Un centro de refugiados en Frankfurt
Un centro de refugiados en Frankfurt - EFE

Las violaciones comenzaron antes de Nochevieja en los albergues de refugiados de Alemania

Los sucesos de Colonia podrían ser solamente la manifestación más visible de un fenómeno que afecta desde hace meses a un número creciente de mujeres jóvenes y niñas

Corresponsal en BerlínActualizado:

Las agresiones sexuales de Nochevieja en ciudades alemanas podrían ser solamente la manifestación más visible y concentrada de un fenómeno que viene afectando desde hace meses a un número creciente de mujeres jóvenes y niñas alojadas en albergues de refugiados en este país. Según informes elaborados por los trabajadores sociales que ejercen en estos albergues, muchas de ellas están siendo violadas, agredidas sexualmente e incluso obligadas a ejercer la prostitución por hombres solicitantes de asilo.

El hecho de que estos datos pueda alimentar los movimientos anti extranjeros ha evitado su mayor publicidad, pero el Gobierno alemán ha tomado medidas y desde hace meses ha reducido al mínimo el número de albergues mixtos. Si en un principio se pensó en alojar a los refugiados por países de origen, después se ha llegado a la conclusión de que mujeres y niños deben permanecer separados del resto por su propia seguridad.

Estas medidas no evitan, sin embargo, el también creciente número de violaciones a ciudadanas alemanas por parte de solicitantes de asilo procedentes de África, Asia y el Medio Oriente, denunciadas por ejemplo por Soeren Kern desde el Instituto Gatestone en Nueva York. Hay más de quince condenas por este delito que ya han salido de los tribunales alemanes, como el caso de la chica de 16 años violada el 11 de septiembre en la ciudad bávara de Mering cuando volvía a casa caminando, el de la joven de 18 años violada por dos solicitantes iraquíes de 23 y 19 años tras el patrio de una escuela en Hamm, Renania del Norte-Westfalia, o el de una alemana de 21 años violada en Bad Kreuznach, Renania-Palatinado, por dos solicitantes de asilo somalíes condenados el 9 de junio a siete años y medio de cárcel.

Pero por cada caso juzgado hay muchos otros en los que no ha sido posible identificar al agresor, a menudo descrito por las víctimas como «extranjero», «africano», «árabe» y que «no hablaba alemán». A menudo la policía alemana informa sobre estas denuncias solamente después de que las destapen los medios de comunicación locales y no publica los detalles. Lo que sucede dentro de los albergues, sin embargo, ha sido ampliamente denunciado y documentado por los responsables de asuntos sociales.

El pasado18 de agosto, los líderes de los partidos políticos representados en el parlamento regional de Hesse recibieron una carta firmada por Brigitte Ott, de la asociación Pro Familia, Sigrid Isser, del Consejo Regional para la Mujer, y Günter Woltering, de la organización para el bienestar Paritätische Hessen, en la que estas instituciones, avaladas por la responsable regional de la Oficina para la Mujer de Hesse, Friederike Stibane, describían la situación de numerosas mujeres y niñas en estos centros como «presas de caza salvaje».

«Muchas mujeres informan que ellas, así como los niños, han sido violadas o sometidas a agresiones sexuales. Como resultado, duermen con su ropa de calle y reportan periódicamente que no utilizan el baño por la noche debido al peligro de violaciones y robos en el camino a las instalaciones sanitarias. Incluso atravesar el campamento durante el día, es una situación terrible para muchas de ellas», informaban. «Incluso si están acompañadas por familiares varones o conocidos», advertía la carta, «esto no siempre garantiza protección contra la violencia, ya que también puede conducir a expectativas específicas y a la explotación sexual».

Para evitar esta situación generalizada, solicitaban que «estas instalaciones deberán estar equipadas para que los hombres no tengan acceso a las premisas de las mujeres, con la excepción de los trabajadores de emergencia y del personal de seguridad. Adicionalmente, los dormitorios, los salones, las cocinas y los servicios sanitarios deben estar interconectados de manera que formen una unidad completamente autónoma — y que por lo tanto sólo se pueda llegar a ella a través de un acceso cerrado y vigilado a la casa o el apartamento».

A nivel personal, muchos de los trabajadores sociales a pie de centro de acogida han denunciado la misma realidad a los medios de comunicación alemanes. Uno de ellos dijo textualmente en una entrevista con Bayerischer Rundfunk: «Somos el mayor burdel de Múnich», en referencia a la situación del albergue de refugiados en Bayernkaserne, una antigua base militar en la que mujeres y niñas estaban, según grupos defensores de los derechos de la mujer, sujetas a violaciones y prostitución forzada a diario. Según ha informado esa emisora de radio, el 80% de los refugiados que allí se alojan son hombres y una mafia interna ofrece abiertamente sesiones de sexo con las víctimas por un precio de 10 euros.