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José María Carrascal

La opinión de José María Carrascal

Caballos y camellos

Más que el techo de deuda, que es astronómica, lo que está en juego es el alma de los Estados Unidos

Día 18/10/2013 - 14.28h
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Más que el techo de deuda, que es astronómica, lo que está en juego es el alma de los Estados Unidos

«LOS proyectos de ley entran en el Capitolio como caballos y salen como camellos», reza un viejo proverbio de Washington. A veces, como camellos renqueantes, como este apaño de última hora para aplazar el aumento del techo de deuda hasta el próximo febrero, cuando empezará de nuevo el baile. Pero de momento, se ha evitado que los Estados Unidos cayeran en la bancarrota, lo que hubiera significado un terremoto fuerza 9 en las finanzas internacionales, ya nada firmes.

Perdedores, en cambio, han sido los protagonistas: la entera clase política USA. Toda ella, sin excepción, ha salido chamuscada. A la cabeza, el Partido Republicano, cuya fractura entre el ala derecha minoritaria y populista del Tea Party y el centro moderado ha quedado en evidencia, con todos los agravantes que trae la bicefalia ante la opinión pública. Que se lo pregunten a nuestro PSOE. Pero tampoco los demócratas han salido muy airosos y el propio Obama carga con el lastre de no haber sabido evitar la crisis, como se supone a un gran líder. Salva, sí, su reforma sanitaria, que era lo que buscaba, pero tantas veces va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

Más que el techo de deuda, que es astronómica y se salva sólo porque los chinos siguen comprándola, convirtiéndose en los más fervorosos creyentes del capitalismo norteamericano, lo que está en juego es el alma de los Estados Unidos. Obama representó ya de por sí una bomba en el mismo por ser negro y, además, «progresista» en el sentido que aquí le damos, aunque haya demostrado con Guantánamo, Bin Laden, los «droner» y las escuchas electrónicas que puede ser tan duro y poco respetuoso con las normas como el que más. Pero no le ha quitado de encima el sambenito de «querer convertir nuestro país en otra Europa», que rechazan la mayoría de los norteamericanos, republicanos o demócratas. De aquí a febrero, pues, tendrá que aplicarse para no volver a encontrarse en otro apuro como el de los pasados días, ya sin la seguridad de que salga de él con un camello renqueante, como ha ocurrido.

Pues esa minoría que ha conquistado el Partido Republicano no está dispuesta a rendirse ni a consentir que «nos roben nuestro país», como clama. Desde Europa puede parecer ridículo, pero es que Europa, desde muy antiguo, no ha hecho otra cosa que mirarse el ombligo. De ahí que olvide que los Estados Unidos fueron fundados por un pequeño grupo de «peregrinos» fieramente religiosos, individualistas, orgullosos y conservadores hasta la médula, que huían de una Europa en guerras y en ruinas. A los que se han unido oleadas de emigrantes de otros continentes que huían de lo mismo y siguen pensando lo mismo, ya que cada país es producto de su historia, aunque todos creen que la de los demás es como la suya. Algo no cierto.

Sólo así se entienden la tragedia y la grandeza de los Estados Unidos de América, país no homologable.

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