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La vida en una maleta

La autora vallisoletana Mar Sancho reúne algunos de sus cuentos, reconocidos con prestigiosos galardones, nacidos de sus idas y venidas por medio mundo

Día 25/11/2012 - 21.09h
La vida en una maleta

Llega a las librerías una nueva entrega en prosa de Mar Sancho, respaldada por dos avales de incuestionable valor: el tantas veces atestiguado talento de la escritora vallisoletana, y el hecho de que los dieciocho deliciosos relatos hospedados en este libro recopilatorio han sido merecedores de los premios de narrativa más prestigiosos que se convocan en España. Sendas credenciales deberían bastar como argumentos de peso para recomendar la lectura inexcusable de Leningrado tiene setecientos puentes.

Pero una vez que el lector se abisma en el devenir de esas historias galardonadas y se pone a bucear entre la tinta de sus páginas, descubre centenares de razones que refuerzan su convicción de encontrarse ante un gran libro de cuentos; una obra agradablemente presentada que trasciende a su contenido puramente literario. Porque este hermoso y abigarrado ramillete de relatos no es sólo un muestrario de breves joyas escritas, sino una guía de viajes esplendorosa, un mapamundi de paisajes, diseccionados de forma fascinante con la escritura elegante y envolvente de una mujer valerosa y nómada, que vive apegada a sus maletas, y que retrata en sus escritos, con la hermosura de un orfebre de la palabra impresa, infinidad de lugares a los que la gran mayoría de los mortales sólo podrían acudir con la imaginación propia o con la que pone a su disposición una autora que urde en verso sus hilos de prosa, para dotar a cada uno de sus relatos de la resistente delicadeza de una fina pieza de seda.

Mientras se avanza en la nutritiva lectura de estos cuentos exuberantes, se tiene la sensación de que Mar Sancho los ha escrito sin someterse a cronologías, entre los resquicios que le dejaban sus viajes, pero escabulléndose mientras lo hacía de los agobios y de las prisas, en la sala de embarque de un aeropuerto populoso y ultramarino, en el asiento incómodo de un tren traqueteante que surca pesadamente las estepas siberianas, o sobre la cubierta de un buque mercante que la conduce de la tierra segura a un nuevo territorio ignoto, al que dota enseguida de una magia singular y atractiva. Pero, por encima de todo, se palpa en ellos esa sensación acaso borgiana de que la vida siempre discurre en otro lugar diferente al que habitamos. Por eso, no resulta extraño que rubrique en Miami un recuerdo del valle Esgueva, o que comunique telefónicamente a un pastor de Pozaldez con una desconocida rusa.

Así el libro se convierte en un itinerario abierto, en el que cada relato se desarrolla en un escenario y un ambiente totalmente diferente al resto. Recorre los confines del mundo Mar Sancho con el visor de su pluma, desde Argentina a la India, desde Rioseco a Montevideo, desde Alaska a Leningrado, o desde las plazas anegadas y enmohecidas de Venecia a los islotes más lejanos de la remota Oceanía; para acercarnos todos esos lugares con el singular magisterio de su verbo en ocasiones casi cinematográfico, y siempre atiborrado de detalles minuciosos que dotan a los textos de una riqueza que engancha desde sus primeras líneas, hasta que los remata con su dulzura característica, no exenta a veces de ironía, de dolor o de dramatismo, pero esmaltada en todo momento con una pátina de normalidad que convierte en cercanos a personajes como un maharajá indio, una prostituta palestina o un vendedor de huesos de Friday Harbor.

Autora solvente y fiable

Pero no debe afrontarse la lectura del libro únicamente como si fuera un profuso catálogo de agencia para viajeros que preparan unas vacaciones pintorescas. Leningrado tiene setecientos puentes es una obra literaria de gran envergadura, rubricada por una de las autoras más solventes y fiables de su generación, una escritora que se maneja en cualquier género con la desenvoltura de un delfín en la inmensidad del océano. Y eso lo pone de manifiesto a lo largo de estás historias trufadas de anécdotas escuchadas, de evocaciones y de recuerdos añorados, de vivencias y de contemplaciones testimoniales de unos protagonistas tremendamente humanos, que vienen y van, ajenos a la época y los lugares en los que su creadora los ha asentado, dotándolos de una vida tan personal y propia que todos resultan solventes y creíbles, y están perfectamente definidos y retratados, gracias a un lenguaje mimetizado a cada situación y a cada momento con la precisión de un reloj suizo.

En todos los casos maneja Mar Sancho el tiempo narrativo con delicada suavidad, logrando que el lector quede como hipnotizado por la fuerza de la historia, por la personalidad de sus protagonistas, por la fastuosidad que impregna al escenario, más allá de que se trate de un concurrido mercado de Bombay o de un soportal de la vallisoletana Fuente Dorada. Y así se lamenta que llegue sin avisar un desenlace que, en la mayoría de los casos, saca a relucir su vena poética, puesta también de manifiesto en numerosas frases que llenan de un almíbar agradable cualquier paladar.

Como lamenta un servidor no disponer de más espacio para seguir refiriendo y defendiendo los más de setecientos motivos que hacen absolutamente recomendable la lectura de esta obra, Leningrado tiene más de setecientos puentes, que no hace sino atestiguar que su autora está llamada a ocupar en breve un lugar destacado en el podium que acaparan los grandes de nuestras letras.

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