Imagen tomada el día de la inauguración de la estación de Canfranc, el 18 de julio de 1928
Imagen tomada el día de la inauguración de la estación de Canfranc, el 18 de julio de 1928 - archivo abc
sociedad

Canfranc: el viejo nido de espías que pretende despegar con el esquí

El Gobierno aragonés lanza un proyecto de 60 millones de euros para conectar desde esta localidad fronteriza tres estaciones de esquí

Actualizado:

La estación de Canfranc volverá a recibir dinero para avanzar en su restauración: un millón de euros que el Gobierno aragonés va a destinar en iluminación artística, rehabilitaciones y acondicionamientos internos en parte de este viejo y monumental edificio. Se acaba de anunciar, a la par que se ha presentado otro ambicioso proyecto: la unión de tres grandes estaciones de esquí del Pirineo aragonés —Candanchú, Astún y Formigal— a través de una red de once kilómetros de telesillas, telecabinas y remontes, que tendrán como punto de partida en Canfranc.

Allí llegarán los esquiadores, allí dejarán sus coches y allí podrán coger los telesillas para llegar a cualquiera de las tres estaciones, que de esa forma se convertirían conjuntamente en el mayor dominio esquiable de España y en uno de los mayores del mundo. Un ambicioso proyecto que se ha planteado para ser ejecutado a lo largo de diez años, en cuatro fases, y en el que habrá que invertir 60 millones de euros que el Gobierno aragonés espera cubrir mediante fórmulas de colaboración público-privadas que aún quedan por definir.

Inaugurada en 1928, ejemplo de belleza arquitectónica y de majestuosa dimensión, la estación de Canfranc se pensó para que fuera una de las grandes de Europa, monumental puerta de paso ferroviario entre España y Francia. En la II Guerra Mundial fue nido de espías, de secretos, de operaciones encubiertas.

Durante meses, soldados y oficiales nazis formaban parte del vecindario de este pequeño pueblo del Pirineo oscense. Controlaban los movimientos en una estación que era estratégica para Hitler: desde ella partían hacia Alemania trenes cargados de wolframio para nutrir la industria armamentística germana, y a Canfranc llegaban vagones con oro de los nazis.

Del olvido a la restauración

Pasada la gran contienda que desangró Europa, la monumental estación languideció de forma inexorable. Aparcada en favor de los pasos transfronterizos laterales del País Vasco y Cataluña, la línea férrea Canfranc-Oloron cerró a principios de los años 70. Durante 40 años, abandonada, la estación entró en ruinas. A finales de 2005 comenzó a rehabilitarse el majestuoso edificio. Nueve millones de euros se invirtieron en un proyecto que se vio bruscamente interrumpido por la crisis, porque para la tercera gran fase hacían falta 30 millones, se había pensado financiarlos en gran parte con una operación inmobiliaria y llegó el descalabro del ladrillo.

Ahora se emprenden nuevas iniciativas para dar el lustre a Canfranc: que sea base del mayor dominio esquiable de España y que las obras de restauración de su histórica estación den un paso más, aunque sea discreto.