Vidales, a Mariano, a Luis, a Dani, a Chema, a Aspas, a Jesús..

Te has ido. Pero sigues aquí. En nuestros recuerdos. En todas aquellas horas de entreno. En las carcajadas, en las jugadas, en el trote de calentamiento alrededor del campo de unos enanos que todavía no sabían de qué iba la vida. Tristemente tu nombre quedará ligado para siempre al Pisuerga. Para lo malo, pero sobre todo para lo bueno. Que la tierra te sea leve amigo. Hasta siempre Lalo...

Rikki-Rakka-Zumba-Rakka…

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