POSTALES

La hora de la Justicia

José María Carrascal - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Si hubo delito tendrán que decidirlo los tribunales. Pero que hubo una gestión desastrosa, con daños a España y a millones de españoles, es evidente

ME crea dudas el ingreso en prisión, incondicional y con el caso todavía en estado de instrucción, de Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid. Pero no lo rechazo ni lo critico. Si es verdad que hay que respetar la presunción de inocencia, no menos hay que respetar los autos de los jueces, aunque sean tan controvertidos como don Elpidio José Silva. Más, cuando, no los altos magistrados, sino los jueces de instrucción y primera instancia parecen haberse decidido finalmente a buscar las causas de los inmensos daños causados a España por los responsables de determinados bancos y buena parte de cajas de ahorro durante los pasados años y del dolor infligido a millones de españoles de las clases media y baja. Si hubo delito en este y otros casos parecidos, tendrán que decidirlo los tribunales, pero de lo que no cabe la menor duda es de que hubo una gestión desastrosa, como muestra el enorme agujero que dejaron en las instituciones a su cargo. Solo eso los descalifica profesionalmente y hace preguntarse cómo llegaron a puestos de tanta responsabilidad siendo tan irresponsables. Pues lo más grave es que han jugado con suicida frivolidad con los ahorros de toda la vida de trabajadores que han visto evaporarse lo que consideraban un refugio para su vejez o situaciones de urgencia. Quiero decir que, incluso si no hubo delito en su gestión, hubo negligencia dolosa que hace preguntarse ¿en qué manos estamos?

¿Y qué me dicen de los hombres y mujeres en torno a esos mandamases? ¿De esos consejos de administración que secundaban sus decisiones insensatas con idéntica insensatez? Personajes y personajillos todos ellos de la clase política y aledaños, como muestran las listas de tales consejos, llenas de nombres afines al PP, al PSOE, a IU, a la CEOE, a CCOO, a UGT, el establishment de nuestra democracia, convertido en su primer beneficiado, con sueldos y dietas astronómicas, lo que aclara quién los puso ahí y el silencio que ha seguido. ¿Es que no les va a pasar nada? Lo menos que podría exigírseles era que respondiesen con su patrimonio personal a los daños causados, con lo que podría aliviarse la suerte de algunos damnificados, al tiempo que se sentaba un ejemplo para que en el futuro no volviera a repetirse tamaño aventurerismo.

Y, por último, pero no menos importante, como dicen los norteamericanos, ¿qué hay del papel interpretado por las autoridades, las del Banco de España incluidas, que permitieron se cometiesen todas esas tropelías, hasta que su propio volumen las hizo explotar? ¿Es que van a irse de rositas? ¿Es que no va a exigírseles responsabilidades? El gobierno debe ser consciente de que, junto a los sacrificios que está pidiendo a todos los españoles, hay un importante segmento de ellos que se sienten engañados, robados, estafados por una plantilla de desaprensivos metidos a financieros por el propio sistema político, y que ahora piden, no venganza, sino justicia. Españoles que no volverán a confiar en las instituciones mientras no vean que los culpables reciben el trato que merecen.

Y la confianza, como bien sabe el gobierno, es la base ineludible de toda recuperación.

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