Lois: historia de un legado cultural
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Lois: historia de un legado cultural

Este pequeño pueblo de la montaña leonesa en el que ahora sólo viven cuarenta personas ha sido la cuna de una serie personajes «ilustres» que marcan todavía su presente

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Lois es un pueblo «orgulloso» de sus raíces. Esta pequeña localidad enclavada en la montaña leonesa puede presumir de haber contado con «ilustres» vecinos. Allí nacieron un ministro del Gobierno, tres obispos, dos académicos de la RAE (Real Academia Española), un fiscal de la Real Audiencia de Sevilla, un miembro del Consejo Real y Supremo de las Indias, un regidor perpetuo de Ciudad de La Plata (Perú) o un gobernador político y militar de Sámar (Filipinas). Todos ellos forman parte de un pasado «glorioso» que marcó a varias generaciones y que hoy todavía pervive, aunque difuminado por la huella del tiempo.

Ahora cuenta con apenas 40 habitantes «residentes y resistentes», como a ellos les gusta decir, y esa época de «esplendor» ha quedado relegada al recuerdo y la memoria de unos vecinos que se niegan a olvidarla. Lois ha sufrido con el paso de los años el declive reservado para los pequeños núcleos de población que, alejados de las urbes, luchan como pueden por su supervivencia. Según cuentan, el pantano de Riaño y el cierre de las minas de Sabero supusieron el «hundimiento» definitivo de la zona, su práctica despoblación.

Sin embargo, este pequeño pueblo todavía goza de «peculiaridades» que lo diferencian de otros lugares. Su interés por la formación académica ha quedado reflejado, por ejemplo, en la capacidad de sus mayores para entender el Latín. Tal y como indica la vocal de la asociación local La Cátedra de Lois, Carolina del Blanco, ésta era la «base de los estudios» que allí se ofrecían y es raro encontrar a día de hoy a un vecino de más de sesenta años que no tenga conocimientos de esta lengua.

Este gusto por la cultura hay que situarlo siglos atrás. Entre 1600 y 1800 Lois vivió una época de auténtico «esplendor», marcada por el asentamiento de dos familias nobles que apostaron por el pueblo. Pedro Rodríguez-Castañón Valbuena (1665) y su hermano Jerónimo, diez años menor, fundaron en Lois dos instituciones académicas que marcarían el devenir de la zona: la Escuela de Primeras Letras y la Cátedra de Estudios de Gramática. Estos dos centros -de carácter gratuito para los vecinos- permitieron que todos, sin excepción, tuvieran acceso a la educación. Así, según Del Blanco, se ofreció la posibilidad de que «los más capaces» pudieran seguir estudiando, «aunque éstos fueran de familias pobres».

Miseria e ignorancia

El tesorero de la Asociación La Cátedra de Lois, Jesús González, subraya que el pueblo logró, gracias a estas instituciones, un índice de analfabetismo «prácticamente de cero» en un momento en el que en España «la miseria y la ignorancia eran algo generalizado» y los estudios estaban reservados exclusivamente a «los ricos». Según cuenta, las dos escuelas «fueron la base del auge cultural en Lois», las responsables de su amplio listado de personajes «ilustres» y las que «dieron a la educación la importancia que ha tenido para el pueblo». En esta misma línea, Del Blanco apunta que «quizá en otros lugares se diera más valor a otras cosas, pero aquí se le daba a la formación».

De la Escuela de Primeras Letras apenas quedan recuerdos. Se desconoce la fecha de su desaparición e incluso el lugar en el que estaba ubicada. Sin embargo, La Cátedra logró superar el paso del tiempo y se mantuvo en funcionamiento hasta 1965, según González. De esta última se mantiene todavía en pie su edificio que, aunque deteriorado por el paso de los años, sirve a los vecinos de muestra de lo que un día fue Lois.

El alcalde pedáneo, Elías Díez, destaca que hoy todos miran «con orgullo» a su pasado y, pese a que el tiempo en el que este pueblo leonés estaba ligado a grandes cargos a nivel nacional e internacional «ya ha pasado», el «gusto por saber» todavía se mantiene.

Son muchas las anécdotas que los habitantes y descendientes de la zona tienen en la memoria. Jesús González, de 56 años, aún recuerda cómo su tío Elías -que fue el último dómine de La Cátedra- les ofrecía cada noche lecciones de Historia o Matemáticas. «Me sentaba en sus rodillas, con mis primos alrededor, y todos le escuchábamos. Su afán no era contarnos cosas normales, aunque no había televisión para entretenernos, lo suyo era transmitir su conocimiento», subraya.

Búsqueda de las raíces

Desde la Asociación La Cátedra de Lois persiguen mantener estos recuerdos y el pasado «vivos». Con más de 200 socios, este colectivo tiene como «misión» recuperar y poner en valor las tradiciones, la cultura y «sacar a la luz aspectos de la vida en el pueblo y de los personajes que hubo en Lois». Como parte de esta labor, y aprovechando la celebración del 300 aniversario de la RAE, este sábado se rendirá un homenaje a los dos académicos nacidos en la localidad, Alonso Rodríguez-Castañón Valbuena y Pedro Manuel Álvarez-Acevedo. El primero de ellos ocupó el sillón «C» en 1717, sólo cuatro años después del nacimiento de la Real Academia Española, y el segundo el «T» en 1721.

En Lois todos esperan con «emoción» este acto. «Es una forma de recuperar nuestras raíces y de ensalzar y recordar a dos personajes que tuvieron una función importante», afirma Carolina Del Blanco. La programación prevista incluye un acto académico conmemorativo en la iglesia del pueblo en el que participarán el presidente de la Real Academia Española, Manuel Blecua, y los académicos José María Merino, Luis Mateo Díez y Salvador Gutiérrez.

Tras una pequeña charla, se organizará una marcha cívica hacia la escuela, donde se descubrirá una placa en homenaje a los académicos. Para finalizar la jornada, las historias de Luis Mateo Díez y José María Merino animarán el Filandón que se celebrará en La Casa del Humo. Lois no olvida su pasado y su huella pervive.