El presidente Trump ofrece un discurso sobre la crisis de opiáceos en New Hampshire - REUTERS

Trump pide la pena de muerte para los traficantes de drogas

El presidente anuncia que el Congreso va a gastar 6.000 millones de dólares en un nuevo fondo para luchar contra el consumo ilegal de los opiáceos

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Donald Trump no ceja en su empeño de cortejar a los estados industriales que le dieron la victoria electoral. Su proteccionista aprobación de aranceles a la importación del acero y el aluminio, escudo protector para unos perjudicados trabajadores, se vio acompañada ayer de otra propuesta radical para que su núcleo de votantes se mantenga fiel: la pena de muerte para los mayores traficantes de drogas. Con un mensaje dirigido a los habitantes de los mismos estados deteriorados, víctimas de una epidemia de sustancias opiáceas que se cobra decenas de miles de vidas al año, Trump remachó su propuesta poniendo en la diana a «aquellos que matan a miles de personas, que ni siquiera van a la cárcel cuando son apresados».

Manchester, capital del estado de New Hampshire, donde el entonces aspirante inició su escalada triunfante en las primarias republicanas de 2016, acogió ayer su puesta en escena. El presidente repartió el papel de salvador frente a las drogas con su Primera Dama, que le precedió en las intervenciones y que reforzará la campaña de la Casa Blanca. Melania ha asumido el papel de especial atención hacia los niños. Aquellos que se han convertido en víctimas de la adicción de sus familiares, cuando no de su muerte por sobredosis. La presencia en el escenario de padres de víctimas sirvió para ilustrar la que es hoy una de las grandes tragedias de la sociedad estadounidense. El plan que presentó Trump, precisamente en uno de los estados más afectados por la epidemia, prevé, entre otras medidas, una partida de fondos federales para financiar anuncios televisivos con los que intentar alejar a los niños de las drogas. «Es la mejor forma de prevenir y reducir la tragedia en el futuro», justificó el presidente.

Pero la iniciativa estrella de Trump apunta a un endurecimiento del sistema legal para hacer frente al tráfico de sustancias. El presidente remarcó sus palabras cuando abordó la necesidad de hacer frente «con dureza» a un problema que «no hemos visto en cientos de años». Y culminó su apuesta con una desafiante advertencia hacia los narcotraficantes: «Os encontraremos, os apresaremos y os juzgaremos».

Referencia a Filipinas

En su justificación del endurecimiento de las penas, incluida la capital, Trump hizo una alusión tácita a Filipinas, al que no se atrevió a citar pese a situarlo como modelo para acabar con el problema de las drogas. «Sabéis a qué país me estoy refiriendo», afirmó sin aludir tampoco expresamente a su presidente, Rodrigo Duterte, cuya aplicación de mano dura ha supuesto reducir el tráfico de estupefacientes a la mínima expresión, aunque con un notable sacrificio de garantías legales y derechos humanos, según múltiples denuncias.

Además de la propuesta de endurecimiento de las penas que planteará al Congreso, Trump ha previsto en su plan invertir en la mejora de dispositivos tecnológicos, con un doble objetivo, de seguridad y de prevención. Permitirá el refuerzo de los medios al alcance de la policía, especialmente en la protección de las costas del país. Además, la tecnología será mejorada para reforzar las terapias a la hora de luchar contra las adicciones a las drogas y en la gestión de los opiáceos por parte de los pacientes para hacer frente al dolor.

Un presidente satisfecho con su plan contra la epidemia de opiáceos, que remitirá en breve al Congreso con un total de 56 propuestas y sugerencias, ni siquiera ahorró reconocimientos para el fiscal general, Jeff Sessions, autor de la propuesta de reforma del sistema penal. Un guiño de agradecimiento con el que rompía meses de duras críticas públicas, llevadas hasta la humillación, por su falta de respaldo en la investigación de la llamada trama rusa. Con la promesa de «no descansar hasta frenar esta plaga de la drogadicción en América», Trump recordó que el Congreso había aprobado ya un primer presupuesto de 6.000 millones de dólares, anticipo de próximas partidas económicas.

De nuevo el muro

El presidente aprovechó su incursión en el endurecimiento de las penas para entrar de lleno en su política antiinmigración. Con el argumento previo de que el 90% de la droga que entra en Estados Unidos lo hace cruzando la frontera con México, Trump retomó las apelaciones a su proyecto de construcción del muro, que consideró «vital» para el combate contra la droga. Sin olvidarse de su particular batalla con las llamadas «ciudades santuario» (que protegen a los inmigrantes ilegales), cuyos alcaldes contribuyen a ese tipo de delincuencia, según Trump.

El plan elaborado por la Casa Blanca busca también atacar una de las causas de fondo por las que el consumo de sustancias opiáceas ha desbordado cualquier previsión. Como explicó Trump, la «sobreprescripción» planea sobre el origen del problema, por lo que el primer objetivo será «reducir la demanda» de productos farmacéuticos. El presidente se propone una disminución de un tercio en los primeros tres años de aplicación de las medidas.

En su relato pormenorizado de propuestas para combatir los opiáceos, Trump citó además la futura aprobación de fondos federales para dotar a los colegios y universidades de un spray llamado NARCAN, que en la práctica se convierte en un antídoto contra la sobredosis de opiáceos. Su utilización de urgencia permite frenar un proceso grave de deterioro por efecto de las sustancias opiáceas.