Ciudadanos tunecinos protestan con pancartas cuando se cumple el VII anivesario de la «Primavera árabe»
Ciudadanos tunecinos protestan con pancartas cuando se cumple el VII anivesario de la «Primavera árabe» - EFE
VII ANIVRSARIO DE LA PRIMAVERA ÁRABE

Túnez vive una nueva revuelta del descontento en plena depresión económica

El país magrebí, tras lograr un cambio de gobierno en 2011 no ha podido consolidar su democracia, debilitada por el terrorismo y sus consecuencias

CORRESPONSAL EN JERUSALÉNActualizado:

Túnez se viste de revolución para celebrar el aniversario de las movilizaciones de 2011 que acabaron con la dictadura de Zine El Abidine Ben Ali. La bautizada como «Revolución del jazmín» está en la memoria de unos tunecinos que en los últimos días han vuelto a echarse a las calles de más de cincuenta localidades, pero esta vez los eslóganes políticos que hace siete años pedían democracia y libertad, se han convertido en gritos contra las medidas de austeridad aprobadas por el gobierno en la nueva Ley de Presupuestos de 2018.

Una persona ha muerto en los choques con las fuerzas de seguridad, hay cerca de 800 detenidos, se han quemado decenas de edificios oficiales y las autoridades han desplegado al Ejército en los puntos más conflictivos del centro y oeste de Túnez para tratar de sofocar las protestas.

En cada aniversario de la revuelta contra Ben Ali se producen movilizaciones, pero la dimensión que han adquirido este año hacen que analistas como Sergio Altuna, investigador asociado del Real Instituto Elcano, consideren que estamos ante «una continuación de lo que vivimos en 2011, una continuación de parte de aquellos objetivos por los que se produjo la revolución. Volvemos a escuchar gritos pidiendo justicia social y económica porque la paciencia de la gente es finita».

La «Revolución del jazmín» acabó con Ben Ali y su ejemplo se extendió a Egipto, Libia, Yemen y Siria en una oleada de revueltas conocida como «Primavera Árabe» que acabó con todos los presidentes menos con Bashar Al Assad, que sigue en su puesto, aunque en una Siria destrozada por la guerra.

Cumplir con el FMI

Túnez es el único de estos países inmerso en una transición hacia la democracia, pero su noveno gobierno en siete años, formado por una coalición entre dos enemigos históricos como los islamistas (Ennahda) y los nacionalistas (Nida Tunis), se ha visto obligado a adoptar políticas extraordinarias de austeridad para intentar cumplir con las medidas requeridas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en 2016 acudió al rescate del país con un préstamo de 2.400 millones de euros. La economía tunecina no arranca, el desempleo es endémico entre los más jóvenes y el turismo no se recupera debido a la amenaza de atentados yihadistas. Las medidas impuestas por la Ley de Presupuestos se traducen en el recorte de las subvenciones y la subida de los impuestos, lo que ha acarreado una nueva subida de precios general desde el 1 de enero.

«De momento, aunque ha habido elementos criminales que han aprovechado el revuelo para realizar saqueos y actos violentos, la mayoría de manifestaciones son pacíficas. No creo que lleguen a tener las consecuencias de hace siete años, pero en este tipo de países nunca se sabe», confiesa un diplomático extranjero que vivió en primera persona la «Revolución del jazmín» y que se encuentra de nuevo destinado en Túnez. Los tunecinos fueron capaces de derrocar a un dictador y ahora se enfrentan a un gobierno que ha logrado un gran consenso en el parlamento, que no se ve en las calles.

Detenciones de activistas y opositores

El espíritu del joven vendedor de fruta, Mohamed Bouazizi, cuya inmolación en Sidi Bouzid, en el centro del país, fue el detonante para el inicio del fin de Ben Ali, sigue vivo en grupos de activistas como los que forman la plataforma Fesh nastanneu? («¿A qué esperamos?»), que el 3 de enero, coincidiendo con el 34 aniversario de la que fue conocida como «revuelta del pan» contra el presidente Habib Burguiba, llamó a la gente a salir a las calles para protestar contra la Ley de Presupuestos. «Esta nueva ley hace al rico más rico y al pobre, más pobre. Los precios suben, pero los ingresos son más bajos que antes debido a la inflación», lamentan en las redes sociales los responsables de este grupo que pide la retirada de la nueva ley. Las fuerzas de seguridad detuvieron el viernes a varios de estos activistas y a líderes de la oposición política, entre ellos tres dirigentes de la formación izquierdista, Frente Popular.

«La gente está mucho más organizada que en 2011 y, como ahora vemos a “¿A qué esperamos?”, antes tuvimos a “Yo no perdono”, plataforma crítica con la ley de amnistía para empresarios del antiguo régimen. Estas son plataformas que tienen unos objetivos claros y a ellos hay que sumar a otra mucha gente que lo único que quiere es poder poner cada día un pan sobre la mesa», opina Altuna, que este año ha viajado en varias ocasiones al país norteafricano.

El investigador asociado de Elcano considera que «como en toda transición, hay caos y no se cumplen todos los objetivos por lo que se despierta la nostalgia en parte de la población por el antiguo régimen y se echa de menos esa figura paternalista que fue Ben Ali, pero eso también pasó en España».

Esa nostalgia del pasado se extiende al resto de países que protagonizaron la «Primavera Árabe», Yemen, Libia y Siria viven asolados por las guerras y Egipto, por la grave situación económica y el auge del terrorismo yihadista que ha encontrado un bastión en el Sinaí. El vacío de poder generado por las revueltas llegó incluso a abrir la puerta a grupos como Daesh, presente en los cinco países que protagonizaron una «primavera árabe» que algunos expertos califican ahora de «invierno islamista».