sentido común

Desmarque patronal

Y así hasta repetir la misma melodía de un fuero que pretendía compensar nuestras «especiales dificultades» y que nos ha colocado a la cola de toda estadística

pablo zurita - Actualizado: Guardado en: Canarias

Que se reúnan y que hagan declaraciones, perfecto; y además juntitos, como debe ser. Los empresarios canarios hablaron, anunciaron que no tienen ni idea del REF que se negocia en Madrid y aclararon que estarían atentos, pero sin ejercer de puente entre las administraciones autonómica y estatal… no vaya a ser que alguien malintencionado sugiriera interés de parte.

Crítica light sin molestar, por si las moscas. Denuncian el enredo legislativo que dificulta las inversiones en Canarias como una patología crónica sin tratamiento conocido y recurren a los mismos tópicos para enjugar las lágrimas de seis largos años de crisis: qué malo condescender.

Si los empresarios no toman la iniciativa, aviados estamos. Qué podemos esperar los ciudadanos si quienes ponen la pasta, crean empleo y pagan impuestos, pasan y se conforman con lo que les venga dado.

Ya no somos la tía buena objeto del deseo, nos hemos pasado de estrechos, con perdón, al poner todo tipo de trabas a los usos del suelo, al sobreproteger, al subvencionar sin ton ni son, al no garantizar unas claras reglas del juego; mucho proxeneta y poco indio.

Conformismo, sí, porque sus representantes no salen a la calle a exigir un trato justo en los tribunales de lo social o un criterio coherente en la inspección de Hacienda o una acción contundente contra el fraude y la economía sumergida que dificulta la competencia en igualdad de condiciones. Pero, ¿qué digo?, pensará usted; describo el drama cotidiano, porque esos son los problemas de los empresarios, los obstáculos del día a día, los que aburren y hacen tirar la toalla.

En Canarias los que tienen trabajo aguardan la jubilación y su paguita, los que no lo tienen, su ayudita y seguir con los cáncamos, el empresariado busca otras plazas donde invertir y los políticos… ay, los políticos, que no tienen idea de ventas ni de balances ni de organizaciones.

Son maestros o funcionarios, sin desmerecer a unos ni a otros, y confiamos ilusos en que acierten en la negociación del nuevo REF, nada menos, aunque los hayamos dejado solos. Y entonces insisten en la RIC, porque no saben que la Agencia Tributaria interpreta a su albedrío, y apelan a la condición de pobrecitos nosotros, europeos ultraperiféricos, para conseguir dinero para sostener negocios ruinosos.

Y así hasta repetir la misma melodía de un fuero que pretendía compensar nuestras «especiales dificultades» y que nos ha colocado a la cola de toda estadística. Pidamos valentía a la patronal, que acepte el reto y que proponga, en conciencia, que canalice nuevas ideas y otro enfoque para nuestra relación con España y con Europa, más abierta, con más instrumentos y menos servidumbres.

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