Los africanos albinos, una condena grabada en la piel
Ana Yturralde

Los africanos albinos, una condena grabada en la piel

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La situación de los africanos con albinismo en el continente «negro» es estremecedora. Los despectivamente llamados «fantasmas negros de piel blanca» son considerados poseedores de la mala suerte o brujos por justo lo contrario. En Senegal no sufren la persecusión física extrema como en Tanzania, pero sí violencia continua y discriminación dentro y fuera de su hogar.

Los «pune», como los denominan en su idioma, son objeto de constantes humillaciones en medio de la miseria. «Al ser blancos, la gente cree que se pueden contagiar si los tocan. El miedo y el desconocimiento hace que se los trate así», explica Raúl Celda Montalt, presidente de la Fundación por los Derechos Humanos 10.12.48, que desarrolla proyectos de apoyo para esta minoría en el país.

La vida de un albino senegalés, se han contado unos 2.500 censados, transcurre en unas condiciones de marginalidad más acentuadas que en las del resto del poblado. Nadie les quiere, a excepción de su familia si es que no los han abandonado. Su esperanza de vida apenas supera los 43 años, afirma Raúl Celda, y la mayoría llega a desarrollar un cáncer de piel mortal por la falta de pigmentación y la exposición de su piel al fuerte sol africano, entre otros factores.

Además, se quedan prácticamente ciegos. El aislamiento, los nulos recursos económicos para atender las secuelas de su desorden genético, unido a las creencias y prejuicios populares que les estigmatizan, los han convertido en los africanos «blancos» con un SOS grabado en la piel.

La fotógrafa Ana Yturralde acerca su realidad a Canarias a través de una treintena de imágenes en una exposición abierta desde hace pocos días en Casa África. Titulada «Albino, bajo la sombra del sol», se trata de un proyecto llevado a cabo en colaboración con la Fundación por los Derechos Humanos 12.12.48 y pretende llamar la atención, sensibilizar y educar sobre este drama humano.

En este momento, la Fundación realiza una campaña de escolarización de niños y niñas albinos y un proyecto de cooperación internacional para el desarrollo en Tambacounda (Senegal), interviniendo directamente en tres sectores: sanidad, educación y promoción del autoempleo. «Les hemos llevado al oftálmologo en el hospital. La consulta costaba 3 euros. Es increíble, nunca habían ido», lamenta el presidente de la Fundación.

La desgracia, en patera

El Archipiélago canario, epicentro de la tragedia de las pateras al sur de Europa y norte de África a mediados de la década pasada, asistió estupefacta en 2009 a la desgracia de ser un negro blanco. Se llamaba Moszy. Llegó en cayuco a las costas de Tenerife y nada más desembarcar solicitó asilo a las autoridades españolas. Con 18 años entonces escapaba despavorido de la República de Benín por nacer negro y tener la piel blanca.

La exposición en Casa África permanecerá abierta hasta el 16 de abril y muestra, desde la sensibilidad y crítica social que caracteriza la obra de Ana Yturralde, especializada en retratos y fotoperiodismo y premiada por su trabajo «When blacks are white», la vida cotidiana de los albinos residentes en Dákar. También se proyectará el documental «Joyce» de Luis Arellano.